Selva de hormigón y lagartos - Maximiliano Rodríguez Vecino - Acalanda
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Selva de hormigón y lagartos

“Selva de hormigón y lagartos” habita esa ciudad inmensa que es Barcelona, con casi cinco millones de habitantes, con su catalán y la multiplicidad de etnias y nacionalidades presentes por la emigración.

Selva de hormigón y lagartos” es la segunda novela de Maximiliano Rodríguez Vecino, este minuano que vive en España, primero en Gran Canaria, y ahora en la mega metrópolis que es Barcelona, y que sigue con su amor intacto por Minas.

Su primera novela fue “El último combatiente”, que presentamos aquí en esta querida Casa de la Cultura en 2018, tiene centrada la acción en Gran Canaria, hoy, si bien no abandonó algún personaje canario, “Selva de hormigón y lagartos” habita esa ciudad inmensa que es Barcelona, con casi cinco millones de habitantes, con su catalán y la multiplicidad de etnias y nacionalidades presentes por la emigración. Si habrá personajes para ocupar una novela. Y Maximiliano los toma, y los hace andar por las páginas de este libro, con sus sufrimientos, con sus satisfacciones, —pocas, como en la vida—, con esperanzas, y siempre en la búsqueda de la libertad.

Esa búsqueda y la fuerza del nomadismo, son tan contundentes, van y vienen por el mundo, pero en la novela están presentes en Barcelona, persiguiendo una vida mejor. Y eso cuesta, porque el mundo está lleno de estafas y engaños, promesas y esperanzas. Ese entrar y salir, esa inseguridad constante, ese nunca saber a quién tenés a tu lado.

Explotación y trata de personas, drogas y dinero, el fútbol y sus negociados, un gol de Suárez, que seguro es Luis haciendo goles en el Barcelona. Todo se instala a través de la locura, los miedos, el hambre, la desesperación de no saber qué va a pasar hoy, y mucho menos saber qué pasará mañana. Todo puede ser maldito o fortuito, como en la vida,  en ese inframundo que Rodríguez Vecino recorre en esta novela coral. Todos los personajes son importantes, todos tienen su centralidad, su foco.

El escritor va metiendo las historias, que parecen sin fin, en relatos cortos y de mucha acción, y sigue otro, y otro, y vuelven una y otra vez. Uno como lector aguza el oído y el ojo, pero el libro sigue y pasa a otra historia, y así arma un libro infinito, con una escritura sorprendentemente ágil, cada historia con sus características propias, los personajes no se repiten, —no se pisan, como dicen en el teatro—, están infinitamente vivos… con esos submundos, esas tramas intensas.

A veces sentía impotencia mientras leía, por no poder hacer nada por estos personajes, por sus luchas por cambiar el mundo. Pero bueno, es una gran novela, que moviliza, que muestra ese mundo donde la droga llegó y domina, donde las luchas de poderes o la dominación del hombre explota en la cara de todos.

Sí, sí es una novela política también, porque nos muestra los estamentos de la corrupción, los movimientos, la circularidad y las formas del manejo a través del dolor de mujeres engañadas y explotadas, de hombres que tuvieron un sueño, o que siguen queriendo un mundo mejor, como Néstor Bandana, querido personaje de la primera novela de Rodríguez Vecino, que aparece y sorprende, y arrastra a otros de esa primera novela, a través de esa escritura llana y profunda, por el caos que es la vida de estos personajes, que parece imposible poner en orden.

La ternura de personajes como Rowena, una empleada doméstica filipina, que mira las fotos de su hijo junto a sus abuelos, en su Filipinas y dice: “La gente de aquí tan cerca y alejada y yo a kilómetros de distancia”. Eso es el desarraigo, la tristeza. Los uruguayos Guillermo y Judith, que pensaron encontrar otro mundo, hacer otra vida y se encontraron que siguen siendo uruguayos en otro lugar, y aunque hablan el mismo idioma o casi, están en otro país, otras costumbres, y añoran, se desgastan y la vida es difícil. Y así se podría hablar de tantos personajes, no me animé a contar cuántos son, pero los guardo a todos, no sé si en mi corazón, pero sí en mi cabeza. Tal vez dos personajes adorados por siempre van a ser Pantxa y Pira, dos perros de apariencia terrible, pero que cuidan a los uruguayos y a los que conviven con ellos en ese hospital abandonado.

Me sacudió la música que le pone a algunas escenas, exacta, es el volumen ideal para el momento, ya sea en las calles con un Manolo Escobar o los ingleses Deep Purple.

Las sugerencias lectoras de Rodríguez Vecino de escritores, en especial al grandísimo Jorge Luis Borges.

¿Qué más decir? Gracias Maximiliano por escribir, por cómo lo haces de bien, por contarnos estas historias, mostrarnos estos mundos, cada vez más cercanos, desde allá, nos estás mostrando un mundo terrible que despacio, muy a la uruguaya nos vamos acercando, es triste, es terrible, pero la pérdida de valores, como la corrupción que también estamos viviendo en Uruguay y ya es muy visible.

Gorge Gómez de Armas
Periodista

® Fotos de Rosa Casal y Paola Ferreira

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