Como ya adelanté en mi anterior artículo Ana Blandiana: Poeta indómita, El Premio Princesa de Asturias de las Letras de este año 2024, ha sido otorgado a Ana Blandiana, una extraordinaria poetisa, ensayista, narradora y figura relevante de las letras y del movimiento cívico rumano. Su candidatura ha sido promovida por la Universidad de Salamanca. El jurado ha resaltado su valentía y resistencia frente al régimen comunista en Rumanía, y considera que su obra muestra un compromiso con la libertad y la justicia social.































En su discurso en el Teatro Campoamor de Oviedo, Ana Blandiana —una de las voces literarias más potentes y respetadas de la literatura europea contemporánea— nos ha recordado el poder de la poesía y su papel en un mundo secularizado, tecnificado, informatizado y globalizado.
Me resulta significativa la definición de Ana Blandiana como “La voz poética de la libertad”. Al analizar su fecunda obra poética, comprobamos su compromiso con la dignidad humana. La trayectoria vital y literaria de Otilia Valeria Coman (Ana Blandiana) es un viaje fascinante. Adoptó su seudónimo en 1964, cuando publicó su primer libro de poemas. Desde entonces, ha publicado más de 30 títulos, incluyendo poesía, ensayos y relatos, que han sido traducidos a más de 25 idiomas. Su carrera literaria excepcional trasciende las fronteras de su país natal.



























Para Blandiana, la poesía ha sido mucho más que un medio de expresión artística. Ha representado un refugio espiritual y una forma de resistencia contra la opresión. Durante el régimen comunista en el que su obra fue censurada en diversas ocasiones, la poesía se convirtió en su tabla de salvación. «En la poesía se escondían las últimas moléculas de libertad» —ha afirmado la poetisa, al tiempo que explicó cómo la creación literaria se transformó en un acto de rebeldía y supervivencia.
En el contexto actual, Blandiana considera que el papel del poeta sigue siendo crucial. En su discurso de aceptación del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024, destacó que la poesía puede salvarnos «de la soledad, de la indiferencia, del vacío de fe, del exceso de materialismo y consumismo y de la falta de espiritualidad». Para ella, el poeta es un guardián de la Humanidad en un mundo cada vez más deshumanizado.

La vida de Ana Blandiana ha estado dedicada a la literatura y al compromiso con el respeto por la dignidad humana. Su lucha por la libertad no se ha limitado a las páginas de sus libros. Fue una voz destacada en la resistencia contra la represión bajo dos dictaduras comunistas y, tras la revolución de 1989, se involucró activamente en la vida cívica: en 1900 fundó la Alianza Cívica. Su poesía ha sido un vehículo para expresar ideales de justicia y dignidad humana. Los temas intemporales como la verdad y el amor, la naturaleza, la muerte y el paso del tiempo están muy presentes en la obra literaria de Ana Blandiana, de carácter romántico, contemplativo, místico, metafísico y visionario. La autora ha demostrado que la pluma puede ser tan poderosa como cualquier herramienta de cambio social.
El estilo literario de Blandiana ha evolucionado a lo largo de su carrera: desde el neomodernismo rumano de los años 60 hasta una poesía más depurada, reflexiva e irónica. En sus obras más recientes, se observa una mayor sencillez y economía verbal, sin perder la profundidad que caracteriza su escritura.

Ciertamente, la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024 marca un hito en la carrera de Ana Blandiana. Es la primera escritora rumana en recibir este galardón, lo que supone un reconocimiento no solo a su trayectoria personal sino también a la riqueza de la literatura rumana.
Para Blandiana, la traducción de su obra a otros idiomas ha sido fundamental en su proyección internacional. Ha permitido que su voz, que refleja profundamente el espíritu rumano durante un período de opresión, resuene en diferentes culturas, demostrando el poder universal de la poesía.
