Agenda Cultural

Consumar el idilio que siempre mantuve con la literatura, ha sido para mí un regalo

Tras haber publicado un libro, con el tiempo el título va madurando. En ese proceso, cuando llega la presentación del mismo en sociedad, me gusta mirar con perspectiva el flujo de hechos hasta el momento y las novedades que transcurren en su evolución.

Ahora, al mirar, me doy cuenta de lo que intuía desde el primer momento. La autora, Diana Talarewitz, es una mujer con un poso vital excepcional, una mujer, para mí, de completa referencia. En estos casos, y como no puede ser de otra manera, hace unos días en el  Hotel Abba Balmoral de Barcelona, nadie quiso dejar de acompañar a Diana en la presentación de su primera novela “La última judía“. Diana estuvo arropada por muchísimas amigas y amigos que la quieren. Por su familia.

Me encanta releer las palabras de Diana para aprender de su proceso creativo, de sus momentos, de su lugar, en definitiva el permitirnos entrar en su intimidad. Intimidad creativa que ha dado a luz “La última judía“. Ella misma nos relata la intrahistoria de su novela.

 

Buenas tardes,

Ante todo quiero daros a todos las gracias por vuestra asistencia que me llena de satisfacción, a la vez que quiero agradecer a Editorial Amarante la confianza que ha depositado en mi novela “La última judía”. Después de dos años de búsqueda, de citas y desencuentros, ha sido determinante, para lograr esta publicación encontrar a Editorial Amarante, que ha apostado por publicármela en un momento en que, el mercado editorial no suele arriesgar con autores noveles y que, la durísima crisis que ha vivido la economía de nuestra sociedad, cebándose en el sector, hace más de agradecer todavía que la haya publicado. Creo sinceramente, que la suerte me ha acompañado.

Y cómo no, agradecer a Dory Sontheimer, escritora reconocida por su novela “Las siete cajas”, su apoyo y afecto al prestarse a presentar mi novela de forma desinteresada y generosa, dándome consejos, para llegar hasta aquí. La amistad entre Dory y yo se remonta a la presentación de su exitosa novela, cuando me atreví a presentarme exponiéndole, lo que en aquel entonces era solo un proyecto ilusionado. Desde que la conocí, hemos tenido ocasión de tratarnos y evidenciar unos orígenes comunes y una historia muy semejante que ha servido para reforzar nuestra amistad. Gracias.

Patrik Modiano dijo, en su discurso ante la Academia al recibir el Premio Nobel de literatura, que un escritor se desenvuelve mejor escribiendo que hablando en público y si lo dijo Modiano, tras lo cual leyó su discurso, y sin que el ejemplo sirva de comparación, le tomaré la palabra y me apoyaré en estos folios. Es evidente y podréis adivinar que estoy emocionada y que, sin el apoyo de estas cuartillas, podría perder el hilo de lo que pretendo comunicaros.

Todo empezó cuando un profesor de bachillerato me hizo amar su asignatura. Desde entonces he mantenido un idilio con la literatura que ha perdurado hasta hoy. El amor a los libros me ha proporcionado la posibilidad de conocer mejor la condición humana y, en consecuencia, ha contribuido a enriquecer mi existencia. De la lectura es fácil pasar a la escritura y eso hice, habiendo publicado algunos cuentos y teniendo alguna novela inédita. Ojalá, que La última judía, sea el arranque de algún otro proyecto que hormiguea en mi cabeza.

Hoy siento una viva emoción al encontrarme en esta sala presentando mi novela, rodeada de mi familia y de mis amigos. Este acto supone la culminación de aquel idilio que nació en mi juventud y que no se ha desvanecido a lo largo de los años. Y aquí estoy, sin creérmelo muy bien todavía. Mi agradecimiento a los que habéis contribuido con vuestro ánimo y amistad a este momento. Quizá, sin contar con buenos interlocutores, algunas veces críticos, no hubiera sido posible concluir esta novela.

Como todos sabéis, escribir es una actividad solitaria que requiere cierta concentración y silencio para adentrarse en un mundo propio apartado de la realidad. Virginia Wolf, refiriéndose a esta necesidad, decía que era preciso tener una habitación propia.

