Salva Alemany. Alacrán, en el avispero mexicano

Entrevistamos al escritor valenciano Salva Alemany, hombre de espíritu inquieto, sus múltiples ocupaciones y estancias en diversos países han generado una cascada de experiencias que plasma en su obra literaria. Su periplo por el mundo despertó en él la curiosidad investigadora, lo que unido al recuerdo de sus estancias en Irlanda, le llevó a documentarse sobre un polémico escándalo: el “Informe Ferns”, que desvelaba una trama de abusos en el seno de la Diócesis irlandesa de Ferns, datos que utilizó en su novela “Éire”. A pesar de haber publicado un libro jurídico técnico, su carrera literaria despegó con su primera obra de ficción, “La suerte no existe”. Su última novela, “Alacrán” (Editorial Amarante, 2018) está teniendo el beneplácito de crítica y lectores. “Alacrán” desarrolla la acción en el avispero mexicano en que se ha convertido la frontera con Estados Unidos. Salva Alemany ha vivido allí y conoce de primera mano lo que está ocurriendo, por esa razón la conversación pivota, inevitablemente, sobre la situación geopolítica. Sigue leyendo Salva Alemany. Alacrán, en el avispero mexicano

Luis Díaz Viana, uno de los baluartes de la 50 Feria del Libro de Valladolid

Luis Díaz Viana
Luis Díaz Viana (Foto: M. Chacón)

Se ha presentado esta mañana, en el Teatro Zorrilla de la Plaza Mayor de Valladolid, la última obra de Luis Díaz Viana, acto enmarcado en los actos de la 50 Feria Municipal del Libro de Valladolid. El autor ha dicho de su libro Miedos de hoy que pretende ofrecer “una guía para andar por el mundo”. El intelectual castellanoleonés destaca que la sociedad vive atenazada por su miedo al pasado y al futuro.

Antropólogo filólogo y escritor, Luis Díaz Viana, ha sido profesor de la Universidad de Salamanca, investigador asociado del Departamento de Antropología de la Universidad de Berkeley y es, en la actualidad, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas e investigador del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid. Especializado en la investigación de las culturas populares e innovador en su estudio, ha sido director de la Colección “De Acá y de Allá” de Fuentes Etnográficas del CSIC, y miembro del Consejo de Redacción de la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, así como de varios consejos asesores, comités científicos y asociaciones profesionales dentro y fuera de España. Ha publicado más de setenta obras individuales o colectivas, buena parte de ellas dedicadas a la realidad antropológica castellana y leonesa, con especial atención a sus problemáticas, como en “¿Dónde mejor que aquí?. Dinámicas y estrategias de los retornados al campo en Castilla y León” (2013). En la última década viene ocupándose de los nuevos relatos de la sobremodernidad, así con los libros “El regreso de los lobos. La respuesta de las culturas populares a la era de la globalización” (2003), “El nuevo orden del caos: consecuencias socioculturales de la globalización” (2004) y “Narración y memoria: anotaciones para una antropología de la catástrofe” (2008). Ha sido reconocido con diversas distinciones como el Premio Castilla y León en Ciencias Sociales y Humanidades, el Premio Nacional de Investigación Cultural “Marqués de Lozoya” al mejor artículo del Ministerio de Cultura y el Premio de Novela “Ciudad de Salamanca”.

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Una de las novedades más interesantes de esta temporada: “Miedos de hoy”

Miedos de hoy, incide en que hace tiempo que la mayoría de los relatos urbanos de las culturas populares nos hablan desde el desconcierto y hacen hincapié en el miedo. Un miedo al mañana. A un mundo al que ya estamos llegando. Y es que el vivir, hoy, en un panorama de “no-lugares” no nos ha hecho más cosmopolitas ni más seguros; el movernos en la fugacidad del “no-tiempo”, del instante, de la “aceleración”, no nos ha convertido en más contemporáneos a unos de otros; el que la “información global” nos abrume día tras día no nos ha tornado más sabios; y la aparente obsesión por “memorializar” cualquier suceso no nos ha vuelto más conocedores del pasado ni salvado de la desmemoria. Estamos a la intemperie. Desasidos del ayer y temerosos del futuro. Por ello, volver los ojos a los escenarios de la sobremodernidad desde la mirada antropológica no es sólo algo enriquecedor sino necesario en estos momentos de crisis.

