A photograph of a White-handed Gibbon (Hylobates lar). Photo taken at the Philadelphia Zoo where it was identified. Camera and Exposure Details: Camera: Nikon D50 Lens: Quantaray AF Zoom 70-300mm 1:4-5.6D LDO Macro Exposure: 300mm (450mm in 35mm equivalent) f/11 @ 1/125 s.
Amor por leer Educación El favorito Libros Literatura Magazine Recomendación Redactores Relatos Breves Reseñas Ser escritor Ser lector Vicente Forcadell

El favorito. Relato sobrenatural. Sexta entrega.

Las estrellas de Hollywood son auténticos superdotados físicos, tan superdotados físicamente que sus cuerpos, sus presencias físicas, son más un aura, un fenómeno magnético, que un cuerpo.

Vicente Forcadell

6

Soy el mono de Walter, ahora sí, pero Walter no está en condiciones de tener en cuenta mis reacciones. Walter lleva en la cara, inconmovible, la sonrisa que se pone cuando está borracho y no se entera de lo que ocurre a su alrededor ni le importa, porque sólo está buscando un rincón lo más cómodo posible para echarse y dormir hasta 24 horas seguidas si hace falta. Y eso puede ocurrir rodeado de gente que celebra estar cerca de él mucho más a menudo que, como nos ocurre a los bebedores normales, a solas en un bar. De ahí su sonrisa, que soy uno de los pocos monos capaces de desentrañar: una sonrisa que perpetúa su fascinación sobre los que lo rodean mucho después de que él haya desaparecido casi por completo dejando atrás su carcasa. Si ves a Walter de cerca, te das cuenta de algo de lo que no se es plenamente consciente al ver una película, ni siquiera cuando la ves en el cine, como en los viejos tiempos previos a las grandes pantallas domésticas o las tabletas. Los actores… no, las estrellas de Hollywood son auténticos superdotados físicos, tan superdotados físicamente que sus cuerpos, sus presencias físicas, son más un aura, un fenómeno magnético, que un cuerpo.

Cementerio de la fiebre del oro, Skagway, Alaska, Estados Unidos.

He llegado a conocer bien esa sonrisa. Ahora, en esta pequeña ciudad en la que se están rodando su película y mi serie, todo parece girar en torno a Walter (incluida Emma). Me han hablado del descubrimiento de una riqueza subterránea que puede cambiar el destino de la ciudad. Como en los viejos tiempos de la fiebre del oro, todos los ciudadanos pueden convertirse en ricos. Sin embargo, Walter lo eclipsa. Yo también soy mitómano, ya lo dije, y conocer los trucos del oficio desde dentro, de primera mano, no resta un ápice a mi fascinación por el rostro de Walter y su manera de moverse; pero la mía es una fascinación racionalizada: analizo con mayor conocimiento de causa que cualquiera cada centímetro cuadrado de su piel, la velocidad y la gracia de cada desplazamiento del aire a su alrededor. Y, sin embargo, soy consciente de que en otras épocas las estrellas tenían apariencias muy diferentes a la de Walter. A la vez, Walter, de alguna manera, es muy parecido al resto de las estrellas cinematográficas actuales. ¿Evolución, moda…? ¿Diferencias entre las realidades representadas de una época a otra, o diferencias estilísticas en la representación? Es evidente que el actual modelo de belleza viene impuesto no ya por los anglosajones, como a veces se dice, sino directamente por los norteamericanos. (Y la belleza literaria tal como yo, con muchísimos otros, la concibo, ¿también?) De la mayoría de los actores ingleses me llama la atención la sutil fealdad de sus facciones. Por ejemplo, esa amplia franja, entre la boca y la nariz, que permanece inmóvil mientras hablan. Aunque ya no tanto, ahora que el sentimentalismo, la exhibición de sentimientos se ha puesto de moda en Inglaterra, están aprendiendo a moverla.

