Iván Robledo Opinión Relatos Breves

Cuentos de Cuarentena (XIV): GATO Y PARDO

De noche se cierran los parques, se cierran los parques que tienen verjas esbeltas y elegantes, y también puertas de hierro rasposo, áspero, y más o menos forjado; se cierran con candado, un empleado municipal va, lo coloca y lo cierra echando la llave.

De noche se cierran los parques, se cierran los parques que tienen verjas esbeltas y elegantes, y también puertas de hierro rasposo, áspero, y más o menos forjado; se cierran con candado, un empleado municipal va, lo coloca y lo cierra echando la llave. Es como cerrarle a la noche la luz de la luna, pero dicen los munícipes que así somos felices, y que si ellos son felices, nosotros también; eso dicen. Se cierran los parques y creen que así no entramos, y no saben que es al revés, pero dicen los munícipes que así ellos son felices, y también la gente de bien. La gente de bien es la gente de mal de siempre que convierte en una profesión ser gente bien, y son felices gracias a la infelicidad de los demás. Por eso cierran los parques con candado, por la noche, y después otro munícipe lo abre por la mañana, y así durante toda la vida de los munícipes.

-Pero solo es un gato.

-Ya, pero así se empieza.

Los gatos no pueden salir a la calle, ningún animal puede salir a la calle solo. Las personas no pueden hacerlo, eso se sabe, pero es cierto que hay gatos que son gatos de personas y otros que no, y tampoco se sabe qué son. Los gatos no saben que los parques con verja de hierro se cierran por las noches también para ellos, pero es verdad que de saberlo no sabemos qué harían, que los gatos son muy así para sus cosas. Hay gatos que son la ortopedia de personas que solo tienen media alma, y los hay montaraces, y los que capturaron a ese gato en el parque no sabían qué tipo de gato era.

-Es bonito.

-Mira como mi mujer.

Quizá por eso era bonito. A los gatos se les puede multar, pero siempre ganan por silencio administrativo. También se les puede confinar, o practicar el extrañamiento con saña, mucha o poca, o condenar a trabajar para el bien de la comunidad, que es cosa de ser poco aconsejable. Por eso miraban al gato, y el gato se dejaba mirar, que ese gato no había llegado a gato porque sí, los animales no llegan a gato por casualidad, hay que valer mucho, para que un bicho acabe en gato, en fin, no es fácil, que es mejor no decir más. Por eso el gato se dejaba mirar, y los otros dos lo miraban como los gatos gustan de ser mirados, y después nos acarician con la cola, o arqueando el lomo, que es peor.

-El gato tiene algo aquí.

-Sí.

Lo tenía. El gato maulló, maulló ladino pero tarde, tenía un papelito anudado al cuello, que es el pescuezo para los más brutos. Los gatos están acostumbrados a casi todo, siete vidas con sus correspondientes noches dan para mucho, están acostumbrados a ver de casi todo, pero no a ver llorar a dos soldados de élite en un parque de la ciudad, y menos aún de noche. No todos los gatos están acostumbrados a eso, ni siquiera los gatos más inteligentes, inteligentes aunque se dejen atrapar en una emboscada en un parque cerrado con puertas de hierro más o menos forjado y cerrado con candado. Hay gatos capaces de muchas cosas, algunas incluso de interés, y otras no se sabe. Pero nunca saben cómo reaccionar cuando dos soldados que han visto a compañeros destripados en una guerra lloran mientras leen lo que su ama, la ama del gato, ama que dice ser y llamarse Aurora, le escribe a su pretendiente, que vive al otro lado del parque, y que cada noche se lo hace saber en el papelito que le ata al cuello. A cambio, el muchacho le da algo de cenar al gato y le pide que vuelva con ella, con Laura, y en otro papelito le dice que la quiere. Al gato le gustaría decirle a ella, a Aurora, que eso es verdad, pero los gatos no deben hablar, saben hacerlo pero no deben hablar, eso lo sabemos todos.

Los gatos están dispuestos a todo lo que la vida es capaz de tenerles preparado, incluso la comida enlatada, pero no a ver a dos soldados llorar mientras lo dejan en el suelo y, gimiendo como colegialas, le dicen que sí, que puede ir a ver al pretendiente a Aurora, y llevarle ese papelito. Y que se cuide.

Iván Robledo Ray

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