Y, con respecto al futuro de la poesía, Blandiana mantiene una visión única. Cree firmemente que la poesía está intrínsecamente ligada a la esencia humana, por lo que, mientras exista la necesidad de expresar emociones profundas y complejas, la poesía seguirá siendo relevante. Ve en la poesía una herramienta para preservar nuestra humanidad en un mundo cada vez más tecnificado. Por cierto, con respecto a la inteligencia artificial y la poesía automatizada, la autora ha señalado que, «porque ahora, cuando los robots van camino de ser superiores en breve a los humanos, tendremos que intentar situarnos por encima de todo lo que ellos no entienden; porque ellos podrán hacer versos, rimas, ritmos, yambos, troqueos, dáctilos, sonetos, redondillas y epopeyas pero nunca comprenderán el sufrimiento y la obstinación por expresar lo inexpresable que se esconde bajo todos esos ropajes, el misterio que no se puede definir ni vencer».
La obra de Ana Blandiana, nacida en tiempos de opresión, ha trascendido fronteras y épocas, convirtiéndose en un testimonio universal de la resistencia del espíritu humano. Como poetisa, ensayista y figura pública, Blandiana ha demostrado que la palabra tiene el poder de cambiar la realidad.
Su legado no se limita a sus libros; se extiende también a su ejemplo de vida guiada por valores de libertad, integridad ética y valentía. En el mundo actual tan confuso, la voz de Ana Blandiana sigue siendo para la Humanidad un faro de esperanza y del poder transformador de la poesía. Su vida y obra nos enseñan que la verdadera libertad tiene su origen en nuestra verdadera esencia: El Espíritu.
José Antonio Hernández de la Moya y José Francisco Adserias Vistué.

Ana Blandiana. Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024.
Trayectoria.
Otilia Valeria Coman, Ana Blandiana (Timișoara, Rumanía, 25 de marzo de 1942), poetisa, ensayista y política, publicó en 1964 su primer libro de poemas, Persoana întâia plural (Primera persona del plural), y alcanzó el éxito con Călcâiul vulnerabil (1966) (El talón vulnerable) y A treia taină (1969) (El tercer sacramento). Trabajó para las revistas Viata Studenteasca y Amfiteatru –donde publicó algunos poemas que se han convertido en iconos de la lucha contra la dictadura comunista– y como bibliotecaria en el Instituto de Bellas Artes de Bucarest. Hija de un «enemigo del pueblo», se le prohibió estudiar en la universidad tras la aparición en 1959 de su primer poema en una revista. A finales de los ochenta empezó a escribir poesía de protesta. Tras la revolución de 1989, inició su vida política con una campaña que promovía la eliminación del legado comunista y la creación de una sociedad abierta. Presidenta de honor del PEN de Rumanía, es miembro de la Academia Europea de Poesía, de la Academia de Poesía Mallarmé, de la Academia Mundial de Poesía (Unesco) y de la Unión de Escritores de Rumanía. Desde 1994 es miembro fundador y presidenta de la Fundación La Alianza Cívica, un movimiento apolítico cuyo propósito es aliviar las consecuencias de más de cincuenta años de comunismo en el país.
