Opinión Redactores Teresa Álvarez Olías

Teletrabajo

El teletrabajo y la digitalización de los procesos laborales, tan escasos en España hasta la fecha, han llegado para quedarse en la mayoría de los sectores productivos y de servicios.

El teletrabajo y la digitalización de los procesos laborales, tan escasos en España hasta la fecha, han llegado para quedarse en la mayoría de los sectores productivos y de servicios: la educación, el networking, los despachos de profesionales, la banca, los seguros… aunque hay algunos donde parece difícil su implantación total, como la hostelería, el transporte o la construcción.

La comunicación entre colegas de negocio pasó por las cartas comerciales, el aviso enviado por mensajeros, el fax, el email, el SMS y ahora ha arribado la conexión a aplicaciones de video en conferencia múltiple. Cursos de cocina, instrucciones sobre prácticas en el empleo, clases de idiomas, así como todo tipo de aprendizaje y comunicación se puede afrontar en estos momentos, siempre que los participantes estén conectados a Internet, aunque algunos de ellos se encuentren en puntos geográficos cercanos o muy distantes. 

El teletrabajo y la multiconexión con la dirección de la empresa, los compañeros y los clientes tienen sus propias características:

a) No hay colegas ni jefes que aprecien presencialmente nuestra dedicación al trabajo diario.

b) Se pierde la socialización de los empleos, que comprende también el café de media mañana o la comida de medio día, la celebración de cualquier fiesta en el bar de la esquina próxima a la oficina, el comentario de la película de la noche anterior en la tele, el chisme, el chiste o la risa contagiosa. También se pierde el estímulo que proporciona terminar un proyecto común o iniciar uno nuevo ante la presencia de otros, y el agrado de la compañía.

c) Se pierde además la disciplina impuesta por la empresa de horario, vestimenta o prácticas laborales precisas, y las distracciones cambian de sesgo, pues si antes podía interrumpir la rutina laboral un compañero, ahora lo puede hacer la radio o nuestra tablet con una serie en capítulos, que podemos ver a cualquier hora.

d) Aumenta con el teletrabajo la corresponsabilidad entre los dos miembros de la pareja con las tareas domésticas, si ambos lo practican, así como la conciliación del empleo con las obligaciones familiares, porque los trabajadores y trabajadoras se encuentran en el hogar, donde el horario de comidas y la atención a dependientes es absolutamente visible y atendible.

e) Se trabaja más cómodamente que en el centro de empleo, muchas veces en chándal, en zapatillas, cerca de la ventana, con una taza de bebida caliente al lado, sin madrugar tanto como cuando se asiste a la oficina en transporte público o privado, con las pausas que se precisen, aunque a lo largo del día nos movemos menos, porque no salimos de casa ni volvemos dos veces a la misma desde el trabajo, y eso no es lo más saludable.

f) Las rutinas personales se reinventan y, con el silencio y comodidad del hogar, incluso se puede trabajar más que en el centro laboral, siempre que se disponga de las mismas herramientas.

Con el teletrabajo se deben comunicar a la dirección de la empresa las incidencias de salud personal, así como la caída de señal eléctrica o telefónica, y quizá es conveniente llevar también un control del número de llamadas telefónicas realizadas, facturas contabilizadas, expedientes resueltos o comunicaciones a clientes, que testifiquen las horas empleadas en los mismos.

Por supuesto hay que trazarse un horario de las horas laborables, como en el centro de trabajo, el que tienda más a la eficiencia, que nos haga levantarnos de la silla cada noventa minutos, que alterne pantalla con llamada, estudio con explicación, o redacción de texto con uso de gráficos.

Desde luego, el teletrabajo con hijos en casa es un reto impresionante y apoyarse para ello en la pareja es un plus de acierto. Si los niños son muy pequeños y al teletrabajo se le añade confinamiento familiar total, la paciencia y el buen humor son imprescindibles para pasar la jornada. Quienes lo están practicando, hablan que la única solución es madrugar mucho, antes de que los niños despierten, y trabajar cuando éstos duerman tanto por la mañana como en la siesta y por la noche, además, desde luego, de llenarse de paciencia infinita y de buen humor.

El teletrabajo precisa conversación digital con clientes o compañeros para salir del mutismo, y todos los médicos hablan de abordarlo comiendo y durmiendo regularmente, sin concederse horas extras de visionado de películas o lecturas a media noche.

La limpieza de la casa, la preparación de una buena comida, la extrema higiene corporal y la buena disposición ayudan a soportar el silencio, el tedio y la rutina sin interrupciones, pero también contribuyen al éxito la música o el programa de radio que el trabajador quiera oír para animarse a continuar.

Destaquemos también que en el teletrabajo muere la maledicencia verbal sobre compañeros y desde luego la ayuda sindical, la conciencia colectiva o la delegación de tareas. También languidece el acoso laboral de jefes o compañeros sin conciencia, y es posible que se rinda más que en el trabajo presencial en la empresa, porque la persona se siente más a gusto.

El teletrabajo ahorra horas y gastos de transporte, pues si bien no se camina ni se mueve el cuerpo como al acudir a un centro de laboral, es cierto que no se respira la contaminación del tráfico ni, en situaciones de pandemia, se expone nadie al contagio de enfermedades interactuando con otras personas en la calle o en el transporte público.

Además, el teletrabajo nos sitúa frente a nosotros mismos con un doble juego: fomenta el individualismo, pero también la meditación, la introspección y el conocimiento de nuestra realidad interna, que tanto necesitamos.

Somos todos seres sociales y animales racionales que precisan caminar, mirar al infinito, distraernos al aire libre, sentir la naturaleza alrededor, y también la presencia, la fuerza de la multitud, ese arma tan importante para la reivindicación política y social, pero, por otra parte, estamos olvidando en nuestro mundo la fuerza creativa del aburrimiento y la soledad, que trabajan en las circuitos del cerebro humano para crear obras de arte, libros maravillosos, estrategias de conducta, modelos matemáticos, soluciones a conflictos o poemas de amor.

La nostalgia de la libertad, añadida a la soledad, nos hace reconocer lo importante de la vida: los afectos, los sentimientos, la estabilidad de ánimo, la maravilla del aire libre y la del ocio compartido, asuntos que el ritmo enloquecedor de la vida cotidiana nos había hecho despreciar.

Es posible que compaginar teletrabajo con cuidado de familiares dependientes sea viable, pero me pregunto si no es también enloquecedor. De cualquier manera, se va imponiendo cada día más, según mandan las circunstancias, y es una prueba palpable de nuestra adaptabilidad al medio, sea o no hostil, como todas las especies vivas.

Cuídate mucho. Quédate en casa.

Teresa Álvarez Olías

Disfruta con el libro de Teresa Álvarez Olías

La escritora madrileña Teresa Álvarez es autora, entre otras obras, de las novelas: "Volando de una ciudad a otra" (2014), "Noche de máscaras" (2016) y "Campo de amapolas" (2017) en esta misma editorial. Ganadora del I Premio de Relato Corto “María Eloísa García Lorca”, patrocinado por la Unión Nacional de Escritores de España en 2014 por su relato "La ventana”. Economista de formación, analiza las novelas inolvidables que lee, a través de su blog y en la revista Acalanda Magazine. "El retablo" (2020) es su última novela.

0 comments on “Teletrabajo

Gracias por comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: