Ya cuando hablamos de Diana de Alejo Moreno, comentamos que esta película venía a ser, debajo de su apariencia, una radiografía de la era de la posverdad. Pero no ha sido el único título del 21º Festival de Málaga que se ha aproximado al hecho de que, en los tiempos actuales, se ha ampliado de forma extraordinaria ese espacio que separa la verdad de la no-verdad.

Dos películas latinoamericanas que se proyectaron en la Sección Zonazine la uruguaya Traigan la hierba de Denny Brechner, Alfonso Guerrero y Marcos Hecht  y la argentina Casa Coraggio de Baltazar Tokman aportan matices, claramente diferenciados, sobre la cuestión, nos dejan con la duda de qué hay en ellas de verdad y qué de representación y provocan que una pregunta quede flotando en el aire en señal de advertencia: ¿Están tan viciados los mecanismos discursivos que han dejado de ser útiles para los propósitos para los que nacieron?

¿Cuál es nuestra capacidad actual de distinguir lo verdadero de lo falaz? Menos de la que todos pensamos. Y, quizás, el problema radica en que no acabamos de asumir la fragilidad de nuestras percepciones y sobrevaloramos en exceso nuestra capacidad de juicio cuando la misma está condicionada por circunstancias de las que no somos conscientes. Es famoso el suceso acontecido en la noche de Halloween de 1938 en Estados Unidos cuando Orson Welles realizó una dramatización radiofónica de La guerra de los mundos de H. G. Welles: en pocos minutos, todo el país estaba aterrorizado creyendo que la invasión extraterrestre era un hecho real. ¿Por qué ocurrió así? La hipótesis más probable es que la causa fue el formato de la dramatización: el programa simuló ser un noticiario.

Algo similar ocurrió el 13 de diciembre de 2006 en Bélgica. La televisión pública de Valonia interrumpió sus emisiones y empezó a emitir un especial “informativo” donde daba cuenta de que el parlamento de Flandes había votado la independencia de la región y, en consecuencia, Bélgica había quedado dividida en dos países. Evidentemente, el presunto “informativo” era una ficción dramatizada y lo que allí se decía no había ocurrido. A pesar de ello, varios millones de ciudadanos belgas creyeron que su país había dejado de existir, con todas las reacciones derivadas de ello. Nuevamente, el formato de la mentira determinaba el éxito de esta.

 

Arriba a la izquierda, imagen de Traigan la hierba. Abajo a la derecha, imagen de Casa Coraggio.

 

Tanto Traigan la hierba como Casa Coraggio son aproximaciones inteligentísimas al concepto que estamos explicando y, cada una desde un punto de vista diferente, son reveladoras del estado actual de la situación, en la que el exceso de información que debemos procesar hace que nuestro sentido crítico se adormezca y seamos especialmente receptivos a discursos que no se corresponden con la realidad.

Traigan la hierba nos hace ver el proceso desde fuera, como espectadores. Utilizando como punto de partida la legalización de la marihuana en Uruguay, la película relata como un grupo de personas, por encargo del presidente Mújica, van a Estados Unidos para abastecer del producto al país. Toda la película es un “falso documental” en la que se narran las peripecias de los personajes para alcanzar su objetivo. Pero, eso sí, buena parte de lo que allí se narra ocurrió realmente. Es decir, cuando fueron a Estados Unidos y se presentaron como representantes de la Cámara de Comercio Legal de Marihuana de Uruguay, les creyeron y muchos empezaron a hablar con ellos para que narraran su experiencia (por ejemplo, en foros que apoyaban la legalización del producto en Norteamérica) o para ver cómo podían hacer negocio ambas partes… En esta película, el espectador contempla desde fuera el mecanismo por el que una mentira llega a ser creída y, sobre todo, la facilidad con que ello sucede.

Casa Coraggio es diferente. Podemos afirmar que radicalmente diferente. Porque, aquí, al espectador se le introduce directamente dentro del mecanismo diseñado sin que se le diga qué parte de ficción y que parte de documental hay en el relato que se nos está narrando. Porque lo que parece una historia convencional sobre el día a día en una funeraria en Los Toldos (un pequeño pueblo cerca de Junín, en la provincia de Buenos Aires) y el regreso de la hija mayor de la familia que regenta el negocio ante la enfermedad del padre y la contingencia de que ella debe ocuparse de su dirección, enseguida adquiere enjundia cuando atendemos al hecho de que la familia que se nos muestra en el film es la familia real de la actriz protagonista y que personajes auténticos y actores profesionales se entremezclan para crear un entramado en el que es difícil separar realidad y ficción.