El autor, a preguntas de los medios ha indicado que:

Vivimos en una época axial, entre el miedo al pasado y el miedo al futuro. Es un tiempo de cambio, donde muchas cosas ya no van a ser como eran y ya no las vamos a reconocer. Todavía hay muchas cosas que no se han terminado de transformar y otras que están cambiando demasiado deprisa. Es un momento de miedo, inseguridad y gente sin rumbo, sin anclajes, porque ya no valen los que había antes.

Acompañado por el catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Valladolid, Ricardo Martín de la Guardia, Luis Díaz Viana aseguró que:

Una sociedad dominada por el miedo no conduce a ningún sitio bueno. Lo que hay que hacer es cambiar el chip y darnos cuenta de que los acontecimientos, que parece que nos caen encima sin que tengamos la opción de intervenir sobre ellos, no pueden ocurrir sin nuestro permiso o en nuestro nombre.

Antes vivíamos la globalización, ahora llega Trump para dar un golpe de timón completamente contrario… No, nosotros estamos aquí, nos estamos quedando sin trabajo… ¿Qué tenemos que hacer? Ser conscientes de todo ello, cada uno en nuestra tarea. En ese sentido creo que el libro es una guía para andar por el mundo. No es nada parecido a un libro de autoayuda, pero puede ayudar a comprender qué cambios se están produciendo y cómo nos están afectando.

El Premio Castilla y León de las Ciencias Sociales y Humanidades 2016 aseguró que el germen de esos miedos que atenazan a la sociedad en estos momentos se deben a que

estamos viviendo un cambio de paradigma y de coordenadas. Antes la gente se situaba en el mundo espacial y temporalmente, ligando ambas cosas con la memoria y los relatos que la memoria construía. Tú sabías de dónde venías, dónde estabas, el tiempo era algo que te demostraba que había habido gente antes que tú que tenía algo que enseñarte, y la memoria ligaba todo eso. Hoy en día más que lugares hay no lugares, y no hay tiempo, porque la abrumadora acumulación de noticias conlleva una sensación de que el tiempo no existe y estás en un perpetuo presente, que está continuamente cambiando. Eso causa temor.

Además, Díaz Viana aseguró que

se está produciendo una inflación de memoria, y esa “triple negación” del espacio, el tiempo y la memoria, es la que provoca que en estos momentos exista “gente muy perdida”.

Respecto a la sobremodernidad, el autor señaló que al contrario de lo que algunos pensaban, de que después de la modernidad llegaría la posmodernidad, como una superación de la modernidad, en estos momentos nos encontramos ante “una modernidad intensificada, que ha llevado a una hipermodernidad o sobremodernidad”.

Según recordó, a todas estas cuestiones le ha dedicado buena parte de su obra, con títulos como El regreso de los lobos (2003) o El nuevo orden del caos (2004) considera que

“avistaban cosas que han sucedido después”. He seguido trabajando y reseñando lo que pasaba, lo que ocurría. Por desgracia en muchas cosas veo que tenía razón. ¿Por qué? Porque al fin y al cabo no he hecho más que escuchar a la gente. Si se escuchara más a la gente, o si la propia gente se diera cuenta de que está contando determinadas cosas por esos miedos que vive, por esas incertidumbres, quizá nos iría mejor.

