Se consuma el Brexit y una oleada de decepción abruma a todos los europeos.


Así son los divorcios: una salida, aunque dolorosa, y casi siempre costosa económicamente, a la convivencia donde una parte, o las dos, se sienten incómodas.

Los países son esclavos de sus decisiones políticas y el referéndum de 2016 en Reino Unido, convocado de prisa y envuelto en noticias falsas, aportó una determinación salomónica a la pregunta de si los británicos quería seguir, o no, tras 47 años de permanencia, en la Unión Europea: quienes querían salir ganaron por un estrecho margen.

Es muy difícil comprender o compartir esta postura para los españoles, que somos, en esta generación, y me atrevería a decir, que en otras muchas anteriores, profundamente europeístas. La Unión Europea nos ha proporcionado medios económicos para sufragar obras públicas y sociales, una moneda común, una manera maravillosa de viajar entre estados, unas normas anti- arancelarias entre naciones vecinas, así como una bandera de cultura y paz tras la tortuosa y bélica primera mitad del siglo XX.

Pero si Gran Bretaña quiere irse, tiene nuestra amistad  y apoyo, incluso sabiendo que esta salida va a suponer un desgarro monetario enorme para este país y una herida en la Unión Europea, muy especialmente en España.

Porque España y Reino Unido compartimos muchas características, entre ellas, miles de nacionales viviendo en el otro país y viceversa, pues 170.000 españoles residen en Gran Bretaña, en gran parte personal sanitario, además 18 millones de turistas británicos viajan a España de vacaciones y 2,5 millones de turistas españoles visitan Reino unido cada año.

Veamos otras:

1) Muchos kilómetros de costa atlántica, de mar, de pesca, de playas, de buques comerciales y militares.

2) Ambos países, en guerra innumerables veces en su Historia, han sido imperios poderosos en Occidente y han conquistado, mirando al Océano Atlántico, tierras inmensas en otros continentes distintos del suyo, Europa.

3) Dos casas reales de gran solera mundial, incluidos el lujo, el encanto y el escándalo por divorcios, adulterios y corrupción que conllevan.

4) Amor por el teatro desde hace más de quinientos años, destacando dramaturgos como Shakespeare, Calderón o Lope de Vega.

5) Grandes novelistas, como Cervantes, Jane Austen, las hermanas Brönte, Chaucer, Pérez Galdós, Agatha Christie o Pío Baroja, entre otros mil.

6) Emigración histórica a sus colonias de ultramar y a su vez inmigración de americanos y asiáticos a las antiguas metrópolis en este siglo.

7) Cruentas guerras de religión desde el siglo XVI, tras mil quinientos años de cristianismo- catolicismo común.

8) Conquista de sus territorios por el Imperio Romano en el siglo I, lo que marcó para siempre su lenguaje, su sistema jurídico y su forma de vida.

9) Son naciones importantísimas económicamente y también, por extensión de territorio España y por población Reino Unido, en el mundo y en Europa.

Pero para entender el Brexit hay que ahondar en las peculiaridades británicas:

a) Asentamiento  en su isla, marcando distancias siempre con el continente europeo.

b) Sentido absoluto de conversión de  todo en negocio y amor por el emprendimiento.

c) Tal vez por su influencia puritana y anglicana, se decanta su población por la verdad y la denuncia de las malas prácticas.

d) Los británicos son la vanguardia mundial en cine, moda, música, fútbol y literatura.

e)Esencia rural, al mismo tiempo que gran cosmopolitismo en la capital, Londres, foco de manifestaciones, congresos científicos, espectáculos de toda índole, centro aeronáutico del hemisferio norte, además de sede de la moda y de las más importantes multinacionales.

Todos estos factores han dado a Reino Unido un auto complacencia que está detrás de la decisión mayoritaria de su referéndum.

Los problemas empezarán desde ahora, y ojalá me equivoque, tendrán que ver con la interacción entre este país y su vecinos, muy en concreto con el nuestro.

Así, los miles de británicos residentes (360.000 habitantes y la mayoría jubilados) y turistas en España, usuarios de nuestro sistema sanitario, quieren seguir siendo pacientes del mismo, y los españoles que estudian y trabajan en Gran Bretaña (multitud de Erasmus, de obreros, de enfermeras, de adolescentes en internados)quieren vivir en ese país en paz, disfrutando de su modo de vida.

También se da la paradoja de que en las instituciones europeas el idioma común es el inglés, la lengua del país que la abandona, siendo éste en España el idioma extranjero más estudiado en escuelas, institutos,  academias y universidades. Todo ello  es muy lógico si tenemos en cuenta que el idioma de Shakespeare es la lengua del turismo, la industria, y desde luego el comercio, en todas sus facetas, esencialmente online.

El hecho de que la libra esterlina no haya sido sustituida por el euro, da idea de la fuerza de la economía inglesa, que ha resistido firme frente al euro.

Con todo, podemos evaluar lo que los europeos perdemos con el Brexit, en primer lugar, a un país que supone el 13% de la población de la UE, que es de los primeros socios en el tiempo y en PIB, en segundo lugar, perdemos un aliado comercial de primer orden, y en tercero, los residentes en la UE perdemos la libertad de entrar y salir de Gran Bretaña sin pasaporte, sin aranceles en nuestra compras y sin problemas con el departamento de emigración.

Pero la vida y el mundo continúan después del Brexit. Imaginamos que  el dolor del divorcio se curará con el tiempo, aunque es muy posible que en dos generaciones, o en una, los británicos vuelvan a llamar a  la puerta de Bruselas. Ellos han elegido, y su elección, muy igualada con su antítesis, es el estandarte que van a defender y todos vamos a respetar.

La patria de los Beatles se marcha de la Unión Europea, y eso, para los españoles que amamos el lenguaje, el paisaje y la población inglesa, es una espina clavada con la que tendremos que convivir. Good luck, Britons!

Teresa Álvarez Olías

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