La lucha contra el cambio climático

Solucionar nuestro destino: sobrevivir en el planeta que habitamos y conservarlo para nuestros hijos, nietos y resto de generaciones que nos sucedan.

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El reto trascendental que vivimos hoy en La Tierra, nuestro paraíso, va a resolverse con la voluntad e inteligencia de dos sectores humanos que nunca antes pudieron aportar su ingenio constructivo, original y excelente a la resolución de conflictos de vida o muerte: las mujeres y los jóvenes, los cuales, añadidos a la experiencia masculina de progreso y desarrollo, formamos un tsunami de conciencia para solucionar nuestro destino: sobrevivir en el planeta que habitamos y conservarlo para nuestros hijos, nietos y resto de generaciones que nos sucedan.

Describamos el problema:

A) Consumismo compulsivo de alimentos, ropa y tecnología en los países desarrollados.

B) Contaminación de aguas, tierras y atmósfera hasta límites incompatibles con la supervivencia de vegetales y animales, incluidos los racionales.

C) Hambre y pobreza alrededor de todas las ciudades y pueblos del mundo, combinadas con exceso de productos podridos y nocivos para el medioambiente.

D) Cambio drástico en nuestro clima con catástrofes naturales extremas como seísmos, sequías infernales e inundaciones, olas de calor y calentamiento general de la temperatura en el globo terráqueo, con la pérdida consiguiente de glaciares, lagos, bosques, así como incendios devastadores nunca antes conocidos.

E) Intensiva y desmesurada explotación animal para que los humanos nos alimentemos de carne en exceso, lo que conlleva desecación de ríos y aguas subterráneas, pues es preciso producir la comida de estos animales con ingentes cantidades hídricas.

F) Incremento de la desigualdad entre los seres humanos, ya que el cambio climático afecta con mayor intensidad a las personas más vulnerables, que no pueden acceder a la tecnología que alivie sus problemas, y que, a menudo, emigran a otros países donde se les margina.

Muchos males son los descritos, ciertamente, pero una sociedad que ha llegado a la luna y se ha expandido por el territorio mundial durante milenios, a pesar de cientos de desastres naturales y agresiones humanas sufridas, como guerras, deforestación y abandono de ciudades, puede colaborar activa y urgentemente en encontrar soluciones al peligro de extinción que nos acecha.

Somos una población diversa, enorme, y por tanto plagada de cerebros excepcionales, que ha escarmentado de guerras y convulsiones y es capaz de tomar acuerdos internacionales firmados en esta época de paz, responsabilidad, respeto y enorme progreso de la ciencia y la técnica. Todas estas características superan con creces la comodidad, la irresponsabilidad, el egoísmo y la indiferencia de algunos humanos, más preocupados por su propia riqueza y pereza que por su porvenir como especie.

Como mujer, y desde la humildad, entiendo que las soluciones, urgentes, desde luego, al problema que nuestra despreocupación ha generado serían, entre otros:

1) Abandono del consumismo compulsivo y las compras estériles, también del uso continuo de vehículos alimentados con derivados del petróleo, léanse aviones, turismos y motos. Es urgente la utilización de otras energías no contaminantes en el transporte.

2) Control en la explotación de materias primas y tratado de las mismas en sus países de origen, lo que además de enriquecer a estos, ahorra costes y polución.

3) Alimentación vegetal en su mayoría, olvidándonos del azúcar, las grasas y la sal en exceso, así como de los aditivos artificiales y potenciadores del sabor nocivos.

4) Cooperación entre países para salvar los océanos, destacando el Mediterráneo, por el exceso de basura y energías que aniquilan su fauna y flora.

4) Animar a nuestros hijos a volver a jugar en las calles, a realizar excursiones, a vivir al aire libre, a levantar la cabeza del ordenador y la tablet mucho más de lo que lo hacen.

6) Limpiar los cauces de los ríos, las montañas y las playas de desechos industriales.

7) Reciclar correctamente la basura y transformarla en componentes de materiales útiles, empezando por los ayuntamientos y siguiendo por todos los particulares.

8) Instaurar la lucha contra el cambio climático como asignatura transversal en la enseñanza obligatoria.

9) Volver a la ganadería tradicional, con los adelantos tecnológicos precisos, que no hacinen animales en condiciones de esclavitud, que los respeten, que cuiden las cañadas, los bosques y las especies vegetales autóctonas.

10) Desarrollar industrias con productos locales de los municipios, especialmente en los vaciados de población, que se preocupen extremadamente del entorno y eviten su abandono.

11) Desterrar las energías fósiles y adoptar ampliamente las renovables, potenciando los vehículos eléctricos y las bicicletas en precio y seguridad.

12) Establecer cadenas de aprovechamiento de alimentos perecederos entre tiendas, supermercados, restaurantes y comedores sociales.

13) Regular dignamente las condiciones de trabajo industrial y agrícola en los países subdesarrollados, que tanto humillan a la población y contaminan sus territorios.

14) Fomentar el transporte público por encima del privado, potenciando su mayor fluidez y frecuencia de paso.

15) Prohibir la fabricación y uso del plástico, así como investigar para la eliminación del producido.

17) Dedicar recursos y máximos esfuerzos a la sinergia entre ingenieros, científicos, políticos y consumidores para idear mecanismos que paren la degradación climática, la extinción de especies, acuíferos y glaciares y bosques, pues ningún recurso natural debemos comprarlo, sino cuidarlo en usufructo.

Muy variadas propuestas son todas las anteriores, pero no hay tiempo para olvidarnos de ninguna. No hay planeta B. La Tierra es nuestro único hogar.

Teresa Álvarez Olías

Disfruta de la obra de Teresa Álvarez Olías

2 comentarios en “La lucha contra el cambio climático

  1. Todos somos partidarios del bien. Usted no enuncia medidas sino objetivos, sin explicar cómo pretende alcanzarlos. Solo un ejemplo: contra el «consumismo compulsivo» la solución es «abandonar el consumismo compulsivo». Perfecto, y eso ¿cómo se hace?, porque me parece que no va a encontrar muchos voluntarios.

  2. No puedo entenderlo. Mejor dicho, sí que lo entiendo. Mejor aún, ¿queremos entenderlo?
    Hay una fantástica metáfora en el libro de Paul Kingsnorth, CONFESIONES DE UN ECOLOGISTA EN REHABILITACIÓN, que dice: La obra cumbre del desarrollo humano es el inodoro. Un invento limpio y blanco que recoge nuestra mierda y nos permite: olvidarnos de ella, no mirarla a los ojos, no saber dónde va, con qué químicos se limpia… Si, sin más responsabilidad que lavarte las manos después. Incluso los modelos más actuales te limpian ellos. Guau… El ser humano empieza a ver las orejas al lobo, pero me juego cada uno de mis meñiques de los pies, a que si a los representantes de la estupefacta Cumbre del clima, en lugar de inodoro, les pones una tabla con un agujero y serrín para después cubrirlo… No sé. Podría equivocarme, pero creo que sólo queremos cambiar para seguir igual, y me temo que diez mil millones de personas en un planeta sin wifi para todos… Creo que sobran los sinónimos y faltan convicciones, no políticas, sino consecuentes; primero con lo que cada uno quiere que sea este mundo, después con lo que está dispuesto a perder, sí, a perder. Pienso… luego lo siento: para muchos, salvar el mundo es muy parecido a querer controlarlo.

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