Es bien sabido que una de las actividades humanas más corrientes y antiguas es el comercio, esto es, el intercambio de bienes por dinero, por lo que a lo largo de los siglos, aun manteniéndose, ha variado sensiblemente.

Hoy día tanto en ciudades pequeñas como grandes, las pequeñas tiendas suelen ocupar el centro urbano, y los supermercados grandes y centros comerciales, con amplio espacio para aparcar los vehículos, y enormes superficies para exponer artículos de todas clases y marcas, se asientan en la periferia. De este modo, los habitantes del centro a veces se quejan de que tienen pocos establecimientos donde comprar productos básicos como comida, artículos de higiene o limpieza, especialmente a precios baratos y con variada oferta, y los habitantes de la periferia, a su vez, echan de menos los locales de comercio donde puede conocerse al dueño y establecer una relación de confianza con el mismo.

Añadimos a lo anterior  que el centro de las ciudades parece estar dedicándose a tiendas singulares, típicas del país o de la comarca, de souvenirs con profusión de bares y restaurantes, sin duda para atraer el turismo, la visita de personas foráneas de paso o negocios, y también a tiendas de ropa, textiles para el hogar, y bienes específicos como libros, productos veganos, artesanía, esoterismo, viajes o artículos exóticos de otros continentes y culturas.

Los modelos de locales comerciales abarcan actualmente todos los tamaños, desde el establecimiento de la única persona que está en él auto empleada, como el que se sostiene en una franquicia de marca conocida, extendida por todo el país o varios países, o el hipermercado de una compañía multinacional, enclavado en un centro comercial comúnmente cercano a una autovía, donde las ventas son altísimas y el flujo de personas y bienes es espectacular.

Los horarios de comercio son una fuente de discusión y de reivindicación laboral en algunos países y ciudades. En las zonas de clima benigno, y esencialmente turísticas, las tiendas abren hasta bien entrada la noche en verano e incluso los domingos y fiestas, rompiendo el horario de cierre clásico de las horas posteriores a la comida de medio día, con lo que el horario comercial puede durar 7 días a la semana y 18 horas al día. Esta apertura intensiva favorece la contratación de personal y la ruina del comerciante individual, que no puede mantener este ritmo de trabajo, y sin duda nos introduce cada vez más en una sociedad de consumo constante y compulsivo.

La variedad de tiendas va variando con los años y las modas. Parece que vuelven a resurgir las panaderías y pastelerías, se mantienen las farmacias, las peluquerías y los dentistas, pero dejamos de ver en nuestras calles los establecimientos de muebles, las librerías, las papelerías, y desde luego las pescaderías, zapaterías y carnicerías, que se recogen en los centros comerciales de gran tamaño. Acaso vuelven a florecer las fruterías, con su exposición maravillosa y cuidada de frutas y verduras.

Observamos a muchos extranjeros tomando las riendas del pequeño comercio, tanto de las verdulerías como de las tiendas de ropa o restaurantes, aportando fuerzas nuevas a un trabajo que puede ser muchos días extenuante por las largas horas de apertura.

Pero sin duda, la gran novedad de nuestra época es el e-commerce, cada día más potente y seguro. Cualquier negocio aspira ya a vender sus productos en Internet, donde no existen distancias imposibles. El idioma usado es el inglés y la traducción de toda web a la lengua autóctona del país al que se quiere exportar es consustancial al éxito en las ventas. Las redes sociales se han convertido en escaparates de consumo también y el marketing digital es una de las carreras más demandadas en sectores tan distintos como la alimentación, la cultura, el ocio o la farmacia. El e-commerce ha estimulado la exportación, la competitividad y el ingenio de los emprendedores, que han de encontrar un punto característico y único de su producto que les permita diferenciarse de sus compradores. El mundo entero puede constituir la clientela de una empresa, centrándose su éxito últimamente en la facilidad para la devolución de los artículos que no se reciban en perfectas condiciones o finalmente no gusten al cliente. Los medios de pago se han vuelto más y más seguros y variados, desplazando casi de manera total al dinero en efectivo e incluso a las tarjetas bancarias, pues ya es muy común pagar con los datos y referencias del teléfono móvil de la persona que compra.

Las grandes plataformas de e-commerce se han impuesto, en unos pocos años, hundiendo el pequeño comercio, el tradicional, el artesano y arrasando en todos los sectores, pues consiguen artículos imposibles de encontrar en tiendas usuales, así como novedades técnicas, comida recién cocinada o artículos usados, entre otros.

Este último mercado, el de los productos de segunda mano, resurge con fuerza, debido a su mejor precio y buena calidad en general, en un mundo donde el cliente se cansa con rapidez de los productos. Las normas internacionales de venta y protección de datos en Internet se van perfeccionando, lo que es lógico al haberse conocido distintos casos escandalosos de venta de datos de clientes, pues estos son muy codiciados. Otro problema añadido es el bombardeo de publicidad que el usuario de Internet contempla cada vez que se conecta a la Red y que no siempre se corresponde con sus necesidades personales o con la mayor calidad que busca en un producto.

En e-commerce el ingenio y la diversidad mundial, así como la facilidad de muestra han creado empresas muy dispares y originales, por ejemplo tiendas de productos veganos, de gourmets, de sexo, de medicinas legales e ilegales, de hoteles, de viajes, de ofertas de empleo, de cursos profesionales, Etcétera.

La competencia, el ingenio y la simpatía siempre fueron los motores del comercio, y siguen siéndolo, en esta relación social y económica, que se transforma pero sigue creciendo de manera exponencial. Conseguir con él la máxima calidad de producto y de relación entre personas es el reto de nuestro tiempo.

                                                                                                                                                                                                                                                                  Teresa Álvarez Olías

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