Amor por leer

Soy leyentor de libros… sí, ha leído bien

archivo_000-104Acabo de enterarme que estoy enfermo pues la revista científica Muy Interesante, me informa que la adicción de comprar libros de forma compulsiva para luego acumularlos sin leerlos es una patología que los japoneses llaman “Tsundoku”.

Y digo enfermo porque como toda patología es cuestión de grado y confieso que tengo en casa más libros de los que he leído, y necesitaría varias vidas para leerlos todos. También es cierto que soy culpable de peregrinar en las ciudades hacia las librerías de lance donde me gusta escudriñar por las estanterías y difícil es que salga sin comprar nada.

No digamos cuando paseo por la zona de librerías de las grandes superficies donde paso mis ojos como un escáner por los lomos de los libros, los hojeo e incluso leo fragmentariamente y me siento como en medio de una fiesta, saludando rápidamente a todos.

Pero no seamos catastrofistas. Actualmente impera la manía de poner etiqueta patológica a todo lo que son manifestaciones de la personalidad. Sin embargo merece la pena detenerse un instante a reflexionar sobre ese fenómeno de acaparación doméstica de libros… aguardando lector.

1. Primero hemos de partir de datos estadísticos. Resulta escalofriante la noticia de que en el año 2016 “un 40% de los españoles no ha leído ni un libro en el último año”.

Es más, también fue noticia que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) aseguró que casi el 52% de los españoles no ha comprado uno en el último año.jueves

No sabemos si debemos reírnos o llorar, pero parece que hay una amplia “brecha de lectura” en la sociedad. Sin embargo, me atrevo a conjeturar que existe un núcleo de lectores intensos (al menos un 5% de los españoles) que compran muchos libros y que leen, releen e incluso escriben para goce propio y ajeno.

Cerca de esos “lectores escapados” (profesionales, casi) estamos una franja de otro 15% de la población constituida por los que compramos mucho, leemos lo que podemos y que no tiramos ningún libro. Somos los que nos regalan un libro y aunque no nos guste, nos hará compañía; los que conservamos los libros que nos gustaron en la juventud y que jamás releeremos pero que no dejaremos abandonados ahora que no sirven; los que estamos traicionando a Gutenberg y seguimos leyendo en formato de libro electrónico pero no nos resistimos a adquirir libros en formato papel por goteo y cuando realmente queremos saborear la lectura.

En definitiva, pertenezco a esa mayoría lectora silenciosa, que mira con lástima a un segmento de la juventud que solo se fija en pantallas y observa con sana envidia a un sector de intelectuales que devoran tantos libros que deben tener un pacto secreto con el diablo para multiplicar las horas.

2. Así que creo que no hay que dramatizar por atesorar los libros. Prefiero creer que los que amontonamos libros en estanterías, mesitas y huecos imaginativos no estamos aquejados de un síndrome de Diógenes “bibliófilo”, sino mas bien lectores lentos, que vamos al ritmo que imponen nuestras obligaciones familiares, profesionales y personales.

¿Acaso el hombre moderno no acumula mas objetos de los que puede utilizar? ¿no son los trasteros prueba de que guardamos cosas “por si acaso” cuando jamás llegará ese “acaso”?, ¿no hay viviendas repletas de CDs musicales o de DVDs con películas, que jamás serán disfrutados?, ¿y artículos deportivos, plumas estilográficas, maletines o camisas y trajes, que quedarán aletargados en casa?… Por eso, la acumulación de libros es una manifestación mas de la libertad del hombre del siglo XXI. Libre de comprar, leer o no leer, tirarlos o no… y libre por supuesto de las maliciosas etiquetas de otros para censurar su actitud.

mirada3. Al fin y al cabo, leer novelas, teatro o poesía no es una obligación, sino un placer voluntario, y el tiempo de ocio es desgraciadamente limitado.

Así que seguiré engrosando las filas de mi biblioteca y ya les llegará su hora. Al menos sé donde está cada uno, esperando alerta, sometido a periódicos controles y revisiones, para que un buen día, parafraseando la cita bíblica de “Lázaro, levántate y anda”, les diga “Sal , ábrete y déjate leer”.

4. Y por eso creo también que no necesitamos importar palabras japonesas (niponismos), salvo Karaoke, claro. Así que, como decía el poeta, “se hace camino al andar”, por lo que al estilo de los astronatutas poniendo la bandera en el nuevo planeta, mi aportación será la palabra castellana que se me ocurre para sustituir “Tsundoku”, que bien podría ser “leyentor”, o sea, para referirnos a aquella persona que lee con lentitud, que no tiene prisa por acabar todos los libros disponibles, y por eso compra y almacena en su biblioteca para ser leídos cuando llegue su hora, siempre que su hora llegue antes que la hora de su propietario.

Y eso hago yo, almacenar libros y saborearlos con lectura y visión, con el íntimo placer de humanizarlos. O sea, soy un leyentor y soy feliz con ello.

sonrisillaNOTA.- Deseché “lentor” porque me enteré que ya existe esa palabra en el Diccionario de la Real Academia y no es muy apropiado su significado; además “leyentor” hace un guiño a mi origen asturiano porque evoca lo de “ye lector lentu”, o sea, “leyentor”. Así que bajo mi personal gramática generativa opté por “leyentor”.

Gracias por comentar