Como pueden comprobar, ambas películas muestran enfoques distintos pero claramente complementarios. Y ambos han tenido éxito una vez que han pasado por el certamen, ya que Traigan la hierba ganó el Premio del Público de la Sección Zonazine y Casa Coraggio ganó la Biznagas de Plata a la mejor película iberoamericana, a la mejor dirección (Baltazar Tokman) y a la mejor interpretación femenina (Sofía Urosevich) en ese misma sección. En las entrevistas que vienen a continuación, descubrirán nuevos detalles de dos experiencias cinematográficas verdaderamente originales.

 

Arriba a la izquierda, Marta Moreno (de Aurora Boreal) y el autor de este artículo entrevistando a Denny Brechner y Talma Friedler, bajo la atenta mirada del fotógrafo. Abajo a la derecha, Sofía Urosevich y Baltazar Tokman en la rueda de prensa tras la proyección de Casa Coraggio en la Sección Zonazine. (Fotografías de Lorenzo Hernandez)

(Ambas entrevistas se han realizado en colaboración con Marta Moreno, redactora de la revista Aurora Boreal)

* * *

ENTREVISTA A DENNY BRECHNER Y TALMA FRIEDLER

Marta Moreno, redactora de la revista Aurora Boreal, y el autor de este artículo entrevistando a Talma Friedler y Denny Brechner. (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

ACALANDA MAGAZINE: Hola, Denny y Talma. Sois, respectivamente, codirector y protagonista de Traigan la hierba. Antes que nada, vamos a poner en contexto la película, Denny. Supongo que ese contexto viene dado por la legalización del consumo de marihuana en Uruguay…

DENNY BRECHNER: Bueno, en Uruguay, como saben, se legalizó la marihuana en diciembre de 2013… Somos tres directores en la película, Alfonso Guerrero, Marcos Hecht y yo, y, en ese momento, hicimos un vídeo, que era una broma, donde pusimos una farmacia para hacer una “prueba piloto” con la marihuana. Lo subimos a youtube. Era una cámara oculta que fue bastante explosiva… Allí, la gente iba y le decíamos que el Gobierno nos había elegido como LA FARMACIA para hacer el “piloto” del Estado, porque la marihuana se va a vender en farmacias… Y la gente entraba, y los registrábamos, y la policía entraba y quería llevarlos arrestados… Todo era una broma. Y al cabo del tiempo, estando de viaje, y viendo la realidad de Estados Unidos, el tema del Cannabis Cup en Denver, todo ese universo que se estaba desarrollando, nos planteamos por qué no llevar la idea de ese vídeo a un país más grande y aprovechar que el mundo está experimentando un cambio en relación a la marihuana y su estado legal para jugar en ese borde que se está creando y entrar por ahí. Entonces, como una farmacia no era suficiente, “creamos” la Cámara Uruguaya de la Marihuana Legal y viajamos a Estados Unidos y empezamos a decir que éramos los responsables del gobierno uruguayo para el suministro de marihuana al país y que necesitábamos 50 toneladas antes de que acabara el gobierno… Y lo divertido es que la gente en Estados Unidos nos quiso ayudar… De eso va la película. Nosotros éramos unos burócratas del Estado que teníamos una misión, que era conseguir el suministro, y actuábamos como tal. No es una película que hace apología de la droga. Es una película que se ríe de un absurdo actual o que toma un enfoque desde ese lugar porque siempre se han hecho cosas de ese tema pero siempre con una óptica más seria siempre en plan pro-legalización o en contra y nosotros vimos que, en realidad, había un tema que daba la oportunidad para una comedia… Y este farmacéutico que, originalmente, era mi personaje, no podía ir solo… Necesitaba la ayuda de la dueña de la farmacia que era, ni más ni menos, que su madre… (Efectivamente, Talma Friedler, en la vida real, es la madre auténtica de Denny.) Viajamos juntos a Estados Unidos en una misión y también va un policía, un falso jefe de policía uruguayo, y claro, cuando se reúnen con las autoridades norteamericanas, es bastante gracioso… Y, encima, la guinda del pastel es la participación del propio presidente José Mújica…

ACALANDA MAGAZINE: Bueno, cuando se lanza la propuesta, hay dos temas que ya me llaman la atención. Y el primero se lo tengo que preguntar a Talma. Cuando la escuchó, ¿qué pensó?

