La experiencia que más me conmueve de la relación con los bienes de la cultura es que me vacían de importancia y eso es una liberación. Según la investigación de Maslow se trataría de una experiencia cumbre que da acceso a otro nivel de existencia, aunque sea momentáneo. Las personas auto-realizadas suelen tener más intensas y frecuentes experiencias cumbre que el resto de la población, pero cualquiera puede alcanzarlas y por vías muy variadas; dice el psicólogo humanista. Nadie puede controlar y menos, administrar, ese tipo de transformación interior. Esa experiencia te vacía de importancia porque pasa por alto los marcos de tu identidad, es decir, te hace respirar por un instante fuera de todo lo que crees que eres, y por eso impulsa hacia el desarrollo.

Me contaba un amigo en una de esas tertulias nocturnas de campo que leyó Rojo y negro de Stendhal cuando tenía 19 años y que, recientemente, en una conversación se lo comentó a un compañero de trabajo al que, generosamente, denominaba “ilustrado”. El compañero, que se preparaba a leer dicha obra con sus cincuenta y tantos, reaccionó con cinismo al hecho de que él la hubiera leído hace más de treinta. A fin de cuentas, no le gustó que alguien a quien consideraba culturalmente en menos hubiera leído, siendo un jovenzuelo, lo que él ahora descubría como obra importante. Todo un administrador de cultura. Repelús.

La educación que recibimos desde niños por las diferentes instituciones que nos acogen es una ruta de acceso a los bienes culturales, pero no es la única. Mi amigo solo cursó estudios primarios y procede de una familia humilde sin formación. Supongo que su propia búsqueda interior le hizo llegar a Stendhal, a Hesse y a otros muchos que ha leído de manera autodidacta desde que era un adolescente. Anoche vinimos a parar al zoo de partículas elementales mientras contemplábamos el cielo estrellado.

Las grandes creaciones de la humanidad no son propiedad de nadie (aunque lo sean), más bien tienen vida propia y por eso tenemos experiencia con ellas; no hay quien las administre (aunque lo hagan); escapan de toda oficialidad y abren unos pasajes que son insondables.

No creo en los administradores de cultura ni me interesan. Creo en las personas que comparten su experiencia de las creaciones y te invitan a un movimiento interior que te dispone a acoger algo más grande que tú.

Belén Blesa


Gracias por comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: