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La creatividad, un salvoconducto a la supervivencia

La imaginación, esa poderosa herramienta que algunos usan muy bien, otros desconocen que la tienen y otros no sienten la mínima intención de hacerla funcionar, puede ser un auténtico salvavidas.

Muchos son los artistas, psicólogos e investigadores que se han animado a definir qué es la creatividad. Si tuviese la intención de abrir un debate con este artículo bastaría colocar una frase de Freud y otra de Jung y ya tendríamos el terreno listo para comenzar a deshilachar los argumentos de uno y de otro, pero ese no es ese el objetivo.

La intención no es definir el término, sino valorarlo, ver hasta qué punto la creatividad puede ser indispensable. En estos días de retiro forzoso, de reflexiones, de preocupaciones nuevas, de incertidumbre, de desestabilización emocional y laboral… y en fin, de un inesperado zarandeo que al que más que menos nos ha desajustado la rutina diaria, aparece la pregunta ¿y ahora qué?

La mente empieza a funcionar, es inevitable, a veces de manera productiva y otras tantas tan solo para agobiarnos al máximo y espantar las posibles soluciones. Porque si hay algo claro es que en un estado de tensión no somos capaces de pensar claramente, es como si nuestra mente se apagara, se quedara como una pantalla oscura cuando estamos nerviosos y al relajarnos se vuelve a encender.

Tendemos a complicarnos la vida, ¿qué diría el Principito si nos hiciera una visita? Ya en su momento se llevó una imagen de nuestro mundo y de nosotros poco favorecedora. La obra de Saint-Exupéry me alucina por completo. Es la sencillez elevada a la máxima potencia y a la vez un decálogo de enseñanzas muy valiosas. El Principito supone un diálogo constructivo y ameno que nos desvela lo absurdo y ridículo de muchos de nuestros hábitos o comportamientos. Me pregunto qué haría ese niño curioso, amable y preguntón si le pusieran en la vicisitud de eliminar a alguno de los personajes, que se va encontrando por el camino, para comenzar de cero en un planeta sin vida (omito lo de inteligente, porque esto da pie a argumentar por horas, aunque sea muy interesante). ¿Qué criterios seguiría el principito para descartar a alguien?

No hace mucho vi una escena de una película que me dejó un sabor agridulce. La película se llama “El método” y si tuviera que resumirla en una palabra diría supervivencia. En esa escena, los candidatos a un puesto de trabajo se ven obligados a hacer una prueba de dinámica de grupo y están obligados a eliminar a uno de ellos. El supuesto es que no hay cabida para todos en un búnker donde tienen que refugiarse para sobrevivir, ya que el mundo y la humanidad han desaparecido.

El principito lo tendría claro, pensaría de manera sabia y coherente, valoraría antes que la formación académica, la disposición y antes que la obsesión por el trabajo, la empatía. ¿Pero qué haría nuestro vecino cósmico si entre los candidatos hubiera un poeta o una escritora, o un alfarero? ¿Qué importancia tendría para sobrevivir y reconstruir un mundo extinguido, un poema, un cuento o una escultura abstracta? Me imagino las respuestas, muy presumibles… pero, ¿y si la elección fuera entre un médico, un juez, un jugador de baloncesto y un orador impulsivo? Obviamente, el tema no es desprestigiar ninguna carrera ni oficio, sino hacer visible la importancia de la creatividad como punto común en oficios de arte. La imaginación, esa poderosa herramienta que algunos usan muy bien, otros desconocen que la tienen y otros no sienten la mínima intención de hacerla funcionar, puede ser un auténtico salvavidas. El Principito se pararía delante del poeta y lo miraría a los ojos, le preguntaría qué sabía hacer y el poeta respondería:

Yo solo plasmo mis sentimientos en un papel o en un Word, ahí vuelco mis reflexiones y mis inquietudes. Me mantengo a flote en un río bravo, nadando contracorriente y lucho y sigo remando con todas mis fuerzas. Decaigo pero remonto, no hay otro camino para mí, aunque nadie me apoye.

La creatividad implica ideas nuevas, imaginación desbordante, resiliencia y lucha, mucha lucha contra esquemas obsoletos y normas que encorsetan y asfixian. La creación se basa en los elementos que ya existen o en nuevos que nos salen al paso y si de sobrevivir hablamos, nadie mejor que un artista para crear nuevas realidades, para reinventarse una y otra vez y salir a flote de cualquier tempestad.

Isamar Cabeza

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