Los antepasados que seremos

Antepasados

Por eso cuídese y abríguese los costados porque la Naturaleza, en su intemperancia, se alimenta de vivos.

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Ha de saber, señora, que la Naturaleza es muy sabia, que no hay más que verla, pero también muy despistada. Y mire que no se lo digo por nada sino para que se atenga, que bien sé que es usted de aldea y no le importan demasiado estas cosas. Y es que la Naturaleza es sabia, que nadie dice que no, pero que va a la suyo, y hay veces que pierde el sentido de la realidad. Dígame si no es lo que le pasa con los años y las edades, que pierde uno la cuenta y a las segundas de cambio pues ya está, y no hay más, que un día se acuesta uno siendo futuras generaciones venideras y se levanta siendo antepasado, y no es que me parezca mal, pero estará de acuerdo conmigo en que hay maneras y maneras de hacer las cosas. Por ejemplo, preguntando a la gente, que luego acaba descolocada y diciendo lo primero que le gusta de lo que se le pasa por la cabeza a otro. Antes era distinto, recuérdelo, cuando había que morirse para ser un antepasado, cuando no dejábamos que nadie fuese antepasado de nadie hasta que estuviese muerto del todo y así no había problemas con nadie y no los confundían con las futuras generaciones. A fin de cuentas creo que en el mundo hay más antepasados que vivos aunque nadie los he contados, pero creo que sí, ni tampoco sé en qué momento de la Historia pasó eso, el que haya más gente muerta que vivos me refiero, y para ser un planeta tan pequeño da mucho que pensar. A veces tenemos la impresión de que no somos tantos pero que nos han apelotonado, que lo que en realidad ocurre es que estamos mal colocados porque uno no sabe cómo cabe tanto antepasado en el mundo, todo el mundo tiene los suyos y a veces es bonito, aunque no siempre, pero es lo que hay, no está bien quitarle a la gente sus antepasados, a veces es lo único que tienen y tampoco hacen daño a nadie, pueden dar grima, pero tampoco es culpa de ellos que ya no pueden hacer nada, ni siquiera desaparecer. Además, no sé qué opinará usted, pero lo de llamar muertos a los antepasados a veces resulta grosero, reconózcalo, y no sé si es mejor llamarles antepasados, o ancestros si estamos a gusto en una cena, o seres queridos como cuando el Día de Difuntos. Creo que son cosas de la educación, como si al decir antepasados hubiese algo de todos en todos esos muertos, o puede que tal vez sea solo una sensación.

Le contaba esto para decirle que siga viva, señora, y que no le haga mucho caso a eso de hacerle caso a las cosas porque no es tan difícil ser antepasado, que solo hay que morirse, como le decía antes, y dejarle nuestra sombra a otro, y entonces vienen lo difícil pero no para usted. Cuando firmemos la cuenta y nos den el recibo sonreiremos, y atrás quedará todo lo que nos queda por delante y reventaremos como revientan los géiseres. Uno no sabe si puede elegir cuándo es antepasado, ni mucho menos antepasado de quién, eso son cosas que siempre resuelven los demás aprovechando que no estamos. Pero uno sí cree saber qué es eso de las generaciones venideras, y usted también lo sabe, estoy seguro, cualquiera está seguro: son todos los que nos llamarán antepasados porque estaremos muertos. Por eso cuídese y abríguese los costados porque la Naturaleza, en su intemperancia, se alimenta de vivos. La Naturaleza tiene mucho que hacer y no sé si entiende de antepasados, o de futuras generaciones, porque la Naturaleza suele estar muy atareada. Por eso hay días que al contemplarla comprendo que la Naturaleza no existe, que lo que llamamos Naturaleza es, en realidad, todo lo demás. Y me sorprendo, claro. O no.

Iván Robledo

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