TALMA FRIEDLER: En realidad, no escuché una propuesta de un principio a un fin, sino que fue una simple llamada telefónica de un hijo a su madre, invitándola a viajar… Entonces, hice lo que cualquier madre hubiera hecho sin pensarlo ni cinco minutos: le dije sí, claro, vamos de viaje… Una vez recién a bordo en el avión, me contó un poco de qué trataba la película. Y ahí le pregunté si necesitaba estudiar un guion o algo… Y me dijo que no, que lo íbamos a ir haciendo juntos sobre la marcha…

ACALANDA MAGAZINE: Es decir, que la película tiene un tono de improvisación importante…

TALMA FRIEDLER: Muy importante… La improvisación es muy importante. Y eso es lo que a mí más me atrajo de la película. Porque sentí que aportaba no sólo como actriz sino, de alguna manera, también en el guion diario de la película. Porque, en el momento, las ideas que a una se le ocurrían podía cambiar todo un diálogo, toda una escena… Y quien vea la película, se dará cuenta de ello porque hubo ideas que surgieron en el  momento.

ACALANDA MAGAZINE: El segundo tema es cómo conseguisteis la implicación del presidente Mújica… ¿Cuándo fue?¿Cuando todavía era jefe de estado?¿Fue después?

DENNY BRECHNER: Hay algunas cosas que son secreto de Estado, ja, ja, ja… Lo que podemos decir es que era presidente… Todo lo que firmamos con la cámara fue siendo él presidente… Tenemos anécdotas bastante interesantes. Cuando vio la película por primera vez, era un momento en que estábamos muy nerviosos porque necesitábamos la luz verde para esta demencia…

TALMA FRIEDLER: Se hizo un estreno privado para él y para su señora, que se llama Lucía.

DENNY BRECHNER: Claro, José Mujica es un personaje muy peculiar… Posiblemente, sea el único presidente que pueda estar en una película así… Pero, de cualquier forma, necesitábamos su autorización al montaje final y ver qué podía pasar… Otro presidente nos podía mandar al calabozo…

TALMA FRIEDLER: Y eso, una vez terminada la película, con todo el esfuerzo de años de trabajo ya hecho…

DENNY BRECHNER: Bueno, la vino a ver… Se mataban de risa él y su mujer. Vio que era todo una comedia, una parodia… Que se aclaraba eso una vez que se terminaba la película… Y, nada, estamos muy agradecidos con él… Y habla muy bien de la calidad democrática y republicana de nuestro país el que esta película exista y salga al mundo… Es posible porque lo tuvimos a él de presidente y pensamos que teníamos la posibilidad de hacerla. En otro contexto, no sabemos… En Estados Unidos, sí sentimos esa misma libertad. En cambio, ahora, no sé si me tiraría a la piscina a hacer esta película. Pero, bueno, uno nunca sabe…

TALMA FRIEDLER: En general, nos sentimos muy libres. Sí hubo momentos en que, como madre, le dije a Denny y a los demás directores que a algún personaje lo veía peligroso. Que todo el tema de la marihuana si bien era legal en Colorado, cuando fuimos a Nueva York, durante el rodaje de la película, allí no era legal… Era para nosotros raro que, en un mismo país, en un estado algo fuera legal y en otro, no…

DENNY BRECHNER: Lo interesante es que, a la hora de hacer la película, nos anticipamos a temas que, después, han ocurrido realmente. Por ejemplo, en Traigan la hierba se habla de traer la marihuana de Canadá y eso es algo que, en la actualidad, se está planteando…

 

El presidente de Uruguay, José Mújica, junto a Denny Brechner, en un momento de Traigan la hierba

ACALANDA MAGAZINE: ¿Teníais contactos anteriormente con gente de allí de Estados Unidos?

