Es difícil pensar sin las manos. He pasado la prueba de quedarme en blanco porque una de ellas me falla últimamente. Sin esa mano, pensar, que se perfila escribiendo, me sitúa en una pendiente dura de remontar. En esa misteriosa novela impersonal que es la hominización, las manos han jugado un papel protagonista y, aunque se trate de una historia a nivel de especie, desde la pequeñez absoluta de ser un individuo cualquiera, siento esa intimidad de las manos con las conexiones neuronales, el lenguaje, la consciencia, la mente, la cultura… Como si todo ese complejo proceso recorriera la memoria de mi cuerpo.

Sin la ejecución de esa mano me cuesta pensar porque no puedo escribir desde la libertad de estar en cualquier sitio; con la facilidad que proporciona mi pluma nacarada y esa libreta que recopila apuntes de varios libros. Así, me dejo llevar hasta que me supone una carga vivir en esa pereza. Pensar es un hilvanar escribiendo y escribir es un movimiento corporal y mental que aspira a la precisión de la vida. Tengo una mano a medias con una caligrafía de garabatos dispuesta a hacer un esfuerzo y, tal vez, piense renqueando; mas eso no me preocupa, al fin y al cabo puedo leer.  Se piensa leyendo y escribiendo.

Shhhhh! Si he escrito esto es porque experimento cómo el movimiento total que supone pensar afecta al vivir, haciéndolo más intenso e interesante.

Belén Blesa Aledo


Gracias por comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: