Santiago Ramón y Cajal - Acalanda - Editorial Amarante - Julio Cordero González

“(…) Y en el caso presente se trata de un poeta, es decir, de un creador de ciencia, y no de un rapsoda, no de un repetidor o vulgarizador”

Unamuno sobre Cajal a propósito de Chácharas de café; pensamientos, anécdotas y confidencias

“A D. Miguel de Unamuno infatigable agitador espiritual de la turbia charca nacional, en testimonio de admiración y simpatía”

Dedicatoria autógrafa de Ramón y Cajal a Unamuno en un ejemplar de Reglas y consejos sobre investigación biológica (Los tónicos de la voluntad) que se conserva en la Casa-Museo Unamuno de la Universidad de Salamanca

En ocasiones, no pocas en este país, la unanimidad provoca desidia, la controversia sirve de acicate y la inacción se premia. La inexistencia de un Museo Ramón y Cajal (más allá del entrañable de su pueblo natal y de la exposición del Instituto Cajal), a la altura del personaje, es el paradigma de esta afirmación.

Sólo unos pocos, muy pocos, concitan en España, como sucede con don Santiago, el reconocimiento de todos los que se han acercado a una figura pública y a sus logros. No puede decirse que esta merecida valoración de Cajal no se haya visibilizado. Más bien ha sucedido todo lo contrario, como se constata con facilidad al repasar los callejeros de los pueblos y ciudades de España o el “nomenclátor” de hospitales, centros de enseñanza e investigación (el Instituto Cajal del CSIC al frente), o de reconocimientos y premios a la ciencia (también el Premio Nacional de Investigación lleva su nombre). Incluso se le dedicó una serie de televisión que podría ser actualizada. Por fortuna, también pudo vivir de manera razonablemente desahogada durante muchos años de su vida; la propia dotación económica del Premio Nobel le permitió disfrutar de dos valiosos inmuebles que no hemos conseguido (repárese en el plural inclusivo y totalizador) salvaguardar; una sola de las plantas del llamado Palacete Cajal, todavía a la venta, dispone de más metros cuadrados útiles que los empleados en la exposición del Instituto Cajal. Así estamos.

Por otra parte, más allá de algunas pérdidas notables (los mencionados inmuebles por su valor testimonial y gran parte de su biblioteca, con cientos de ejemplares anotados, ya desmembrada y malvendida), lo esencial de su legado científico se preserva íntegro, en manos públicas y en excelentes condiciones de conservación. Ese legado podría verse enriquecido con aportaciones varias de otras instituciones públicas y privadas, también de donaciones o depósitos de particulares (se dice que varios centenares de su biblioteca pudieron ser “recuperados” del Rastro por un bibliófilo, por fortuna, insaciable). Más allá de la mera exposición de su legado, se facilitaría, mediante la digitalización y el empleo de nuevas tecnologías, su estudio, consulta y proyección a nuestro tiempo. La Casa-Museo podría, por ejemplo, acoger el acto de entrega del Premio Nacional de Investigación que lleva su nombre, acometer la impulsión de actividades desde la difusión a la transferencia de resultados de investigación. Habría de atenderse especialmente al ámbito de la neurociencia, pero sin olvidar otras aproximaciones al personaje, algunas ya parcialmente exploradas como la dimensión artística de sus magníficos dibujos o su relación con otras personalidades de su tiempo. Estas líneas de trabajo u otras, ya exploradas respecto a otros personajes con notable éxito, requerirán de la generosidad y decisión de todas las entidades implicadas e interesadas. “Nuestro” Unamuno puede confirmarlo, con su Casa-Museo en la Universidad de Salamanca como faro y guía, pero con la colaboración de las autoridades estatales y autonómicas competentes, la Biblioteca Nacional de España, el Ayuntamiento de Salamanca y el de Bilbao o la Casa-Museo dedicada al propio autor en Fuerteventura. No es casualidad que ambos coetáneos mantuvieran relación personal y epistolar de la que ya se ha dejado una pequeña muestra.  

Como se afirmaba en la conclusiva afirmación inicial, todo está a favor, quizá sea precisamente la ausencia de controversia, de enfrentamiento entre partidarios (todos en este caso) y detractores, el principal freno a la iniciativa.

En remedo de lo que algunos por Salamanca sostienen con ingenio, que Unamuno cada vez escribe mejor; parece evidente que también Cajal cada vez investiga mejor. Démosle YA una Casa Museo para que pueda seguir agitando la ciencia y el pensamiento en España y en el mundo.

Julio Cordero González, director de la Fundación del Servicio Regional
de Relaciones Laborales (SERLA) de Castilla y León
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