Autora de culto en toda Europa, la obra de Blandiana refleja –según se ha escrito– un profundo conocimiento del espíritu rumano durante un histórico período de opresión, y establece como directrices de su proyecto literario la derrota y la esperanza. Conocida por su poesía a favor de la libertad y la dignidad humana, Blandiana se distinguió por una rebeldía sublime que la llevó durante años a vivir como una exiliada dentro de su propio país. Obras suyas son, además de las citadas, 50 de poeme (1970) (‘50 poemas’), Octombrie, noiembrie, decembrie (1972) (‘Octubre, noviembre, diciembre’), Întâmplări din grădina mea (1980) (‘Acontecimientos en mi jardín’), Ora de nisip (1984) (‘La hora de arena’), Întâmplări de pe strada mea (1988) (‘Acontecimientos en mi calle’), Arhitectura valurilor (1990) (‘La arquitectura de las olas’), 100 de poeme (1991) (‘100 poemas’), În dimineața de după moarte (1996) (‘La primera mañana después de la muerte’), La cules îngeri (1997) (‘Cosecha de ángeles’), Cartea albă a lui Arpagic (1998) (‘El libro blanco de Arpagic’), Soarele de apoi (2000) (‘Sol, entonces’), Poeme (1964-2004) (2005) (‘Poemas (1964-2004)’), A fi sau a privi (2005) (‘Para ser o buscar’), Patria mea A4 (2010) (‘Patria mía A4’) y Variațiuni pe o temă dată (2018) (‘Variaciones sobre un tema dado’).
Es también autora de ensayos, de ediciones de relatos fantásticos y de dos novelas. Traducida a más de veinte idiomas, en español se han publicado Cosecha de ángeles (2007), en edición bilingüe, Proyectos de pasado (2008), Las cuatro estaciones (2014), El reflujo de los sentidos (2016), Mi patria A4 (2014), Octubre, noviembre, diciembre (2017), Primera persona del plural / El talón vulnerable (2021), Variaciones sobre un tema dado (2021) y El sueño dentro del sueño y otros poemas (2023). De su poesía se ha dicho que es una búsqueda constante y contenida, la permanencia de lo pasajero que va dejando testimonio de su fe en ella y en su pueblo. Su prosa ha sido comparada a la de Poe, Hoffman, Kafka, Borges, Cortázar o Eliade. La crítica ha destacado, además, que Blandiana simboliza la conciencia y el testimonio de su tiempo, la emblemática oposición al régimen y la lucha contra la censura, y su voz nos propone una reflexión sobre la creación artística y la condición humana, sobre la inocencia, la caída, la muerte y la supervivencia, sobre el amor y la responsabilidad ante el terror de la historia y la necesidad de dejar testimonio de lo vivido.
Premio de Poesía de la Unión de Escritores de Rumanía, 1969, ha recibido, entre otros, el Premio de Poesía de la Academia Rumana, el Premio Internacional Gottfried von Herder de la Universidad de Viena (1982), el Premio Nacional de Poesía (1997), el Premio Opera Omnia (2001), el Premio Internacional Vilenica (2002) y el Premio Poeta Europeo de Libertad en 2016, además de la Legión de Honor francesa. Es doctora honoris causa por las universidades de Salamanca (Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 1986) y Sofía, entre otras.
Ana Blandiana. Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024.
Acta del jurado.
Reunido en Oviedo el jurado del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024, integrado por Xosé Ballesteros Rey, Xuan Bello Fernández, Blanca Berasátegui Garaizábal, Jesús García Calero, Pablo Gil Cuevas, Francisco Goyanes Martínez, Lola Larumbe Doral, Aurora Luque Ortiz, Inés Martín Rodrigo, Juan Mayorga Ruano, Carmen Millán Grajales, José María Pou Serra, Ana Santos Aramburo, Irene Vallejo Moreu, Juan Villoro Ruiz, presidido por Santiago Muñoz Machado y actuando de secretario Fernando Rodríguez Lafuente, acuerda conceder el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024 a la poeta rumana Ana Blandiana.
Ana Blandiana es heredera de las más brillantes tradiciones literarias, al tiempo que una creadora radicalmente singular. Su escritura, que aúna transparencia y complejidad, plantea preguntas fundamentales sobre la existencia del ser humano, en soledad y sociedad, ante la naturaleza y la historia. Ha mostrado con su poesía indómita una capacidad extraordinaria de resistencia frente a la censura.
Oviedo, 23 de mayo de 2024
Ana Blandiana. Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024.
Declaraciones.