DENNY BRECHNER: Mi personaje, Alfredo, el presidente de la Cámara, ya tenía una agenda de reuniones con contrapartes norteamericanas… Eso es lo que hace interesante la película. No son entrevistas. Eran reuniones en las que las autoridades uruguayas hablaban con las autoridades de allá… Esa agenda estaba y, en lo que tiene que ver con la narrativa de la película, había una estructura base que me ayudaba a estar delante y detrás de cámara… Entonces, era como un nexo de lo que pensábamos atrás con lo que hacíamos delante para poder ir llevando la película en una dirección… Siempre abiertos en el montaje a ajustar las tuercas y, bueno, el resultado, cuando una ve la película, se da cuenta de que hay una estructura… Es una película con un principio, con un desarrollo, con un final, con una narrativa, con giros… Entonces, creo que ese ha sido uno de los desafíos más grandes. Que no sea la película una suma de improvisaciones sino una película en sí misma pero que, a la vez, tenga la frescura de la espontaneidad del día a día del rodaje…

ACALANDA MAGAZINE: Está rodada como si fuera un documental…

DENNY BRECHNER: Es un falso documental donde, en realidad, la excusa era que Alfredo, mi personaje, estaba haciendo este viaje, con su madre, y con el policía, y como era una personalidad muy importante de Uruguay, y era algo histórico, pues un grupo de documentalistas quería documentar el viaje… Entonces, por un lado, está esa cosa documental de este personaje  ficticio interactuando con la realidad y, por otro, entre los personajes interactuamos de forma ficticia durante toda la película… Hay un momento en que uno no se da cuenta de qué es real y qué no es, qué es ficticio y qué no es…

TALMA FRIEDLER: Esto es lo que yo creo que diferencia a esta película de la mayoría de las películas… La gente sale diciendo: “Pero, ¿es un documental?”. Obviamente, no es un documental. “¿Es 100% ficción?”. Tampoco, porque hay muchas escenas de la vida real, tipo documental. Pero se logra una integración muy buena…

DENNY BRECHNER: Realmente, es un mockumentary… Es una comedia…

ACALANDA MAGAZINE: Pero cuando vosotros hacéis las propuestas a las contrapartes norteamericanas, eso es algo real…

TALMA FRIEDLER: Efectivamente, es real y son personajes de la vida real. E, incluso, en la película se documenta quién es quién, su nombre, su trabajo… Además, de tener la autorización legal para ser parte de la película.

DENNY BRECHNER: Claro, nosotros nos juntamos con el líder del movimiento de legalización en Estados Unidos… Entonces, en su caso, nos quiere ayudar… Y allí es donde vemos la forma en que podríamos llevarnos esas 50 toneladas de porro a Uruguay…  Con cada personaje que nos hemos ido encontrando a lo largo de este road trip aporta soluciones bastante diferentes. Nos encontramos, además, con un momento histórico en Estados Unidos, porque vimos cómo se legalizaba por primera vez el cannabis en un estado, en Colorado… Nosotros estuvimos en el primer año del evento del 20 de abril, que es el Día de la Marihuana, y, obviamente, como éramos el primer país en el que la marihuana se había legalizado, pues nos pusieron alfombra roja, como aquí en Málaga… Y ahí está la gracia. Íbamos a todos lados y éramos la delegación uruguaya en el evento… Pero, a la vez, la ficción es lo que le aporta a la película esa cosa de que sientas que hay una estructura. Que no es una acumulación de eventos sino que es una película y lo que tiene es que va creciendo… Si al principio es algo chiquito, de un joven con su mamá en una farmacia, termina teniendo una escala mundial en la que se ven implicados Mújica, Obama…

ACALANDA MAGAZINE: ¿Obama sale en la película realmente?

DENNY BRECHNER: Sí, Obama sale en la película… Conforme va creciendo la historia, vemos que vamos a necesitar el apoyo del presidente de Estados Unidos y qué mejor que Mújica se encuentre con Obama para hacer una pantalla a nuestra misión…

Denny Brechner y Talma Friedler nos cuentan cómo, desde una pequeña farmacia, la trama de la película creció hasta implicar a los presidentes Mújica y Obama. (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

ACALANDA MAGAZINE: ¿Ha habido algún momento en que os habéis sentido inseguros?

TALMA FRIEDLER: La verdad es que sí…

DENNY BRECHNER: A ver, mamá, cuidado con lo que vas a contar, ja, ja, ja…

TALMA FRIEDLER: No, yo me asusté en algún momento, porque vi que alguna de las personas con las que habíamos conversado sobre el dinero que involucraba el negocio de la marihuana era un personaje un poco raro… A mí no me inspiró confianza para seguir con él porque en cualquier momento puede ponerse nervioso…

DENNY BRECHNER: Hay que pensar que nosotros estuvimos allá en un momento en que la marihuana pasaba de ilegal a legal… Claro, había situaciones que eran delicados, con la policía por ejemplo… Porque, claro, esto es un chiste, pero, quizás, no todo el mundo lo entiende…

