Todos recordamos la triste experiencia de Odiseo al retornar a casa. El primer trauma, antes de descubrir la traición de los pretendientes que acosan a Penélope con sus requiebros, es el que priva a nuestro héroe de su memoria. Para protección suya, Palas Atenea, la hija de Zeus, envuelve a Odiseo en una niebla que impide su reconocimiento, una niebla que no sólo oculta y protege, sino que también distorsiona, transformando los largos caminos de su memoria, los puertos cómodos para fondear, las rocas escarpadas y los árboles florecientes en formas extrañas e irreconocibles (la mutación, ya sabemos, es la astucia de los dioses). Allí donde debería haber reminiscencia hay desesperación. Allí donde debería haber memoria hay confusión.

Jorge L. Penabade - Editorial Amarante
Jorge L. Penabade – Presentación de Sábado Inglés

Presentar al fin en casa una novela como Sábado inglés, que ha tenido su modesta Odisea, recorriendo unas pocas plazas solitarias y, en alguna ocasión, difíciles, ha sido un poco como disipar esa niebla que borra los caminos y los puertos seguros. Uno sabe que detrás de esa bruma está el hogar porque se muestra ante él sin velos, despojado de su propia astucia, sin ocultaciones, sin máscaras, expuesto a un público para el que, siquiera por un momento, un libro deja de ser lo que en el fondo es: una conversación diferida.

Jorge L. Penabade - Editorial Amarante
Jorge L. Penabade – Presentación de Sábado Inglés

Saber que uno no necesita de niebla alguna para mostrarse, que no tiene que mantenerse incansable en el dolo, como el astuto Odiseo, resulta así un alivio. Escribir un libro ha servido al menos para eso, para saber que en casa no le esperan a uno los silencios y las violencias de una Ítaca inaccesible.

Jorge L. Penabade
(Imágenes cortesía de Mª José Villacé Ortega)

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