«Me resulta difícil expresar mi emoción y gratitud por el gran honor que representa para mí la concesión del Premio Princesa de Asturias, sobre todo porque –como siempre cuando recibo un premio– no puedo evitar recordar el pensamiento de Platón que recomendaba la coronación de los poetas con laureles y su expulsión de la ciudad. ¡¡¡Pero, ¿y si para mí la poesía es realmente un camino hacia la polis, una forma de quedarse, una forma de acompañar el sufrimiento de los demás?!!!
Gracias por el eco que su prestigioso premio dará a mis ideas y mis poemas y que lo amplificará en la conciencia de los lectores españoles de todo el mundo».
Ana Blandiana
Bucarest, 23 de mayo de 2024
Ana Blandiana. Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024.
Discurso.
Majestades,
Altezas Reales,
Distinguidos miembros de la Fundación Princesa de Asturias,
stimados miembros del Jurado,
Excelencias,
Queridos galardonados,
Señoras y Señores,
Amigos,
Como siempre que recojo un premio, mi primer pensamiento ha sido para Platón y las coronas de laurel que él proponía para los poetas que después eran desterrados de la ciudad.
Mi segundo pensamiento ha sido para mi país.
Del mismo modo que, al hacerse adultos, los niños pobres siempre siguen mirando hacia casa para ayudar a sus familias enviando paquetes y dinero y manteniendo a los más pequeños en la escuela, cada nuevo logro me devuelve al lugar de donde partí, un lugar que en la historia se llamó Dacia Felix cuando fue conquistado por el emperador Trajano, pero que en los cuentos de hadas rumanos se llama “el lugar donde las cimas de las montañas se embisten”, un lugar enclavado entre varios imperios enemigos y enemistados entre sí, al que de todos sus vecinos sólo el Mar Negro nunca le ha deseado el mal. Nuestra latinidad, exiliada en el otro extremo del continente, nos ha singularizado y nos ha dado, junto con la conciencia de que somos diferentes de los que nos rodean, el sentimiento de soledad en la historia. Es un sentimiento del que nunca he podido distanciarme, pero del que ha germinado, como una solución de supervivencia, la poesía.
Aunque al pensar en Platón y al pensar en en mi país me pregunto, en este momento asombroso en que la poesía se encuentra en el punto de mira, cuál es aún, cuál puede seguir siendo el vínculo entre el poeta y los demás, entre la poesía y la sociedad, cuál es el papel de la poesía en nuestro mundo secularizado, tecnificado, informatizado y globalizado.
El enorme honor recibido de la Fundación Princesa de Asturias al concederme un premio de poesía, ¿puede considerarse una prueba de la importancia del capital de esperanza que la poesía sigue representando en este mundo? Más aún, ¿puede «ese algo liviano, alado y sagrado», como definió Platón a la poesía, detener nuestra caída hacia la nada?
De hecho, la pregunta, que no lanzo por primera vez, es: “¿Puede la poesía salvar al mundo?, y mi modesta pero firme respuesta viene avalada por hechos asombrosos.
Por increíble que parezca, durante las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, en las cárceles comunistas de Rumanía se produjo una auténtica resistencia a través de la poesía. El primer Memorial a las Víctimas del Comunismo del mundo incluye una sala con las paredes y el techo enteramente cubiertos de poemas nacidos durante las detenciones. A falta de lápiz y papel, que estaban prohibidos, todo poema necesitaba para su existencia de tres personas: la que lo componía, la que lo memorizaba y la que lo transmitía a través del alfabeto morse, y a pesar de estas precarias circunstancias se compusieron miles de poemas que consiguieron pasar de celda en celda y de prisión en prisión. En sus libros de memorias o recuerdos los presos políticos describen, como un ritual sagrado, el momento de la transmisión de los nuevos poemas, cuando un preso era trasladado de una cárcel a otra. Y luego, tras la apertura de las cárceles, el primer pensamiento de los liberados era transcribir lo que habían memorizado, sin los nombres de los autores o con nombres que presuponían muchas veces equivocadamente, en una verdadera sinfonía de resistencia espiritual, un intento de convertir el misterio de la poesía en un arma de defensa contra la locura. Esta es la prueba de que, en circunstancias extremas, cuando sentían peligrar su propia esencia, los hombres recurrían a la poesía como medio de salvación. Cuando en la poesía se escondían las últimas moléculas de libertad, la gente, asfixiada por la represión, las buscaba, las encontraba y las respiraba para sobrevivir. La poesía no habla de la realidad, sino que es capaz de construir otra realidad en la que podemos salvarnos. Desde el punto de vista etimológico, en griego antiguo el término poesía viene del verbo poiein, que significa construir.