TALMA FRIEDLER: Y, claro, la gente con la que hablábamos, la conocimos en ese momento, en el viaje… No eran gente que conociéramos sus antecedentes como para saber si, en un momento dado, podía enojarse, tomarlo mal…

DENNY BRECHNER: … tener alguna reacción violenta…

TALMA FRIEDLER: Por eso…

DENNY BRECHNER: Pero, la verdad, es que la película es muy sana, a pesar de toda la parodia y de toda la broma, uno la ve y, en ningún momento, siente que hay algo que pueda comprometer a algunas de las personas involucradas… También es la marihuana porque, en ese mundo, toda la gente que la consume suele tener buen sentido del humor. Y ese es el enfoque de la película. Es un tema polémico y, a veces, vemos cosas muy panfletarias, tanto en un sentido como en otro… Hay mucho afán por poner una bandera en relación a alguna posición. Y nosotros queremos que esta película sea una cuestión de disfrute y de divertirnos un rato.

El principal objetivo de Traigan la hierba. Sin embargo, su sistema narrativo suscita muchas cuestiones de enjundia e interés palpitante. (Fotografía de Lorenzo Hernandez: www.photolorenzohernandez.com)

Y, ahora, ¿qué opinan ustedes?¿Es Talma, realmente, la madre de Denny?¿Las situaciones que se ven son reales?¿Es todo ficción?¿Nos lo creemos o no?¿Obama sale en la película? Pues no sé responder con seguridad a ninguna de las preguntas… Tratándose de un mockumentary, no podemos hacer ninguna afirmación tajante, ¿no?

De izqda. a dcha., Tato Olmos, Talma Friedler y Denny Brechner, un terceto que, en Traigan la hierba, se zambullen en todo un océano de surrealismo.

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ENTREVISTA A BALTAZAR TOKMAN

Baltazar Tokman, director de Casa Coraggio (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

ACALANDA MAGAZINE: Hola, Baltazar. Temáticamente, Casa Coraggio nos relata un reencuentro familiar…

BALTAZAR TOKMAN: La película narra cómo Sofía, su protagonista, viaja a su pueblo natal (porque ella, inicialmente, vive en la ciudad) a pasar un verano con su familia. Su familia trabaja, desde hace más de ciento veinte años, en una funeraria… Van continuando el legado de la empresa familiar, con la que, prácticamente, han enterrado a todo el pueblo… Es un pueblo de la provincia de Buenos Aires y la de ellos es la única funeraria que existe. Su padre tiene complicaciones de salud, tiene que operarse del corazón, y, entonces, Sofía empieza a estar entre pulsiones de vida y muerte, porque están los cumpleaños, pero también la preparación de los cuerpos, los entierros, los partidos de fútbol, la alegría de la familia, pero también las despedidas de la gente del pueblo, que tiene que enterrar a sus seres queridos… Entre esas vivencias, transcurre la película. Y tiene un detalle que es que todo lo que sucede es verdad, es verdad. Es verdad, entre comillas. Porque, digamos, la familia es real, la operación que tiene que hacerse el padre es real, pero, después, hay actores metidos en el medio, que responden a una lógica de ficción. Yo hice toda una investigación de campo, conseguí a esta familia, donde el edificio hace de empresa funeraria pero también de vivienda y me permití meter algunos de estos vínculos en algunos actores, pero trabajarlo todo en un modo de observación para que la realidad, digamos, sea la que mande en la escena… Entonces, uno ve la película y no sabe diferenciar lo que está armado y lo que tiene un grado de verdad que separa a la ilusión de la realidad.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo llegas a esta familia?

BALTAZAR TOKMAN: Bueno, porque era fanático de la serie A dos metros bajo tierra y el tema de la muerte es una obsesión en todas mis películas. Pero no la muerte como muerte sino como legado, como lugar misterioso del cual nadie puede escapar pero que no se sabe lo que sucede allí, los vínculos familiares, lo que dejas en el cajón, el mechón de pelo, las fotografías, yo creo que también filmo para eso, para dejar una cinta en algún lugar… Entonces, para llevar a cabo toda mi reflexión siempre trabajo con familias, con vínculos familiares, y me interesa eso y era una oportunidad para explorar una vez más estas cuestiones que me seducen y que me obsesionan…

ACALANDA MAGAZINE: ¿Hubo mucho de improvisación en el rodaje?

BALTAZAR TOKMAN: Más que improvisación, había pautas que cumplir… Nosotros teníamos que capturar la realidad y la misma realidad, en la forma más natural y genuina, tiene que ser la escena de lo que nosotros sabemos que vamos a filmar. Pero éramos muy pocos en lo que podemos llamar la “mesa chica” (es decir, tras las cámaras) y sabíamos lo que tenía que suceder en cada escena. Y tratábamos de hacerlo de la manera más invisible posible. Utilizábamos un sistema de señas, la cámara está prácticamente encendida todo el tiempo y la situación transcurre en forma natural… Entonces, ellos me preguntaban qué tenían que hacer y yo les decía que nada, que tenían que cenar, que tenían que jugar el partido de fútbol con el hijo… Entonces, las escenas se vivían. Y, después, cuando se asentía que se tenía lo que se quería lograr, ahí empezaba a tejer más los hilos, a hacer algunos planos de corte o intentar que actuaran más en alguna situación… Pero, bueno, la propuesta fue así y la película tiene una naturalidad que, como están mezcladas ficción y realidad, hace que acabe teniendo un resultado atractivo.

 

En esta entrevista, Baltazar Tokman nos revela las claves de su película (Fotografía de Lorenzo Hernandez: www.photolorenzohernandez.com)

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿Hay una mezcla de actores y gente real en la película?

BALTAZAR TOKMAN: Sí. No quiero hacer spoilers pero fue así…

ACALANDA MAGAZINE: ¿Y cómo fue la convivencia y la relación entre ellos?¿Ayudaban los profesionales al resto?

BALTAZAR TOKMAN: Fue genial. Y es que, muchas veces, ni ellos tenían claro cuáles eran unos y cuáles eran otros. Ellos no se daban cuenta. Ni los actores tampoco. Porque yo no le decía mucho a los actores. En un momento, llamaba a uno y decía que por qué no preguntaban tal o cual cosa. Iba logrando lo que quería pero ellos estaban como un poco ansiosos sin saber qué tenían que hacer hasta que se daban cuenta, de golpe, que, por ejemplo, tenían que comer y comían… O charlaban, o miraban fotos de cumpleaños… Hay un cumpleaños que sucede en la película y que es real, que es el que cierra la película. Todo sucedía de forma natural y ellos no se daban cuenta de esta interacción… Incluso colegas míos intentan adivinar qué situaciones son reales y cuáles son ficción y, de tres, aciertan dos por ejemplo…

 

Fotograma de Casa Coraggio

ACALANDA MAGAZINE: Entonces, ¿qué dirías que es la película?¿Un largometraje de ficción?¿Un documental?¿Una reflexión sobre los límites difusos entre ambos?

BALTAZAR TOKMAN: Lo que pasa es que yo creo que, en definitiva, te lo planteas al principio de la película pero, luego, la película es. La película termina siendo la película. Ya no importa si es ficción o es documental. Porque, de todas maneras, te llega. Y si te llega y te pasan cosas, eso es lo que tiene que pasar y es el resultado buscado. Si me preguntas si Casa Coraggio es ficción o es documental, bueno, me parece que esa es la gran pregunta. Es una pregunta sin respuesta porque yo, lo que busqué, es que no tuviera respuesta. Se funden los géneros. Simplemente, acaba siendo.

ACALANDA MAGAZINE: ¿Fue esa la intención desde el principio?

BALTAZAR TOKMAN: La intención fue esa. Lo que pasa es que cuando hicimos todo el trabajo de investigación, toda la cuestión de la continuación del legado surgió porque el dueño de la funeraria había tenido un episodio de salud. Entonces, trabajamos esta línea que era un tanto difusa, porque no sabíamos qué iba a ocurrir, pero surgió la pregunta de qué iba a ocurrir con el negocio familiar cuando él no estuviera, quién lo iba a llevar. Pero un mes antes de empezar a filmar, me llama Sofía y me anuncia que su padre se tiene que operar del corazón. De verdad. Y es una operación muy arriesgada. A un mes de filmar. Entonces, fue una especie de regalo horrendo porque a la película le hacía muy bien pero me ponía en una situación moral difícil porque, igual que un carpintero que sabe hacer una mesa, yo sé hacer esto y, digamos, que busco que la vida esté latente en las películas pero la vida me devuelve, a veces, una cachetada, porque cómo podíamos rodar en esas condiciones… ¿Desde qué lugar?¿Cómo trabajar y manipular una situación donde la muerte está presente, quizás, de verdad? Y, nada, lo hablé con ellos y decidimos que había que filmar igual. Y firmamos igual en esas condiciones. Por suerte, salió bien y el padre de Sofía asistió al estreno comercial que hicimos allá…

