Poeta, tisa: persona que compone obras poéticas.

De todas las profesiones que han podido existir a lo largo de nuestro malogrado planeta, el oficio de poeta o poetisa es con diferencia el más revolucionario, catártico, bello y revelador. Decirle a alguien que eres poeta es provocar que esboce en su cara una sonrisa a medio lado cargada de desaire y sarcasmo.

“¿Y es que piensas comer de la poesía?” Es la pregunta obligatoria ante el descubrimiento de tan honroso oficio.

La incredulidad toma aquí un papel muy importante, primero se pone en tela de juicio qué tal poeta o poetisa serás y aunque tus letras te avalen, la pregunta a de dónde vas a sacar los cuartos necesarios para seguir pagando las facturas, siempre será constante hables con quien hables. Queda en la mente del poeta y en el ánimo, el sentimiento de no ser comprendido, de estar dedicándote a una profesión que no da ni para comer y a estar perdiendo la vida entre versos y noches de desvelo por continuar en tan quijotesca labor.

Un oficio solo apto para locos y soñadores que se desviven por seguir escribiendo poemas que quizás nunca lea nadie, pero que a sabiendas de todo lo dicho continúan día a día sin abandonar el camino porque precisamente ese y no otro es su único camino.

Un mundo sin poesía sería lo mismo que un mundo sin música. ¿Para qué sirve la música? ¿Para qué sirve la poesía? La pregunta es casi automática por el mero hecho de que ninguna de las dos tienen buena remuneración, a menos que el músico o poeta virtuoso tengan mucha suerte y talento para llegar a la cima del éxito. Pero esto solo ocurre a una minoría, por lo que debido a tan bajo porcentaje de los profesionales que sí pueden comer del arte de escribir o hacer música, ambos oficios son menospreciados por la inmensa mayoría.

Sin embargo, la música siempre está presente en nuestras vidas y aunque pueda parecer que es algo de lo que se puede prescindir, no lo es. Lo mismo le pasa a la poesía, ¿quién sino la divina poesía sería la transmisora de los mensajes de esos poetas cargados de visión utópica y luchadora? De esos versos que como saetas cruzan el aire buscando remover ideas caducas, renovar esquemas de la manera más bella. Tan esencial es la poesía para el devenir de nuestra historia, que de no haber existido esos primeros juglares que ya lanzaban sus primeras coplillas a un público sin estudios en épocas de oscurantismo y total adoctrinamiento religioso, seguramente a día de hoy la sumisión del pueblo sería absoluta. Ni qué decir tiene que es la poesía con sus versos impregnados de dulzura la que puede hacernos suspirar o incluso llorar de emoción o sumergirnos en una reflexión tan imprescindible de la que dependa el resto de nuestra vida. Y por otra parte, qué importa si la poesía nos va a facilitar pagar la factura de la luz o la del agua, si en verdad el poeta necesita que sus letras broten, necesariamente, sin condiciones, por la necesidad básica y vital de comunicar lo que se genera en su interior.

Porque de no exteriorizarlo se pudre y enraíza como una mala enfermedad que crea un estado de malestar que ni todo el dinero del mundo lo podría hacer feliz. Eso es para mí la poesía, agua para calmar la sed, camino propio con nuestro nombre escrito a fuego.

Despedida

Si muero,
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas. 
(Desde mi balcón lo veo)

El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento)

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!

Federico García Lorca


Niños jugando a los dados, Bartolomé Esteban Murillo, hacia 1665-1675, Múnich, Alte Pinakothek.

Isamar Cabeza

Disfruta de las obras de Isamar Cabeza

2 thoughts on “El oficio de poeta

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