Entrevistamos al escritor valenciano Salva Alemany, hombre de espíritu inquieto, sus múltiples ocupaciones y estancias en diversos países han generado una cascada de experiencias que plasma en su obra literaria. Su periplo por el mundo despertó en él la curiosidad investigadora, lo que unido al recuerdo de sus estancias en Irlanda, le llevó a documentarse sobre un polémico escándalo: el “Informe Ferns”, que desvelaba una trama de abusos en el seno de la Diócesis irlandesa de Ferns, datos que utilizó en su novela “Éire”. A pesar de haber publicado un libro jurídico técnico, su carrera literaria despegó con su primera obra de ficción, “La suerte no existe”. Su última novela, “Alacrán” (Editorial Amarante, 2018) está teniendo el beneplácito de crítica y lectores. “Alacrán” desarrolla la acción en el avispero mexicano en que se ha convertido la frontera con Estados Unidos. Salva Alemany ha vivido allí y conoce de primera mano lo que está ocurriendo, por esa razón la conversación pivota, inevitablemente, sobre la situación geopolítica.

alacranes-con-alas-600P: ¿Quién es Salva Alemany? ¿A qué se dedica además de a escribir?

R: Trabajo en el Ayuntamiento de València, actualmente mi labor consiste en gestionar subvenciones municipales a las Artes Escénicas, teatro, danza… El resto del tiempo lo dedico a viajar todo lo que puedo. Es imposible entender este mundo sin viajar.

P: ¿Cuánto hay de experiencia personal en tus novelas?

R: Supongo que bastante. Trato de escribir sobre cosas y lugares que conozco, no solamente a nivel geográfico, sino a nivel emocional. Viajar no solo te da una impresión visual y geográfica, también te permite conocer otras realidades y personas. Y por supuesto trato de leer mucho. Desconfío de cualquier escritor que no sea un lector apasionado. Viajar y leer mucho son las únicas herramientas que conozco para intentar entender la realidad.

P: ¿Qué te impulsó a escribir Alacrán?

R: Me atraía mucho la idea de alguien que decide abandonar la violencia. Muchas veces se utiliza el amor como excusa para ejercer la violencia, no por casualidad la defensa propia y la de la familia puede llegar a ser un atenuante o incluso un eximente ante un acto violento. Pero también puede ser una excusa para querer dejar de matar. La relación del protagonista con su hijo es el motor que mueve sus decisiones. El reto era conseguir que el lector llegara a empatizar con un asesino a sueldo que decide abandonar esa vida. Me atraen mucho los personajes poliédricos.

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P: ¿Y por qué decides situar la novela en el norte de México?

R: Las fronteras tienen siempre algo especial, y la frontera del norte de México es un lugar en el que la violencia forma parte de la vida de la gente. No creo que haya ninguna frontera en el mundo que marque tanto la diferencia a un lado y a otro. México es un país hermosísimo, sus gentes son un ejemplo de ganas de vivir y sin embargo la muerte está muy presente. Durante los gobiernos de Calderón y Nieto se produjeron unas 250.000 muertes violentas, 20.000 tan solo en Ciudad Juárez. Estamos hablando de un período de tan solo 12 años. Es difícil hacerse una idea de lo que estas cifras significan. Situar la novela allí no fue una decisión consciente. La historia nace de un relato que transcurría en un ámbito rural, pero luego, como sucede tantas veces, algo cambió, imaginé el desierto, la frontera y un entorno en el que la violencia no fuera un modo tan extraño de ganarse la vida.

P: ¿Cómo ves el futuro de la zona? ¿Cómo puede afectar Trump y la política actual?