 

Fotograma de Casa Coraggio

ACALANDA MAGAZINE: No puedo evitar pensar con lo que has dicho en O futebol de Sergio Oksman, un documental en el que el director vuelve a su país, Brasil, con motivo del Mundial de Fútbol, y se reencuentra con su padre y ver con él los partidos… A mitad de rodaje, sucedió un hecho inesperado que trastoca todos los planes pero la película sigue rodándose integrando ese hecho que no estaba previsto…

BALTAZAR TOKMAN: No, no la he visto… Pero, claro, son situaciones que te abren el documental. En una película de ficción, más allá de que se pueda improvisar, hay unos roles escritos, hay unas personas que interpretan esos roles, y no te puedes correr demasiado de las casillas hacia otro lugar… Todo es más ordenado. Acá, todos teníamos que seguir tres líneas que nos podían disparar a cualquier lado. Una era los preparativos para la fiesta familiar de cumpleaños. Otra era todo el trabajo que hace la empresa funeraria cuando tiene un entierro o había una preparación de un cuerpo… Seguir eso. Y otra era la salud del padre y todo lo que pudiera suceder con eso. Entonces, digamos, que planteada la película con un plan de dieciséis días de rodaje, filmando 5-6 minutos diarios, y un equipo de ficción que está acostumbrado a trabajar de otra manera, ante un proyecto así, cuesta… Yo reuní a todo el equipo antes de empezar a filmar y les dije: “Yo construyo en el caos. Esta es la manera de construir esta película. Así que nos vamos a volver todos locos pero no se vuelvan locos. Disfrutémoslo. Porque la improvisación, si algo no está o algo no sale, lo convertimos en algo mejor”. Y, bueno, los primeros días costó porque todos venían con el plan, el plan, el plan… Hasta que se dieron cuenta que el plan era un concepto que no le hacía bien a la película. Y, al final, lo aceptaron y así se llevó a cabo el rodaje. Pero también había un orden. No es que fuéramos grabando cualquier cosa. Íbamos tachando las escenas que aparecían en el guion pero se iban acomodando…

Sofía Urosevich, protagonista de Casa Coraggio, durante la rueda de prensa tras la proyección de la película en el Festival de Málaga (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

 

ACALANDA MAGAZINE: ¿Tú crees que los directores que van dando cada día a los actores las escenas que tienen que rodar consiguen mejorar la interpretación?¿O es mejor que los actores conozcan desde el principio el guion completo?

BALTAZAR TOKMAN: Lo que creo es que no se puede entrar en una generalización porque cada proyecto tiene su propia génesis y su propia idea de trabajo y su propio tratamiento formal. Si yo tengo que hacer una película de ficción, tendría que darle el guion a los protagonistas, tendría que ensayar, etc. Pero en otro tipo de propuestas, puede ser mejor mantener a los actores a raya y que no sepan nada. En Casa Coraggio, no sabían nada y yo le decía a los actores que no se preocuparan… Pero se fue sintiendo que estábamos haciendo algo bueno porque fuimos viendo que todas las escenas se empezaban a parecer. Y, entonces, eso contagiaba el entusiasmo.

ACALANDA MAGAZINE: ¿A eso te referías cuando has hablado de crear en el caos?¿A improvisar en el momento?

BALTAZAR TOKMAN: No sólo a improvisar en el momento. Me deprime ir a buscar una localización, tomar fotos y, después, tener que volver a ir para filmar en esa misma localización con todo ya preparado y armado. Entonces, me parece que la mezcla lo potencia. Porque he ido a localizaciones a las que no había ido antes pero llegaba y la directora de arte me decía: “¿Quito esto?”, y era un pescado, y yo le decía que no, porque ese pescado está ahí porque nos lo regaló Dios, aunque yo sea ateo o agnóstico… Está ahí por algo. La misma realidad es una nutriente bárbara porque vos conocés allí a gente, me pongo a inventar porque no está en la película, pero si hay uno que ayuda en la funeraria y resulta que es cantante de tangos en algún lugar cerquita, pues yo le propongo ir allí y esto te sirve para crear una escena con el tipo cantando tangos… Pero todo eso es nutriente de la realidad que uno puede aprovecharlo y meterlo en la película. Pero, en otros proyectos, esto no es posible. Y no son unos mejores que otros. Sólo que a mí me gusta filmar creyéndome lo que veo. Me pasa mucho que, ¡ojo!, hay ficciones en las que termino entrando y son increíbles, pero hay muchas otras en que veo la cámara, veo la puesta en escena, veo el armado y, entonces, busqué siempre que mis películas tuvieran mucho de verdad.