En mi caso he dispuesto de esa habitación pero siempre dejé la puerta abierta y el móvil conectado. No ha sido fácil compaginar la escritura con las exigencias familiares que en muchas ocasiones me reclamaban. A veces me rebelaba por no disponer de mi tiempo para dedicarme plenamente a ello, pero me consolaba recordar que, Clarice Linspector, la escritora brasileña que escribía en el salón de su casa, lo hacía rodeada por todos sus hijos. Si ella pudo, me decía, yo podré. Pero para lograrlo ha sido necesario salvar más de un obstáculo y empeñarme, movida por una gran pasión. Y también por la obsesión que se apodera de todo aquel que escribe, cuando la novela se adueña de uno, y descubre que mientras se hace cualquier otra cosa la cabeza sigue dando vueltas para resolver enigmas o conflictos, hasta lograr que la trama se construya.

Y ahora, entrando propiamente en la novela os diré brevemente su argumento:

“La última judía” narra la historia de una familia judía y su peregrinaje desde Bulgaria, donde arranca la novela, pasando por Estambul y Milán, hasta llegar a España, donde se instalará definitivamente en Barcelona. Una ciudad devastada, como toda España, por la Guerra Civil recientemente concluida.

La vida de la protagonista, Liliane, se verá marcada por este cambio de hogares que le supondrán dejar atrás amores y amigos, ilusiones juveniles y proyectos, pero en Barcelona conocerá a Frank, el hombre con el que compartirá su vida y que sacudirá sus más íntimas convicciones y al que seguirá, venciendo todos los obstáculos. Son los años de la expansión del nazismo y temiendo que su condición de judíos ponga su vida en peligro, se convertirán al cristianismo. Este hecho marcará la vida de Liliane, que luchará por mantener vivas sus costumbres y tradiciones hebreas.

El miedo a que España entre en la Segunda Guerra Mundial le hará temer correr la misma suerte de tantos otros judíos deportados y aniquilados, como así fue para algunos miembros de su familia. Sufrirá la restricción y carestía que imperó en la época de la dictadura franquista de la post guerra, todo esto unido a la incertidumbre de que España pudiera entrar en la contienda.

En este ambiente, qué duda cabe que tuvo que vivir ocultando su condición de judía. No fueron buenos tiempos para manifestar tal condición. A los judíos se les miraba con recelo y alejamiento por parte de la sociedad. Sin embargo, con el tiempo, gracias al Concilio Vaticano II y a los textos del Papa Juan Pablo II, se ha iniciado una actitud de acercamiento, comprensión y respeto, respecto a la Religión judía. Es verdad, que a fecha de hoy, estos recelos perviven en determinados ambientes, pero también es verdad, que la Iglesia, tras casi veinte siglos de distanciamiento e ignorancia, causa de tantísimos males, ha reencontrado el auténtico rostro del judaísmo y la valiosa herencia espiritual que los cristianos han recibido de los judíos, en concreto el Antiguo Testamento y trata, desde entonces, de romper viejos prejuicios, nacidos de erróneas y antiguas enseñanzas.

La última judía es también el relato íntimo de una madre, de una mujer, unas veces desgarrador y otros llenos de sabiduría, a una hija a la que le confiesa momentos de plenitud, avatares y tristezas. Sus hijos y nietos se han criado como cristianos y ella es consciente de ser la última judía de la familia; sabía que, después de ella, ya no se seguirían las costumbres y las tradiciones. Cuando muera su historia será su legado, la memoria de sus orígenes, que dejara en herencia a su hija para que la custodie y la transmita a sus descendientes. De ahí que la protagonista se llamara a sí misma La última judía y eso es lo que ha dado título a la novela.

Es sabido que con el decreto de expulsión de los judíos de 1492, promulgado por los Reyes Católicos, únicamente se les concedió tres meses para salir de España, en tan breve espacio de tiempo sólo pudieron llevarse, como quien dice, lo puesto, malvendiendo sus cosas de valor. Algunos nostálgicos, pensando en un retorno, se llevaron la llave de lo que había sido su casa. Esta historia es análoga con la de la protagonista, siendo la llave el vehículo que abre el diálogo con su hija. Esta novela es para que la descubramos a ella, para que nunca más esté escondida, para que se sepan sus temores y sus miedos, sus luces, sus sombras y sus sueños.

En este sentido, hay tres fechas de reencuentro entre España y los sefardíes: El emocionante encuentro entre el Rey Don Juan Carlos y los sefardíes españoles en la sinagoga de Madrid en 1992, que fue un primer acercamiento; la Ley de nacionalidad española, promulgada el pasado verano de 2015 que permite a los sefardíes acogerse a la nacionalidad española manteniendo la suya propia y a la que miles de personas se acogieron, una norma que, en palabras de algunos ministros del gobierno, supone la “reparación de una injusticia y una deuda histórica”. Y por último, el reconocimiento en este mismo mes de noviembre de la RAE del ladino. De esta forma la RAE quiere premiar a la comunidad judía, que conservó, con mimo las peculiaridades del castellano antiguo, conservando la lengua durante más de cinco siglos como un don precioso, dando lugar al judeoespañol. Así, con el tiempo se ha ido reconociendo la influencia que tuvo la cultura judía en el desarrollo de España.

