A lo mejor las cosas adquieren sentido después de hacerlas.
Beatriz de Silva Magazine Opinión Redactores

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A lo mejor las cosas adquieren sentido después de hacerlas.

Buscamos un propósito para hacer las cosas porque nos da miedo perder el tiempo. Pero, cuánto tiempo habremos perdido buscando ese sentido.

Tengo una idea: Me gusta escribir así que voy a escribir algo. 

De pronto, me asalta otra idea un poco más elaborada que la anterior:

¿SOBRE QUÉ voy a escribir? 

Hay bastantes temas en los que me encontraría cómoda: críticas a series o películas que he visto, experiencias personales del pasado, aprendizajes, un poema, un relato, compartir un miedo, contar algo gracioso, sincerarme sobre lo que siento, escribir un diario… 

Hay tantas posibilidades.

Sin embargo, me quedo estancada porque he tenido otra idea, un poco más oscura que la anterior:

¿PARA QUÉ voy a escribir? 

En principio, la idea era escribir porque me gusta escribir. Pero claro, después de darme cuenta de todas las decisiones que tengo que tomar para hacerlo, pienso: tiene que valer la pena. 

Escribir lleva su tiempo. También implica desnudarse y hurgar en una herida que aún escuece. Vaya, lo que antes parecía cómodo, ya no lo es. 

Más me vale tener un buen motivo para hacerlo. 

Entonces pienso que podría ser, simplemente, para practicar. Ññññññññññ.

¿PARA QUÉ? 

Está claro, para escribir mejor. 

¿PARA QUÉ?

Para escribir más. 

¿PARA QUÉ? 

Porque me gusta. 

Ah, vale. Okay. 

Parece que mi cabeza se ha quedado tranquila. La respuesta tiene lógica. Respiro hondo y me siento frente al ordenador. Escojo un tema, escojo un tono, mis dedos comienzan a deslizarse por el teclado. El tiempo empieza a correr. Soy feliz. Entonces, paro y veo que han pasado dos horas. 

Dios mío, dos horas.

Teniendo en cuenta que trabajo ocho horas y media al día y que, normalmente, termino a las siete de la tarde, eso significa que ahora son las nueve de la noche. La hora de cenar. Mi día se ha terminado. Diez horas mirando pantallas.

Dios mío, me duelen los ojos.

No pasa nada. Me echo colirio y respiro hondo. Es evidente que esta noche no podré ver ninguna de mis series favoritas. 

Como dice un buen amigo mío: A llorar, al parque.

Nueva idea: Quizás pueda escribir algo sobre esto.

¿PARA QUÉ? 

Para desahogarme.

¿Y qué hay del dolor de ojos? 

Bueno, me duelen más cuando lloro. 

La lógica es aplastante. En vez de llorar en el parque, es mejor llorar aquí. Es posible que alguien lo lea y comparta esa sensación. 

Es posible que le duelan los ojos, que sean las diez de la noche y que haya dedicado dos minutos de su preciado tiempo a leer tus quejas.

Ya bueno, ¿Y QUÉ?

Mira, que te den.

Beatriz De Silva

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