Tuve serias dudas de hacer este artículo por miedo. Me explico: no quiero pretender ser ejemplo de nada, porque no lo soy y menos en este tema. Otro miedo, es a las críticas. Al ojo que observa con el dedo acusador preparado para disparar a la mínima oportunidad.

Me doy cuenta que en temas de lo más variopintos ocurre que, cuando alguien entusiasmada nos cuenta su nueva faceta, sospechamos. Levantamos la ceja de la desconfianza y parece que no la bajamos hasta que la sustituimos por la de placer que nos otorga la razón que nosotros mismos nos hemos concedido.

Por poner un ejemplo: alguien nos comenta que ha decidido fijarse más en lo que come, para hacerlo de forma más consciente y esperando de esa forma hacerlo mejor. Ceja levantada y preparados para apuntar, sonrisa de satisfacción, dedo acusador y… “¡JA! Muy sanas esas patatas fritas no deben ser” y tiramos por tierra todo cambio que haya hecho esa persona que ni hizo el cambio para satisfacerte, ni en ningún momento ha dicho que pretendía ser perfecta.

Esto ocurre con el deporte, propósitos respecto a nuestras aficiones, feminismo y un largo etc., en el que se incluyen los cambios que cada uno hace respecto al problema del cambio climático. El primero sería tomar conciencia y el segundo hacer algo.

Llegados al tercer punto, empezar ese algo que se haya decidido sea del tipo que sea, se añade otro esfuerzo y es aguantar el dedo acusador esperando a que cometas un error. Para esa persona, que compres algo de plástico será una victoria.

Porque en la vida hay muchas opciones y hoy me quedo con tres:

1. Ver a una persona que hace algo e informarte y decidir respetarle (incluso animarle) pero no hacer nada;

2. Escucharle, aprender y poner en práctica aquello que nos aporta adaptándolo a nuestra circunstancias;

3. No hacer nada y echar por tierra lo que esa persona sí hace. Restándole importancia y consiguiendo que se desanime.

Si me permitís explayarme un poco más -si habéis llegado a este renglón- desarrollo: si mi vecino hace 3 cosas y yo hago también 3 cosas, podemos discutir abogando porque nuestra postura es la mejor y su práctica es una mierda; podemos escucharnos y quizá con suerte cada uno pasemos a 6 actividades positivas cada uno; o podemos dejarnos contagiar por la vecina del tercero con su mal rollismo y dejar de hacer nuestras 3 cosas, que total para lo que conseguimos… El marcador como bien estáis pensando, da 0.

Con esto último en cuenta, pongo una pequeña lista de pequeñas acciones que podemos hacer para reducir el consumo de plásticos y la reducción de basura en general, algunas las pongo en práctica y otras espero que en corto plazo. Reconocer desde aquí lo aprendido a mi prima Ana, que con su ejemplo y su cariño siempre hace que los que estemos a su lado sumemos (y no solo en este tema):

  • Llevar una bolsa de tela siempre con nosotras
  • Evitar productos hiperenvasados: mandarinas envueltas en Porexpan, por ejemplo
  • Usar discos desmaquillante lavables
  • Utilizar la copa menstrual
  • Comprar productos a granel: té, frutos secos…
  • Cápsulas reciclables para las cafeteras
  • No utilizar pajitas de plástico con la bebida
  • Evitar vajilla de plástico de usar y tirar, en caso de emplear desechables mejor de cartón
  • Utilizar gel y champú en pastillas

Os animo a que bajéis el dedo acusador, cojáis un boli y añadáis vuestras aportaciones.

Como leí hace poco “no se necesitan unas pocas personas haciéndolo perfecto, sino un millón de personas cometiendo algunos errores” y es verdad, en este y tantos otros temas.

Sara Carballal

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