Pero lo que ayer nos salvó del miedo, del odio y de la locura, ¿no puede salvarnos hoy de la soledad, de la indiferencia, del vacío de fe, del exceso de materialismo y consumismo y de la falta de espiritualidad? André Malraux, autor de La condición humana, decía que “el siglo XXI será religioso o no será”. Si, no obstante, estamos demasiado cansados y faltos de fervor religioso, ¿no podríamos salvarnos poniendo la poesía en el lugar del vacío?
Ahora que los robots van camino de ser superiores a los humanos, tendremos que intentar situarnos por encima de todo lo que ellos no entienden. Porque los robots podrán hacer versos, rimas, ritmos yámbicos, tróqueos, dáctilos, sonetos, redondillas, epopeyas, pero nunca comprenderán el sufrimiento y la obstinación por expresar lo inexpresable que se esconde bajo todos esos ropajes, puesto que el misterio no se puede definir ni vencer. Está claro que Theodor W. Adorno se equivocaba cuando escribió que “después de Auschwitz escribir poesía es barbarie”, pues no comprendía que el sufrimiento no prohíbe la poesía, sino que la realza, le otorga brillo y le da significado. Un significado del que la libertad es sólo una pequeña parte.
Al final del Imperio Romano, que parecía ser el fin del mundo, el cristianismo trajo la buena nueva, el evangelio del amor al prójimo que, a pesar de los vaivenes de la historia, ha conseguido mantenernos en equilibrio durante más de dos mil años hasta que, a partir del siglo XX, se ha impuesto el odio (de clase o de raza, entre mujeres y hombres, entre hijos y padres). La poesía moderna es la expresión desgarradora de este desequilibrio existencial.
Me alegra poder afirmar, ante una sala llena de españoles, la importancia que la exclamación de Miguel de Unamuno «¡Me duele España!» ha tenido en mi formación intelectual y espiritual. He utilizado la angustia del filósofo español ante el destrozo de su país como un punto de apoyo en el universo actual, en el que las naciones se difuminan ante las ideologías, como un ancla en la profundidad del tiempo, en cuya superficie se estrellan las olas siempre cambiantes de la posmodernidad, a las que me resisto porque me duele España, me duele Rumanía, me duele el mundo.
A través del grito de Unamuno, que descubrí en mi adolescencia y nunca he olvidado, a través de mis diez volúmenes traducidos al español, esparcidos por el inmenso espacio hispánico, y a través del honor de esta noche, gracias a la Universidad de Salamanca, estoy vinculada para siempre a España. Y en esta noche privilegiada me siento feliz de poder expresar mi gratitud no sólo por el premio, que me conmueve y emociona, sino también por la oportunidad que me brinda para pronunciar estas palabras y que sean escuchadas.
El Premio Princesa de Asturias es diferente de cualquier otro premio otorgado a la poesía porque en su definición combina el misterio de la poesía y el misterio de la realeza, tan extrañamente relacionados entre sí en la medida en que la gente, sin entenderlos y sin saber para qué sirven, siente que sin ellos todo sería menos bello y menos bueno.
Gracias.
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En estos tiempos de materialismo, la poesía se va perdiendo.
Gracias a los que nos han mostrado su belleza.
Ojalá la poesía perdure y surjan nuevos poetas que imiten a estos grandes ejemplos