Me despierto en un tren que me lleva de vuelta a casa. Todavía adormilada tardo un segundo en saber si es viaje de ida o de vuelta. Despierta del todo sigo tengo dudas de cuál es cuál. Voy a por un café al vagón restaurante y escribo en la servilleta algo más que el resto de café en mis labios:

Para mi Galicia es volver a casa y sentir el abrazo de los míos.

Es encontrarme con la niña que fui y ver si le gusta la mujer en la que me estoy convirtiendo.

El olor, sus acentos, su mar.

Es sentirme cuidada. Es volver a pararse a pensar las cosas, ir con sentidiño. Es sentir punzada porque la morriña se pone en pausa pero volverá con más fuerza si hay algo que celebrar, si hay alguna herida que curar.

Es refugio. Si piso verde es casa.

El eco de los soportales en la zona vieja. Gritar libertad al subir a cualquier mirador y que el viento te devuelva tu voz, dándote la razón.

Es una cocina llena de gente de todas las edades conversando sin prisa. Son vecinos que se saben tu nombre. Que te han visto crecer.

Y Madrid… Madrid es caos. Es jungla. A veces frenética pero también calma, porque sorprendentemente sabe ser oasis.

Inevitablemente Madrid es amor.

La luz, sus sonidos, su diversidad.

Es caminar sintiendo que todo Malasaña es para ti y que al girar en cualquier esquina te comerás el mundo. Es sentir vértigo en el descenso, al caminar por Gran Vía y ver que eres una entre cientos.

Es llegar y jugar por sus calles a ser muchas personas diferentes hasta averiguar cuál de ellas eres de verdad.

Es descubrir personas y tener miedo a tener que soltar. Porque Madrid tiene un poco de muchos lugares y quizá del que te encariñes, algún día quiera marchar. Porque Madrid para algunos es temporal, aunque sus anécdotas sean perennes.

Es recibir visitas y perderse recordando anécdotas de aquí y de allá.

    Lanzar un hola al aire mientras te acercas. Besos. Un abrazo. Un café que se bebe caliente porque no da tiempo a que se enfríe. Un qué tal. Cuéntame mi ausencia en este rato que presiento fugaz. Las calles de siempre, iguales pero piso diferente.
    Ver que todo está bien, a veces con saberlo no es suficiente. Abrazar. Apretar. Sostener. Y nos vemos pronto.

Los días pasan rápido pero la sonrisa se va lenta.

Sara Carballal


Gracias por comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: