El ser humano, entre la tradición y el verdadero ser

Los momentos de esparcimiento deben formar parte de nuestra realidad, pero a veces enmascaran sombras que no queremos enfrentar.

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La vida es un camino polvoriento y lleno de obstáculos, que a veces nos da sorpresas agradables y otras nos arrebata lo que más amamos. La vida es un tren de alta velocidad que cada cierto tiempo se detiene en una estación, para que decidamos qué rumbo queremos seguir.

La tradición es un legado que parece que viene integrado en nuestro ADN.

Cuando nacemos somos un conjunto de rasgos cedidos por nuestros progenitores que nos hará ser rubios, altos o de ojos marrones. Todo esto es en cuanto a la apariencia física, pero existen más aportes que conformarán nuestra personalidad y que saldrán a la luz cuando ya hayamos acaparado el modo de ver la vida de nuestros mayores y lo hayamos hecho nuestro.

La adoración de los Reyes, Diego Velázquez

Es inevitable y obra de la naturaleza, por así decirlo, que tengamos los ojos verdes o marrones y nada se pueda hacer para cambiarlos, a menos que utilicemos lentillas de colores, claro. Pero, es cuestión de herencia genética y sobre este tema hay poco que añadir, a no ser que el individuo se someta a cirugía plástica y transforme su cara o su cuerpo a su gusto. Sin embargo, la educación que recibimos si puede ser objeto de modificación, pero para ello al menos deberemos ser conscientes de que puede hacerse y tener el valor de provocar el cambio. Aceptar todo lo que nos digan sin cuestionarse nada, puede ser muestra de sumisión y hasta de pereza. Perpetuar las tradiciones sociales puede llegar a ser un lastre frustrante, pero de eso no nos daremos cuenta hasta que cierto día algo ocurre en nuestra vida que nos hace planteárnosla con seriedad.

Los momentos de esparcimiento deben formar parte de nuestra realidad, pero a veces enmascaran sombras que no queremos enfrentar.

The Feast in the House of Simon (La fiesta en casa de Simón), El Greco

Es más fácil y menos agotador seguir la corriente que nadar en contra de ella, pero si eso supone encontrarnos a nosotros mismos, bien merece la pena enfrentar críticas por nuestra nueva actitud que rompe esquemas e incluso molesta a los que nos rodean. A fin de cuentas, nuestra vida es solo nuestra y no tendríamos que rendir cuentas ante nadie, porque el mayor juez y más severo es nuestra propia conciencia, esa que no calla ni de día ni de noche si es que hacemos algo mal. ¿Para qué escuchar voces ajenas que nos aturden, si sus juicios son tan variables que pueden cambiar del blanco al negro sin tiempo de por medio?

Dentro de esta tradición nuestra, la Semana Santa juega un papel muy importante, de gran peso y significación. Andalucía guarda inalterable su gusto por sus Cristos y sus Vírgenes, por sus procesiones que inundan las calles con sus pasos cargados de flores y cirios, por el aroma a incienso y azahar que penetra hasta el alma y por ese sentimiento tan fuerte de su gente que hace que cada año se espere con impaciencia. Un sentimiento, un fervor, que se vive en la calle compartiendo música de bandas y tiempo de espera a cualquier hora del día o la noche. Una semana especial, guste o no, se sea cofrade, religioso o ateo, porque en verdad supone una semana de descanso para  tomarse unas deseadas vacaciones. Pero, al margen de lo que esta semana pueda suponer para cada cual, estos días deberían ser dedicados a un verdadero auto análisis. De la misma manera que somos conscientes de que el cuerpo necesita una purga de vez en cuando a base de alimentos sanos que nos depuren, a no ser que nuestra dieta sea lo suficientemente sana, nuestra mente también debería pasar por este proceso. No se le presta tanta atención como se debiera, pero la mente también necesita una profunda depuración cada cierto tiempo y esta semana es ideal para eso. Echar una mirada a todo lo que contiene esa caja gris que todo lo atrapa y todo lo guarda, es vital para una salud mental sana y equilibrada. En los rincones de nuestra conciencia se quedan palabras que nos hicieron daño, imágenes, obligaciones y emociones que pueden significar un gran obstáculo para descubrir que detrás de todo eso, estamos nosotros, maniatados, temerosos e infelices.

Finis Gloriae Mundi, Juan de Valdés Leal

Meditar debería de ser una asignatura escolar, un práctica básica que nos descubriría ante nosotros mismos, nada más importante para poder llegar algún día a sentirnos felices y realizados. Sumergirnos en un silencio profundo y sabio resulta, sin lugar a dudas, un paso evolutivo que desvelará la realidad bajo otro prisma y que nos hará tomar el camino adecuado, colocando en una balanza el peso de la tradición frente al de nuestra propia singularidad.

Isamar Cabeza

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