Después del vendaval, toca levantarse y reconstruir

Asteroide Reconstruir

De fuerza, amor, ilusiones y esperanzas se compone el espíritu, que no solo el cuerpo cuenta, que no solo el cuerpo enferma.

De fuerza, amor, ilusiones y esperanzas se compone el espíritu, que no solo el cuerpo cuenta, que no solo el cuerpo enferma.

Sobrepasando ya el meridiano del mes de abril, el de las aguas abundantes, el mismo que despareció del calendario de Sabina, la población parece que está en plena metamorfosis.

Si al principio del confinamiento todo el mundo se quejaba, todo el mundo amenazaba con no poder soportar la situación y se contrarrestaba la impotencia con miles de chistes de mal gusto, a día de hoy no está la cosa para gastar bromas y la postura se ha mudado de un extremo al otro. Y es que nos hemos acostumbrado a la rutina de estar en casa y cuando el estado de alarma se dé por concluido, deberemos adaptarnos al nuevo ritmo que se avecina, que a muchos ya les empieza a disgustar.

El silencio propicia la meditación, método ideal para descubrir nuestras sombras

Este tiempo de quietud o de inmovilidad física, está dando para mucho. El principal elemento de conexión es internet y sus redes, un mundo paralelo, pero no real, en el que todo el mundo opina de lo que nos está pasando y ofrece sus hipótesis, con mayor o menor fundamento. Mucho se ha discutido sobre el origen de este virus, hay multitud de videos de virólogos colgados en la red, pero también de personas que al aportar su opinión perjudican más que otra cosa, por la sencilla razón de que no son expertos en la materia y porque su mensaje va cargado de catastrofismo y negatividad. No digo que no seamos realistas, pero sí que sepamos distinguir y clasificar esa inmensa bola de información que a veces consigue aturdirnos y preocuparnos de más.

En toda esta situación lo realmente claro es que nuestra batalla a día de hoy es contra el virus, eso es cierto, pero eso es solo la punta del iceberg y no me voy a referir a lo que se avecina hablando en términos económicos, esa es otra de las consecuencias, pero no seré yo quien vaticine nada porque no creo que sea necesario.

Llámese secuelas si se quiere, pero el coronavirus y todo el movimiento que se ha generado en torno al “bicho” está actuando en los seres humanos como una especie de tsunami arrasador. Es imposible que, en todo este tiempo de encierro involuntario, no haya habido tiempo para analizar aspectos de nuestra vida que teníamos desatendidos, que se hayan descubierto nuevas aficiones o que hayamos sido capaces de valorar lo verdaderamente importante. Las prioridades han cambiado, lo material frente al mundo de las emociones ha perdido posiciones y el gesto de dos besos de saludo que antes se hacía de manera automática y banal, ahora se echa en falta y casi se necesita.

El alma, reclama su lugar.

Se cree, se mitifica a nivel popular, la idea de que el alma supone un peso de 21 gramos, que después de fallecido mengua del peso corporal. De hecho existe una película del director Alejandro González Iñárritu, con el título “21 gramos”.

Poco importa en verdad si el alma pesa o no, el debate, sin embargo, está servido porque habrá quien diga que esos gramos se pierden por otras causas que obedecen a estudios científicos y cualquier otro habrá que se cuestione si tenemos alma o no y así hasta alcanzar discusiones filosóficas que no ofrecerían nada concluyente. Pero, lo cierto en todo esto es que el ser humano enferma no solo de cuerpo, sino también a nivel emocional o de alma o de espíritu o según lo que cada cual entienda según sus creencias. La falta de abrazos, de cariño, de empatía unidos a un miedo irracional y desmesurado, puede causar verdaderos estragos en nosotros.

¿Cómo enfrentar una situación nueva, agobiante, desesperada, cuando estamos hundidos y asfixiados por nuestros propios miedos muchas veces creados a priori?

Como efectos colaterales tras esta etapa de encierro domiciliario, que no de aislamiento porque nunca hemos estado tan conectados, van a salir a flote desórdenes emocionales derivados de esta sobrecarga de información nada clara y sí bastante demoledora y tóxica.

Quien no enferme del virus, lo hará de miedo, surgirán fobias y estaremos de nuevo entrando en otra pandemia, que esta vez sí atacará directamente a nuestras emociones y también al intelecto.

No es la primera vez que la sociedad se ve masacrada por una pandemia, es más, deberíamos de estar muy agradecidos por vivir en esta época y no en anteriores, pues contamos con una sanidad mucho más avanzada y eficiente, pese a las críticas que siempre aportarán su granito detractor, pero que por otro lado es tan inherente como la sombra a la luz. Sería estupendo que dedicásemos un tiempo a valorar lo que tenemos, pero también a analizar lo que nos ha llevado a esta situación para de una vez darle una solución.

Solo es necesario observar los vídeos que rulan de aquí para allá con las emotivas imágenes de animales recuperando su hábitat natural y no quedarnos en el simple “¡Ay, qué bien se lo están pasando!”

El mundo es suficientemente grande como para que ellos tengan que vivir hacinados en reservas intoxicadas por la mano del hombre, el mundo es lo que hemos hecho de él y ahora es el momento justo para que tomemos decisiones acertadas que lo hagan más habitable para todos los seres.

No podemos caer rendidos ni destrozados moralmente, es hora de empezar de cero, de mostrar nuestra mejor versión y apoyar para la reconstrucción del planeta creando una civilización acorde a las maravillas que aún tenemos.

Isamar Cabeza

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