ACALANDA MAGAZINE: Es decir, ¿tú buscas instalar al espectador en la película?

BALTAZAR TOKMAN: Sí, yo no sé si es consciente pero algo así sucede porque de ese modo te puedes identificar mejor con los personajes…

Sofía Urosevich ganó la Biznaga de Plata a la mejor interpretación femenina en la Sección Zonazine (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

ACALANDA MAGAZINE: ¿Cómo han recibido los participantes en el proyecto la película una vez terminada?¿Cómo se han visto ellos?

BALTAZAR TOKMAN: Pues, mira, es interesante lo que preguntas porque, hasta ahora, en las películas que hice, que todas tienen algo similar y que es trabajar con una familia de verdad, una persona de verdad con sus vínculos y su historia, todos han sido procesos casi terapéuticos para la gente. Y siempre he recibido mensajes de que, a partir de la película, a los participantes les pasaron cosas y les cambiaron cosas pero siempre ha sido un tiempo después, porque uno necesita tiempo para todo, para asimilar las cosas… Y yo a Sofía y a la familia de Sofía les dije que no la podían ver ahora, que sí, que la iban a ver, que la iban a aplaudir pero no la van a entender. Pero esta película son ustedes y, dentro de cien años, va a tener mucho más valor que ahora… Al año, me llamó Sofía, llena de elogios y de un montón de situaciones que había visto y que le habían servido con la película… Y fue muy gratificante.

ACALANDA MAGAZINE: El rol de Sofía en la película fue muy difícil porque, en realidad, fue como una especie de médium entre la esfera de la ficción y la esfera de la realidad…

BALTAZAR TOKMAN: Imagínate cómo lo pasaba. Tenía toda la presión familiar, el tema delicado del padre y, al mismo tiempo, tener que estar actuando… Era muy difícil para ella porque era como la responsable de haber traído esto. Y su familia le decía que qué iban a decir, que qué están diciendo de nosotros… Pero eso se lo decían a ella. Porque, conmigo, no lo exteriorizaban. Por momentos, ella también se ponía nerviosa y había que convivir con todo eso. Pero, ya te digo, después se estrena la película y es un tiempo después cuando se dan cuenta de lo que significa y ahora están fascinados…

 

Como ven, lo que nos contó Baltazar en esta entrevista fue todo interesante y revelador. En este punto, quisiera apuntar varias ideas para enlazar con lo que hemos comentado al principio. En primer lugar, él le da importancia a crear desde el caos. En segundo lugar, su afirmación de que la película es lo que es, con independencia de cualquier consideración sobre géneros cinematográficos o sobre las reglas del mismo. Y, por último, algo de lo que no se llega a hablar en la entrevista pero que en un momento de la película es muy significativo y es de la importancia del punto de vista desde el que se observa para determinar el resultado de la observación (ocurre cuando la protagonista visita unos antiguos depósitos abandonados y contempla una perspectiva del pueblo muy diferente a la que ve en el día a día). En el fondo, en los tiempos actuales, en los que el desorden domina y en los que la multiplicidad de puntos de vista hace complicado valorar todos ellos para decidir cuál es el más correcto, el estilo de rodaje de Casa Coraggio viene a ser una metáfora de los mecanismos de defensa a los que tenemos que recurrir para no hundirnos en el desconcierto: básicamente, prescindir de las reglas del discurso y centrarnos en las consecuencias del discurso asumido para sopesar si el mismo nos es útil o no. En este sentido, lo que hemos denominado “la era de la posverdad” no sería más que la consecuencia de nuestra imposibilidad, ante una realidad compleja, de valorar adecuadamente qué es cierto y qué no lo es. Ante ello, hemos decidido, más que ser puristas, ser esencialmente prácticos. Lo cual, evidentemente, encierra tanto muchas oportunidades como demasiados peligros… Traigan la hierba Casa Coraggio serían las dos caras de ese complicado dilema.

 

Baltazar Tokman triunfó con su película en la Sección Zonazine, obteniendo tres Biznagas (Fotografía de Lorenzo Hernandez)

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