Sir Johnston Forbes-Robertson, English actor

7

Emma no se ha tomado un café en el bar de la estación para no despertarme demasiado temprano sino su primer gintonic y ahora quiere otro. Walter me ha pedido permiso para usar mi portátil, abierto sobre el escritorio, y ha puesto la banda sonora de El último tango en París. Es una música que me encantaba, Gato Barbieri, hacía mucho que no la escuchaba. Han saqueado la neverita y Walter me pide permiso para bailar con Emma. La miro sin expresión. Quiero que entienda que me estoy cansando. Walter lo entiende; me da una palmada en el hombro y se despide. Cuando nos quedamos solos, quito la música y nos besamos, pero sólo con buena intención, con reserva.

–Entonces –le digo a Pedro, el director–, ¿estamos rodando dos episodios a la vez?

–Joder, Javier, lo hemos hablado ya, hay un problema con el contrato del guionista, o usamos ahora sus guiones o pronto no tendremos derecho a hacerlo.

–¿Nos quedaremos sin guionista?

–No te preocupes por eso. Tú a lo tuyo, y con un poquito más de atención –dice sonriendo, paternal.

Me estoy haciendo el tonto, es verdad que no recordaba lo de los dos episodios simultáneos, pero sí que había algún problema con el guionista, que, por cierto, se junta mucho con Arturo. Las cosas vienen rodadas. Al darme cuenta de que las cosas vienen rodadas para lo que yo tenía una vaga intención de hablar con Pedro, no reprimo un suspiro de resignación que también resulta conveniente como preámbulo.

–¿Qué te pasa? ¿Quieres que hablemos?

Ya se sabe, hay que mimarnos, está en el contrato de los directores, los artistas estamos llenos de dudas e inseguridades: por eso, al no conseguir ser del todo o con fuerza nosotros mismos, nos adaptamos bien a ser otros. No sólo los actores. ‘Ser artista es ser otro’, pienso y me digo: ‘Tienes que recordar esta frase’. 

Sepultura Billi Wilder

–Bueno, es que estoy dándole vueltas a algo –digo–. A un posible guion, precisamente.

Y le cuento a grandes rasgos una versión guionizable de lo que me sucede como si me lo hubiera inventado. Como productor ejecutivo, tengo todo el derecho a hacerlo. Es mi pasta, también, lo que nos estamos jugando.

–Esto se aparta bastante de nuestro estilo Chesterton –dice–. De hecho, ¿no recuerda un poco a los atormentados superhéroes de Marvel?

–El personaje no se dedica a hacer el bien.

Es lo único que se me ocurre decir, un poco ofendido.

–Ah, ¿no? ¿No estamos hablando de tu papel?

–Sí, sí, claro, quiero decir que por esta vez el interés no recaería en la resolución de un crimen. Su oponente, el villano, si lo prefieres en argot Marvel, sería un enemigo interior. Aunque no tengo claro que fuera enemigo. En fin, el guionista, el nuevo, lo desarrollaría.

–Bueno –dice Pedro–, deja que le dé unas vueltas y tú también le das alguna, ¿vale?

¿Quizá debería haberle hablado de Hegel? No, mejor no.

Grafiti referente a Spider-Man en un edificio de Seattle, Washington para promocionar la película The Amazing Spider-Man en 2012.