Ficha del libro:

Título: Miedos de hoy (Leyendas urbanas y otras pesadillas de la sobremodernidad)
Autor: Luis Díaz Viana
Género: Ensayo – Humanidades
Año: 2017 – Editorial Amarante
ISBN: 978-84-946681-9-7
Páginas: 244
Formato: Tapa blanda con solapas
Tamaño: 17×24 cm
Precio: 21 €

Bájate el índice del libro desde:

https://editorialamarante.es/libros/ensayo/miedos-de-hoy-leyendas-urbanas-y-otras-pesadillas-de-la-sobremodernidad

Romanticismo 3.0

Estamos viviendo un tiempo de lo más interesante, a nivel social e intelectual, un momento clave en la historia de la humanidad. Tiempo de transición, de muda, puerta a otra manera de vida, incluso a otra forma y visión de la urbe, del arte, del comportamiento, una nueva estética irruptiva en nuestro pensamiento. Nueva manera de vivir adaptada a la tecnología implantada y a la que está por implantarse, atisbada ya en el horizonte inmediato. Y siempre la duda de si acabaremos en una semi-destrucción necesaria o encontraremos el camino a un equilibrio planetario en todos los aspectos.

Este tiempo, parecido a otros pero nunca igual, y como cada “tiempo”, se envuelve en su textura ideológica y marca nuevas tendencias en el arte, que comenzaron hace más de treinta años y ahora desembocan en algo nuevo con la fuerza que permite hablar de la generalidad y de sus características que la definen.

La idea romántica nace por la necesidad de sacar la inquietud intelectual y artística de los corsés modales que venían prefijados en occidente, desde el Renacimiento, y sobre todo la inquietud por el amor no convencional y el abrirse a estéticas de otras civilizaciones que desempañarán un neoclasicismo floreado de finales del dieciocho.

Pero lo que subyace en el fondo, la espoleta que prende la cuestión, es el cambio de manera de vivir, es la Revolución Industrial como dinamizadora de la “mutación” a partir de principios del diecinueve.

Veremos una segunda idea romántica posterior y en distintas etapas según países europeos y disciplinas artísticas. Se nos antoja la música rusa de finales del diecinueve y principios del veinte. En España, y con respecto a la literatura lo encontramos en el último cuarto del ochocientos, en plena Restauración Borbónica. Los escritores cultivan

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Museo del Romanticismo. Madrid

esencialmente el melodrama, el folletín; costumbrismo contemporáneo en el teatro principalmente, y con el rasgo específico de poseer un fin que de ejemplo a través de una exposición de lo negativo, tal y como defendió Eugenio Sellés en el prólogo a la segunda versión de una de sus obras clave Las vengadoras en 1891.

Este Neorromanticismo (romanticismo 2.0) trató de actualizar los postulados románticos adaptándolos a la sociedad burguesa y combinando dos elementos incompatibles: el Romanticismo exagerado y el Positivismo y Realismo latentes en su tiempo, con lo que dio a luz una literatura de costumbres contemporáneas moralizante que usaba procedimientos románticos y abusaba de las situaciones trágicas y patéticas; cada una de las obras plantea un caso de conciencia, un problema ideológico o un conflicto entre deberes. Detrás de todo esto volvemos a encontrar una sociedad mudando, un gran despegue económico y tecnológico (el automóvil, la radio, el desarrollo masivo del ferrocarril, etcétera), movimiento, que con sus altibajos y distintas fechas según países, duró aproximadamente hasta la Primera Guerra Mundial, raíz de todo lo que nos ha tocado vivir y pensar hasta la llegada de Internet.

Pero ha sido la señorita Stone, sí, Emma Stone, la jovencísima protagonista de la exitosa película “La Ciudad de las Estrellas – La La Land” quien me ha espoleado a escribir estas líneas, dice la Stone en su enésima entrevista, esta vez en El Mundo, respondiendo a la pregunta:

Pero ¿hay lugar para el romanticismo en esta sociedad de Trump, de guerras y de gente que se odia? ¿Queda espacio para ello?

Espero que sí. Y de hecho lo hay porque cuanto más intentas matarlo, mayor se hace. Es muy importante que avivemos el romanticismo, la esperanza y los sueños. Me gusta fomentar la idea de que aunque las cosas parezcan desalentadoras a un nivel muy micro cósmico, no a nivel político, sino personal; aunque una persona creativa piense que no hay esperanza, así que mejor lo dejo; a la vuelta de la esquina puede haber algo que no había percibido… Y si sale de sí mismo un poco más puede pasarle algo increíble. Sería bueno que todos a título individual lo experimentáramos.

Esta es la forma de vulgarizar el término, de equivocar y señalar lo que no es. La señorita Stone ha oído campanas pero no sabe dónde. La película, en concreto, está velada por una estética posmoderna y hipster de lo más rosa, acaso rosa palo, pero rosa al fin y al cabo. Y no nos equivoquemos, lo hipster que busca lo alternativo, lo vintage, la cultura independiente, etcétera, no deja de ser un romanticismo de cartón piedra, es un “culturetismo” cursi y demodé que intelectualmente no lleva a ningún sitio.

El romanticismo es revolucionario, sin revolución no hay romanticismo. Creer que solo el dandismo de los románticos ingleses o alemanes era suficiente es un error, el “postureo” y la imagen tienen que acompañar al discurso intelectual. Ahora se está apuntando una revolución y ahí es donde radica el nuevo resurgir del romanticismo, el 3.0 que se abre a la literatura, al arte y tímidamente a la música, aunque ahí costará más tiempo. Y tenemos que darle las gracias a artistas que han tenido que romper la barrera generacional, desencantados de los años 80 y 90 sobre todo, y dar un paso adelante y mirar al frente, observar el entorno, poner los pies en la tierra primero y luego crear.

El Romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo, de ahí las antiguas corrientes que se dispersaron por occidente como el parnasianismo, el simbolismo, el decadentismo, el prerrafaelismo, o el modernismo posromántico entre otras. Entonces, tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, la pintura y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo xx, el surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos de la exaltación del yo. Y hoy, tenemos que fijarnos en esas masas de gente que protesta, por las calles de muchas ciudades de Estados Unidos, contra Trump, acaso la mayoría haya leído y escuchado a Dylan, un dandi revolucionario prerromántico e influyente. Como lo fueron Richard Hurd en Inglaterra, Chateaubriand en Francia, Goethe en Alemania, y Menéndez Valdés o Goya en España.

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Foto: Alex Lang. Transhumanism, bionics, conspiracies, mega corps, ciberpunk.

El romanticismo 3.0 mira a las nuevas tecnologías, las usa y las desea, pero es crítico. Este neorromanticismo no quiere involución, ni un paso atrás en los derechos civiles conseguidos con tanto esfuerzo, sudor y sangre a lo largo de las dos etapas inter-románticas, a lo largo de los últimos doscientos años. Confiere prioridad a los sentimientos, pero no a la sensiblería y a lo rosa insustancial. Rompe con la desolación y el desencanto del posmodernismo de finales del veinte y se aferra al futuro para tener voz y voto en el desarrollo ultra-tecnológico que se nos avecina, para que el individuo sea pieza necesaria. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso su rasgo revolucionario es incuestionable.

Tenemos que hablar de distintos movimientos tanto en arte como en literatura, y encontrar en esta onda al minimalismo sobre todo cuando es otra cosa además de conceptualista, el anti dualismo como expresión que se sale de los paradigmas expresivos (no blanco o negro), el ciberpunk como definidor de un futuro no deseado; y otros de muy reciente surgimiento a los que no les faltarán etiquetas, a veces necesarias para poder caracterizarlos. Siempre con la pátina de sentimiento profundo, meditado y compartido (amor humano a raudales sin estereotipos y en lucha por des-erotizar una sociedad que ha convertido el sexo en meta, como tantas otras cosas materiales que lo único que producen es frustración). Ahora, ponemos la vista en oriente, en Corea de Sur, Japón, algunas metrópolis chinas, desde donde nos llega literatura, música y arte en general con una estética romántica y nada apocalíptica que está influyendo de manera importante en la juventud europea.

Carlos de Tomás

Foto portada: Copyright Nacho Tomás. “Tokio, bajo puentes”