R: No soy capaz de imaginar lo que puede ocurrir. México es como una hermosa casa de madera infestada por la carcoma. Había muchas esperanzas puestas en la llegada de López Obrador, el nuevo presidente que será investido el próximo 1 de diciembre. Pero incluso antes de la toma de posesión sus propuestas se han ido moderando. El anuncio de no juzgar a políticos corruptos anteriores, la creación de la Guardia Nacional, un consejo asesor formado por los mismos empresarios a los que decía combatir en campaña… Sin duda es un hombre conocedor de la realidad mexicana, sabe que no se puede producir un cambio sin contar con el ejército, la judicatura ni con los empresarios, pero sanear estas instituciones se me antoja una tarea casi imposible. Ya ocurrió con Evo Morales o con Lula da Silva. Tal vez la gente está ya cansada y espera demasiado. México es un país con 53 millones de pobres en el que toda la riqueza se concentra en tan solo 16 personas. Quizá corregir esa desigualdad sea lo único a lo que se puede aspirar. Pero con los narcos instalados en todas las instituciones, funcionando como una gran empresa, es muy complicado. Hay incluso narco políticos que viven tranquilamente en Miami sin que nadie se atreva a actuar contra ellos. En breve comienza el juicio contra el Chapo Guzmán, uno de los capos más conocidos, que sin embargo no es de los más poderosos hoy en día. Sus fugas de prisión dan la medida de hasta dónde llega el poder del narco.

captusP: ¿Y Trump? ¿Qué papel jugará en toda la zona?

R: Trump es un lunático que juega al ajedrez sin conocer cómo deben moverse las piezas. Es una desgracia para la zona. López Obrador aspira, como todos los que le han precedido, a tener buenas relaciones con el presidente de los Estados Unidos. Pero por nefastos que hayan sido los anteriores, ninguno ha sido tan peligroso como el actual. La Caravana de Migrantes, que partieron de San Pedro Sula en Honduras, una de las ciudades más violentas del mundo y que también conozco, ya se encuentra a las puertas de Tijuana y Trump afirma que deberán esperar en la frontera Mexicana, que no se les permitirá la entrada al país si no pueden demostrar ser perseguidos en México, lo que resulta absurdo. Y no solo eso, sino que ha autorizado a los militares desplegados en la frontera el uso letal de la fuerza alegando que entre los migrantes hay criminales. Sencillamente es una locura. Es un intento de atemorizar a los americanos y justificar la violencia indiscriminada en una zona ya de por sí tan castigada.

P: ¿Cuáles son tus referentes dentro del género negro?

R: Hay tantos que me resulta difícil reducirlos a unos pocos. Yo me enamoré de la novela negra cuando leí a Raymond Chandler, su sentido del humor definió para mí el estereotipo del detective privado. Más que autores, me marcan determinadas novelas, a veces escritas por gente como Martin Amis, que no son precisamente autores negros, su Tren Nocturno es una de mis novelas de cabecera. Confieso que siento predilección por la novela negra americana, pero a nivel nacional hay gente nueva escribiendo cosas fantásticas, Carlos Bassas del Rey, Jordi Ledesma o Iván Repila son algunos de mis favoritos. Y la irrupción de escritoras dentro del género es imparable, autoras como Susana Rodríguez Lezaun, Dolores Redondo o Graziella Moreno toman el relevo de otras tan consagradas como Alicia Giménez Bartlett. Creo que el género está viviendo uno de sus mejores momentos. No quisiera olvidarme de autores mexicanos, entre los que recomiendo encarecidamente a Yuri Herrera, cuya prosa me tiene enamorado.

P: Si pudiéramos echar un vistazo al ordenador de Salva Alemany ¿qué nos encontraríamos?

R: Pues te encontrarías con una nueva novela terminada, que llevará por título Peces Eléctricos, bastante diferente de Alacrán, aunque también de género negro. Una novela que comienza en un pueblo de Cuenca y termina en mitad de los Estados Unidos. Espero ser capaz de convencer a algún editor de que merece la pena. También tengo un proyecto muy avanzado que será una comedia negra, me apetecía mucho escribir algo de humor, un género muy minusvalorado que ha dado grandes novelas. Y, esta sí, transcurre en España, aunque no sé si seré capaz de impedir que sus personajes salgan de viaje. Sin viajar la vida resulta muy aburrida.

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