Justo en ese tramo tocaba reducir la velocidad y ví un pequeño cuerpo en movimiento cruzando la carretera. Se desplazaba lentamente. Pensé: tal vez un tejón o un erizo, es zona donde los puedes encontrar, y tuve que ir frenando más y más para no darle alcance. Era negro, un gato infantil. ¡Ay, éste sabe aún poco de la vida!

En realidad, los animales, aunque son individuales, son la especie misma. Pienso cómo experimentará un animal ese esfuerzo por perseverar en su ser desde los instintos. Esa expresión de la naturaleza en la que no hay conciencia del hecho de ser único, irrepetible, insustituible, me genera interés por su ligereza. Y desde ahí, hilando una estrambótica relación, doy alcance, en el caso de los seres humanos, al anonimato consciente y a esa máxima de Jesucristo que Simone Weil versiona cuando dice que amar a un extraño como a ti mismo entraña como contrapartida amarse a sí mismo como a un extraño. Tiene su utilidad sentirse cualquiera porque ese anonimato concede mucha libertad, también para amar. Cuando alguien te dice “eres especial”, eso es un completo chasco, eso es una losa, una especificidad que te atrapa y una expectativa que apenas te deja respirar.

Alguien tiene que darte alcance desde lo cualquiera que eres, para mantener la intriga del descubrimiento, para no silenciarte con etiquetas, para aliviarte de todas tus particularidades y tomarse también un descanso de ellas.

Belén Blesa Aledo

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