El proceso de escritura de “La última judía” ha requerido un repaso por la historia de los dos últimos siglos, de manera a enlazar los personajes en el contexto histórico que marcó sus vidas; por un lado el imperio Otomano y el Austrohúngaro; por otro, la preguerra mundial con el fascismo en la Italia de Mussolini y la Guerra Civil y el franquismo en España; de uno tuvieron que marcharse; del otro, integrarse en una nueva sociedad con sus temores y dudas. Como telón de fondo ocupa un lugar relevante en la trama, la Segunda Guerra Mundial, no solo como contexto global, sino de manera directa ya que la familia se vio abocada a un exilio forzoso. Esta es también una historia que narra el proceso de adaptación e integración de personas en situación de exilio hasta alcanzar la plena asimilación en el país de acogida.

Ha sido laborioso pero necesario, no caer en la tentación de convertir la novela en un libro de historia, para ello, me decían, están los historiadores. He contado con la ayuda de colegas que han sido críticos exigentes y que no me han permitido caer en ese error. Las pinceladas históricas de la novela solo pretenden que el lector pueda seguir la trama a lo largo de final del siglo XIX, del XX e inicios del XXI.

“La última judía” es una novela de auto ficción, una historia real novelada, desde el momento que nombres y apellidos son imaginarios, para preservar la identidad de los personajes. Como toda novela, tiene un fondo de verdad y una parte producto de la imaginación, entendiendo la ficción como un ejercicio de la libertad.

El centro de la novela lo constituye el legado que deja tras de sí la protagonista, sus confesiones, sus raíces; las costumbres judeoespañolas, la gastronomía, incluso las recetas de cocina que había heredado de sus padres; las tradiciones y costumbres que siguieron sus abuelos y de los que quedaron por el camino, víctimas del holocausto, con el deseo que no fueran olvidadas por sus descendientes y fueran transmitidas de generación en generación.

Y para terminar, los agradecimientos:

Quiero agradecerle a mi marido su ayuda, por el hecho de estar siempre en la habitación de al lado, mientras yo escribía, padeciendo mis intrusiones en la salita contigua, ante alguna duda histórica e interrumpiendo su apacible lectura. Agradecerle también, que haya sido mi mayor admirador.

A mis hijas les dedico la novela y les agradezco su apoyo y respeto y a mis nietas correspondo a su entusiasmo contagioso y a su ayuda en los temas informáticos.

No puedo olvidar ni dejar de agradecer a mis compañeros y colegas, con los que me reúno todos los lunes desde hace ya tantos años, sus críticas inmisericordes que me ayudaron a conocer otros puntos de vista y que me hicieron reflexionar en muchas ocasiones.

Finalmente, confesaros que, después de haber ejercido mi profesión durante más de treinta años, el haber podido publicar esta novela y consumar el idilio que siempre mantuve con la literatura, ha sido para mí un regalo.

Y termino con la cita de Sthendal que elegí para mi novela:

“No puedo aportar la realidad de los hechos, solo puedo ofrecer la sombra”

De nuevo, gracias a todos por vuestra asistencia.

Gracias a ti Diana por tu generosidad. Y esperemos que este título crezca con ese nuevo proyecto de obra. Tu carrera de escritora va cogiendo solera.

Gracias igualmente a la escritora Dory Sontheimer, autora del libro “Las siete cajas” por su cariñosa presentación.

Vídeo de la presentación

Sinopsis

"La última judía" - Diana Talarewitz

“La última judía” – Diana Talarewitz

La última judía es el recorrido por la azarosa vida de la protagonista y su familia desde Bulgaria, pasando por Estambul e Italia y terminando en España. La protagonista narra, en primera persona, la peripecia de su familia judía, a la que las circunstancias históricas fueron obligando a peregrinar en busca de su tierra prometida. En su relato cuenta las tradiciones y las costumbres sefarditas en el seno de una familia tolerante que no vio inconveniente en que la hija se formara en un colegio de monjas francesas.

La protagonista vive un amor al que se ve obligada a poner punto final en Italia y ante la inminente explosión de la Segunda Guerra Mundial parte con su familia a España. En Barcelona encontrará un país devastado por la Guerra Civil recién terminada.

La última judía” está disponible como libro en formato papel aquí:

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