El museo Reina Sofía de Madrid ofrece hasta el 7 de mayo con el lema “Todo arte es una forma de literatura”, una exposición sobre Fernando Pessoa, gran escritor portugués, articulista y poeta, muerto en plena madurez en 1935.

Para este autor, gloria de las letras lusas, todo el arte se reduce a la metafísica, la literatura y la música.El museo Reina Sofía exhibe cuadros de la época de máximo esplendor de Pessoa, esas décadas de entre siglos en las que florece el impresionismo, el cubismo, el modernismo, y los combina con textos del autor, que se ganaba la vida siendo traductor del inglés al portugués y como representante comercial. Pessoa era partidario del nacionalismo mítico. Se guiaba por este lema; ”Todo por la humanidad, nada contra la nación”

Es un hallazgo la exposición pictórica en un gran museo apoyando textos literarios, porque aproxima al gran público libros, artículos y en general el pensamiento de un autor y siembra la curiosidad en los visitantes, ansiosos por ser lectores del escritor de referencia.

Para ello se han reunido más de 160 obras de arte (pintura, dibujos y fotografía) de unos 20 artistas como José de Almada Negreiros, Amadeo de Souza-Cardoso, Eduardo Viana, Sarah Affonso, Júlio o Sonia y Robert Delaunay, por citar algunos, así como abundante documentación original (manifiestos, libros y revistas, correspondencia, etc.), todo ello procedente de diversas colecciones privadas e instituciones como la Fundación Calouste Gulbenkian- que presta 56 obras-, la Biblioteca Nacional de Portugal o el Centre Georges Pompidou, entre otras.

Se considera que la gran creación estética de Pessoa fue la invención de los heterónimos, que a diferencia de los pseudónimos, son personalidades poéticas completas: identidades, que, en principio falsas, se vuelven verdaderas a través de su manifestación artística propia y diversa del autor original.

Los tres heterónimos más conocidos (y también aquellos con mayor obra poética) fueron Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Alberto Caeiro. Un cuarto heterónimo de gran importancia en la obra de Pessoa fue Bernardo Soares, autor del Livro do Desassossego (Libro del desasosiego), una importante obra literaria del siglo XX. Bernardo es considerado un semi-heterónimo por tener muchas semejanzas con Fernando Pessoa y no poseer una personalidad muy característica ni fecha de fallecimiento.

El gusto por lo popular y por la idiosincrasia portuguesa es común al autor y a los cuadros expuestos. Las obras publicadas de Fernando Pessoa son: Poesías de Álvaro de Campos, Cartas a Ophelia, Escritos sobre Cataluña e Iberia, El marinero ,El banquero anarquista, La educación del estoico, Cancionero, Mensaje, Cartas, El libro de la inquietud, etcétera..

El autor se desdobla en distintos escritores y llega a desdoblarse en la vida real, hasta el punto de expresar quién era él realmente. Esto presta a sus libros originalidad y nuevas formas de leer y escribir, que el controvertido siglo XX asumió con alegría, pero es de suponer que supusiera problemas para las relaciones personales del autor, que, para evitarlas o superarlas, se refugió en su ingente obra, encastillándose en sus heterónimos.

Pessoa llegó a ser universal comentando escenas portuguesas y transmitió su preocupación por los demás analizando su propio ser. Vivió en un momento crucial: el abandono del antiguo régimen, la invención del cine, la bicicleta, el coche…y la explosión de diversas tendencias artísticas en contraste con el clasicismo de siglos anteriores. Vivió también la inesperada primera guerra mundial, que acabó con casi la totalidad de las monarquías en Europa, después los felices años 20, tan despreocupados y alegres, que culminaron con la primera gran crisis económica mundial. Su obra fue muy valorada después de su muerte, encumbrando la literatura lusa, pues se le tradujo a numerosos idiomas.

Fernando Pessoa vivió muchos años en Sudáfrica, por ello dominaba el inglés, lo que le sirvió para ganarse la vida y para descubrir la belleza e identidad de Portugal, que en la distancia parecía especialmente bella. Produjo una obra ingente y se identificó tanto con sus heterónimos, que a veces los enviaba a ellos a trabajar o defender sus libros.

La aproximación entre literatura y pintura potencia la sinergia que ambas generan al mostrarse juntas, y resulta mágico observar al público que vista el museo Reina Sofía, variado en nacionalidades y edades, pero encandilado con esta exposición.

Teresa Álvarez Olías

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