La novela negra, la policíaca, triunfa en España desde hace décadas, mejorándose en calidad año a año y, tanto ésta como la romántica, baten récords de venta y de lectura.

Esa novela negra siempre jugó con la vida privada de los policías y detectives, gente amargada y solitaria, pero en los últimos tiempos ha exhibido dos novedades: la introducción de mujeres policías en la trama, que tienen una vida plena, feliz en general, familiar, y la descripción precisa, bella y emotiva del entorno de las ciudades donde viven policías y criminales.

Muchas novelas de este cariz me han resultado atractivas, pero cito algunas: El último barco, La danza de los tulipanes, la trilogía sobre Vitoria y la del Baztán.

Un detalle curioso es el retrato fidedigno del paisaje de Euskadi, urbano y rural en Ibón Martín con La danza de los tulipanes y Eva García Sainz de Urturi con su trilogía sobre la capital de Euskadi. Mujeres policías ertzaintzas son dibujadas por autoras y autores vascos, a las que añaden costumbres, leyendas e incluso vocabulario de esta autonomía. Vitoria y la costa vizcaína parecen en cada página con su olor a mar, su marisqueo, su cielo gris, sus campos verdes y sus tabernas. Suponen una renovación total del género, una pincelada nueva exhibiendo tecnología, gastronomía y vida cotidiana. Todo ello mezclado con la necesidad de encontrar al asesino o asesinos que siembra de cadáveres los frescos valles norteños.

Navarra y su mitología aparecen claramente en la obra de Dolores Redondo (premio Planeta 2016 por otra obra: Todo esto te daré), que presenta a una inspectora joven, madre en el último de los libros de la trilogía, heredera de toda la inteligencia y suerte, además del tesón que caracterizaba a los sesudos inspectores británicos, alemanes o franceses, que fumaban durante horas, abandonados por sus apremiantes jefes, arrinconados, tocados finalmente por la diosa Fortuna al desentrañar la identidad de criminales sanguinarios.

El paisaje gallego y el entorno de Vigo, rindiendo homenaje al inspector templado, humano, presionado y finalmente sublime, se plasma con gran realismo en la obra de Domingo Villar en El último barco. Curiosamente, el norte de España con su verdor, su costa y su amor a la buena mesa son el marco de todas estas novelas, como si la lluvia pertinaz, la tradición y las policías autonómicas conformaran un círculo mágico de asesinatos y funcionarios empeñados en parar la violencia, el crimen y el miedo de la gente ante tal horror.

Ninguno de estos libros se resiste a narrar imágenes de interrogatorio a los detenidos, de captura de sospechosos, de decepción en los policías ante un nuevo crimen, de sufrimiento por no llegar a evitar el delito, de crisis familiar por la dificultad en llegar a discernir el desenlace, en el hilo clásico de escenas de detectives desesperados, que precisan exprimir sus neuronas, hablar con testigos mil veces, pasear por los lugares donde acontecieron los crímenes, asistir a los entierros de las víctimas y cómo no, entrar en crisis en un momento dado, por no dar con el criminal, hasta resurgir de sus cenizas como el ave fénix y encontrar la verdad.

La búsqueda clásica de pruebas en las ciudades de los crímenes, recorridas calle por calle amorosamente, es un hecho retratado también, y además advertimos modernidad de los argumentos como la violencia de género, el cambio climático, o el gobierno de Donald Trump.

De esta forma, toda la literatura negra clásica se vierte ahora en relatos consistentes, apegados a ciudades españolas, redactados por autoras y autores jóvenes, conocedores en profundidad de las funciones y organigrama policial, de las ciudades descritas con precisión absoluta y de las relaciones con los jueces, con los concejales y con los periodistas.

El ansia por conocer al asesino obliga al lector a devorar los capítulos y a comprar estas novelas ya sean únicas o trilogías, lo que redunda en beneficio de la cultura. No solo eso, sino que la descripción de lugares es tan real que las películas que se han hecho de algunas más la publicidad contratada a tal efecto han conseguido incrementar al máximo el número de turistas que se han interesado por los lugares y rutas donde se desarrollaba la vida personal y laboral de esos policías. De esta forma, el turismo y la cinematografía se han beneficiado del éxito de este género literario.Estas obras compiten con series de televisión del mismo signo, que atrapan al espectador en todos los países y contribuyen a la afición por la novela policíaca.

El éxito de la novela negra actual podría deberse a:

a) El morbo evidente de los seres humanos por los crímenes.

b) El desarrollo lento, preciso y detallado de una línea de pensamiento, el de la policía, a quien se le reconoce una gran inteligencia, bastante intuición y un método deductivo incansable.

c) El desenlace inesperado, al final de la obra, que compensa la labor metódica de los inspectores.

d) La labor de equipo de los policías, que se apoyan en el trabajo de campo de sus subordinados, que hoy día debe su efectividad a la información que se tiene clasificada, a los avances científicos en ADN, a la composición de fotografías por ordenador y a las cámaras callejeras que están instaladas por todas partes.

e) La simbiosis del lector con el o la protagonista, por su vulnerabilidad, sus fracasos concatenados antes de la victoria final, sus problemas con la jerarquía policial y con su propia familia por dedicar excesivo tiempo a su trabajo, por sus amores y desamores, sus problemas con la comida, la bebida y el sueño, como cualquier mortal agobiado por las preocupaciones laborales.

Por todo ello, agradezcamos al éxito de la novela negra española reciente el acercamiento masivo de la población a la lectura.

Teresa Álvarez Olías

Disfruta de la obra de Teresa Álvarez Olías

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