Es bueno haberlo hablado con alguien, aunque haya sido con Pedro, que sólo se ocupa de cosas prácticas. Ahora lo veo con más claridad. Al trasladarlo a la realidad, al haberlo sacado fuera de mí, se me antoja más irreal, pero no por absurdo, sino en un sentido literario. Sentido, esa es la palabra clave. Esto, lo que sea, es una especie de potenciador del sentido (un saborizante, incluso). Lo que sea sigue el modelo de la novela realista del siglo XIX, cuya trama se constituye, toma forma, planteando en su primera parte, abriendo, una serie de asuntos, de conflictos, que después, en la segunda, se irán cerrando. (Entonces, ¿se está cerrando un círculo con mi vida?) David Copperfield, por ejemplo. Lo que cambia, lo que hace que yo dirija mi atención hacia un ser de algún modo sobrenatural, es la velocidad: este ser me ahorra la lenta prolijidad de la vida, todo es inmediato. No quiero ni pensar en lo que me estaría pasando si se hubiera instalado en la novela experimental… Pero no podría, y esto lo humaniza o hace que sea obra mía, de mi inconsciente, bueno, eso no lo sé. Lo que sé es que la sociedad sigue interpretando las cosas a partir de pautas y convenciones que el arte, la narrativa, sobre todo, ha abandonado mucho tiempo antes. Somos realistas porque existió la novela y el arte realistas, con sus métodos, trucos y convenciones para representar la realidad. Seremos experimentalistas dentro de unos años, del mismo modo en que el gusto pictórico más extendido habrá abandonado el impresionismo y llegado, no sé, al simbolismo, al abstracto, dentro de algunos años. No, no es exactamente lo mismo, pero, bueno, es un fenómeno parecido. En la sociedad se da un cierto retraso y una clara dependencia, en las maneras de verse a sí mismos sus miembros, respecto de las visiones de las sucesivas corrientes artísticas, diría si tuviera que darle una formulación aceptable. Sesenta años después de la muerte de Dashiell Hammett, vemos la sociedad con sus ojos.

Dos siluetas en la oscuridad, parte de un fotograma de la película Agente especial (The Big Combo) (1955). El director de fotografía era John Alton, el creador de muchas de las imágenes más representativas del cine negro

8

Por supuesto, Walter es cabezón, como todos los galanes, norteamericanos o españoles; es la manera de que la cámara no apelotone sus rasgos: tenerlos separados, tener mucho espacio para distribuirlos por la gran superficie del rostro. Eso no es un problema para sus admiradoras cuando los ven fuera de la pantalla. Los siguen viendo como si acabaran de saltar de la pantalla, como en La rosa púrpura de El Cairo. No es del todo cierto. Los actores de la película de Woody Allen fingen ver al cabezón Jeff Daniels igual dentro que fuera de la pantalla, pero yo ya he oído comentarios sobre Walter del tipo:

–¿No parece más bajo que en el cine?

–Yo creo que es porque tiene la cabeza grande, fíjate en la nuca.

Por cierto, esos comentarios se apagaban cuando yo me acercaba, seguramente preparando el momento en que, cuando yo me alejara, salvando todas las distancias, se propusiera mi caso como referencia: yo también soy un poco cabezón. Por eso vemos que las estrellas se pasan la vida dejándose fotografiar, armándose con su fotogenia contra la realidad. No es mi caso: yo no soy fotogénico en absoluto, sólo soy fotogénico como protagonista de la serie Devil’s tail.

(Sí, me lo han preguntado muchas veces: porque así se vende mejor, incluso en España, y porque pareció que rabo era más correcto que cola puesto que, además, la idea inicial vino de ese refrán, ‘cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas’; pero rabo suena tan mal, incluso obsceno, que se pensó que estaría bien atreverse, pero al final no hubo huevos que acompañaran a ese rabo… Cuando le pusieron este título a la serie yo estaba presente y dije que no me gustaba. Todos conocíamos la expresión pero no el significado, que luego alguien buscó en Google y que resultó que no tenía nada que ver con lo que pensábamos. Salvé la situación –en ese momento empezó a gustarme el título– diciendo que lo que nosotros hacíamos era una interpretación a la vez literal e irónica, irónica por literal, que va bien con los pequeños misterios sobrenaturales o que lo parecen de los argumentos. Hay un porcentaje establecido: por cada misterio sobrenatural verdadero hay tres o cuatro engaños que parecen sobrenaturales. Pero se decidió que no habría nada satánico, ni posesiones ni maldiciones que afectan a todo un pueblo, por ejemplo. La sutileza, ahí estaba la cosa. En esta temporada, hay más presupuesto, así que ganan protagonismo los efectos especiales.)

A photograph of three of the actors of the BBC Father Brown TV series filming in Blockley Churchyard, Gloucestershire, UK

(Continuará)

El favorito. Relato sobrenatural. Sexta entrega. Vicente Forcadell

0 comments on “El favorito. Relato sobrenatural. Sexta entrega.

Gracias por comentar con el fin de mejorar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: