Los días raros. Carta desde el encierro

Carta

Estos días de aislamiento estoy aprovechando para retomar conversaciones pendientes y amistades en espera.

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Estos días de aislamiento estoy aprovechando para retomar conversaciones pendientes y amistades en espera. Marta Serrano y yo nos conocimos cuando ella vino a Salamanca para hacer prácticas en la SER hace demasiados años… Hemos hablado algunas veces, es cierto, pero las circunstancias de cada una se impusieron y no volvimos a saber la una de la otra. Y ha sido esta cuarentena y los podcast que estoy haciendo en torno al tema la que nos ha vuelto a unir.

Marta es, desde hace años, profesora en el ÍES Ítaca, de Alcorcón y, cuando le hablé del podcast de esta semana en torno al mundo de la enseñanza, se animó a escribirme una carta contando su experiencia. Carta que comparto con vosotros en dos formatos, texto y audio.

Todos tenemos un amigo, un gran amigo, lejos, del que sabemos de tanto en cuanto. Le escribo esto a mi amiga Elena, a quien tanto quise y quiero. Querida Elena: Pese a todas las previsiones, ahora soy teleprofe. Y digo ahora porque vengo del mundo de la prensa, como sabes, que aunque parezca raro tiene que ver todo con la enseñanza, porque: ¿qué es la enseñanza sino comunicación?

Ahora trabajo en un instituto de Alcorcón. Y digo ahora porque los interinos vamos de un lado para otro, sin poder afianzar amistades ni afectos, ni con profes ni con alumnos. Este año tuve la suerte de repetir. No suspendí, fue casualidad, y estoy consolidando afectos y amistades.

El anuncio del cierre de los coles me pilló con mi hija adolescente en la compra por casualidad. Se me encogió el corazón, y en ese momento supe que lo que se avecinaba era muy grave. Y me cayó encima todo el peso de la responsabilidad. No fue fácil de digerir en pocos minutos encontrarme en el centro del asalto al súper, sin querer. No fue fácil aguantar el insulto de quien me dijo que menudas vacaciones nos habían caído, mientras yo pensaba en el drama buscando los plátanos. No fue fácil explicar a la adolescente que mañana no hay cole, pero que no son vacaciones y que no va a poder ver a sus amigos en quince días, y que se cancelan competiciones y entrenamientos, y que estamos en casa con el enemigo, esa madre que solo pone normas y que siempre está estudiando y corrigiendo.

Les echo de menos. El trabajo es mucho y arduo. Abro el correo y me asaltan casi cien mensajes, pero recibir sus tareas es un soplo de aire fresco, es sentirles al otro lado, trabajando incansables, aplicados, ver sus caras y sentir cada trazo en el papel de las fotos que mandan con la tarea, imposibles de leer, del revés, obligándome a realizar ejercicios de contorsionista. Ahí está el TDH, contestando a cada uno de mis mensajes, utilizando la herramienta como un chat, una prolongación de su persona en formato virtual; y aquí me llega la inteligencia de otro, y la creatividad de otra niña, las ganas de superarse en esta adversidad de quienes estaban escondidos, eclipsados por el brillo de otros y ahora florecen en su esplendor. Algunos no aparecen durante varios días y, preocupada, contacto con los tutores por si entregan tareas en otras asignaturas o es que, los cielos no lo quieran, les ha rozado el virus. Entre todos localizamos a alumnos que no disponen ni de un ordenador en su casa y una compañera no se lo piensa y asalta el instituto vacío, carga los portátiles en su coche y los reparte, casa por casa. Pequeños grandes detalles de héroes anónimos.

Los momentos de desconcierto inicial son eso, solo momentos. La rutina no debe pararse, necesitan sentir que los profes estamos al otro lado, con el oído atento. Escucho canciones y leo artículos que enseguida me inspiran actividades para ellos fuera de las de los manuales. Opino, como muchos, que ahora la sintaxis está de más cuando hay tanto que sentir y tanto que contar. Y mi asignatura es un tesoro en el que encuentran la manera de expresar emociones y sentimientos. Responden con entusiasmo, escriben cartas a los hospitales, cantamos canciones y analizamos lo que esconden sus autores detrás de las letras en estos momentos terribles. Buscamos tópicos literarios en otras canciones actuales y antiguas, proponen otras que ellos conocen. Parece que les gusta esta forma de trabajar, pero solo es un espejismo. Las nuevas tecnologías nos ofrecen herramientas maravillosas, pero la enseñanza es otra cosa, es acompañar, enseñar y aprender todos de todos. Es mirarnos a los ojos, es descubrir una lágrima furtiva, es el consuelo para esa hormona descontrolada, cuando no sabemos lo que nos pasa. Es reír cuando la profe se equivoca, que es mucho, cuando en un momento de emoción salen volando mis gafas, cuando descubrimos al pangolín en un crucigrama y días después lo vemos en la prensa con asombro, asociado un extraño virus en la otra punta del planeta. Es, en definitiva, cuestión de sensibilidad. No me preocupa, no, no me preocupa que sigamos la programación del curso tanto como que sea un momento para descubrir, sentir, reflexionar y expresar. 

Echo de menos los bailes con mis compañeros antes de que suene en timbre a las 8,30, las carreras por los pasillos, no poder compartir desayuno y risas en diez minutos con mis amigos, ni recados alocados en cualquier esquina, las terapias caseras en la sala de profes. Pienso en estos “días raros” y cómo nos harán crecer, a ellos y a nosotros. Y pongo mucho cuidado en que no sean para ellos un mero discurrir de horas entre tarea y tarea.

Todo el profesorado del ÍES Ítaca ha querido sumarse a los ánimos que se multiplican estos días por todo el país y que tratan de infundir buen humor y mucha fuerza para este periodo de aislamiento.

Enhorabuena a todo el centro por el trabajo y las ganas de trasladar esperanza a vuestro alumnado y, de paso, a todos nosotros.

#YoMeQuedoEnCasa

Elena Martín

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