La novela de aventuras

Las narraciones de aventuras, combinando las hazañas bélicas con las exploraciones privadas o públicas han cautivado a lectores mundiales desde su infancia hasta la madurez, y desde el inicio de la palabra hablada y escrita hasta hoy.

Las narraciones de aventuras, combinando las hazañas bélicas con las exploraciones privadas o públicas han cautivado a lectores mundiales desde su infancia hasta la madurez,  y desde el inicio de la  palabra  hablada y escrita hasta hoy.

Constituyen un género de evasión  no muy apoyado por la autoridad académica literaria ni científica, pues ambas lo consideran como conjunto de relatos de divulgación con escasas pretensiones, pero sí ha sido siempre muy aplaudido por los lectores, que los compran en masa.

Lo cierto es que desafían la imaginación, describen la geografía del  mundo que poblamos: océanos, desiertos, polos, cumbres, aldeas remotas o  civilizaciones enterradas, brindándonos horas de asueto, de deslumbramiento ante las maravillas que encierra nuestro planeta y consiguen que, sacándonos de nuestra realidad y ofreciéndonos otra muy distinta, comparemos ambas y saquemos conclusiones, tal vez alentadoras para nuestras rutinas y pensamientos.

El cine, a su vez, ha potenciado estas novelas e incrementado el número de cintas dedicadas a la conquista del mundo, como Mowgli, Tarzán, Piratas del Caribe, Indiana Jones, La reina de África, Jumanji, La conquista del Oeste, La vuelta al mundo  en ochenta días, Los mares del Sur o Cincuenta y cinco días en Pekín, entre otras mil.

Las novelas de aventuras cuentan heroicidades que nos ayudan a vivir las nuestras, las de urbanitas encerrados entre cuatro paredes durante tres meses soñando con viajar, y nos impulsan a reflexionar sobre el comportamiento  humano, que responde con valentía imprevisible ante cualquier circunstancia adversa, por descomunal que sea.

Citemos algunas novelas clásicas del género: Don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes, La Isla del Tesoro de Louis Stevenson, Las aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain, De la Tierra a la Luna de Julio Verne, Moby Dick de Herman Melville, Robinson Crusoe de Daniel Defoe, Kim de la India de Rudyard   Kipling , obras todas de conocido prestigio, que nos sumergen en tierras lejanas, en situaciones inverosímiles que delatan el ingenio poderoso de sus autores y su esfuerzo literario por narrar episodios sorprendentes, calificarlos con adjetivos precisos e hilar una trama sugestiva.

Estas y otras obras populares, magistrales, fueron la antesala de los libros de viajes, ya sean diarios o guías, que se consumen a cientos (se consumían hasta que la pandemia del coronavirus arrampló con el turismo) por los turistas occidentales y orientales que han paseado por ciudades populosas, aldeas abandonadas y parajes remotos.

La tecnología, alentada por la literatura, ha impulsado la cartografía, la navegación, la aviación y la previsión meteorológica, además de llevar las comodidades hoteleras a la selva y a la última cala marina, por lo que La Tierra es hoy un lugar sin apenas secretos, sin lugares inaccesibles, incluso fáciles de recorrer desde nuestra pantalla de google maps.

Recomiendo la novela “Hacia los confines del mundo” de Harry Thompson, publicada en 2.005, en la que el científico Charles Darwin y el capitán Fitz-Roy, ambos embarcados en el Beagle, navegando hacia de Tierra del Fuego y volviendo de allá a Inglaterra, nos describen no solo el mundo indígena y estremecedor de los mares cercanos al Polo Sur, sino la sociedad británica del siglo XIX  con su ideas decisivas sobre el colonialismo, las misiones evangélicas, el esclavismo, la caballerosidad de los capitanes, almirantes y diputados,  las dudas filosóficas sobre la existencia de Dios y desde luego las aportaciones a la teoría del Origen de las especies.

Admirando la fuerza que la épica y la novela tienen en nuestro imaginario colectivo, quisiera destacar algunos rasgos comunes de la novela de aventuras.

En primer lugar, nos presenta a héroes masculinos, cristianos, de raza blanca y, en general, pudientes en exclusiva (Indiana Jones)

Muestra, en segundo lugar, arquetipos militares, instruidos, fajados en la disciplina naval e imperial, responsables y aguerridos (Hacia los confines del mundo).

En tercer lugar, los describe jóvenes, en realidad adolescentes con deseo de salir de su entorno familiar desgraciado, abocados a un sinfín de penalidades  que consiguen superar gracias a su valor y empeño (Huckleberry Finn).

En cuarto  lugar, perfila hombres a los que los avatares de la vida han arrebatado su cordura y contemplan un mundo imaginario (Don Quijote).

En quinto lugar, cuenta la vida y logros de científicos, increíbles visionarios de una sociedad futurista (De la Tierra a la Luna).

Viajando con ellos conocemos las costumbres imperantes en su época: el matrimonio, la vida familiar, la servidumbre, el esclavismo, las clases sociales, el trabajo infantil, la enfermedad y las pandemias, tan abundantes, las hazañas militares, las guerras, las monarquías reinantes o las repúblicas sobrevenidas, la vida política, los descubrimientos científicos, la educación en las escuelas y la jerarquía castrense en la disparidad de personalidades posibles.

Leyendo sus peripecias los lectores podemos comprobar, desde nuestros cómodos sillones, la fortaleza y, al mismo tiempo, la vulnerabilidad de nuestra especie, que ha sido capaz de descubrir y poblar todos los continentes y los más inhóspitos lugares.

Entendemos entre líneas que el descubrimiento de nuevos puntos geográficos se tradujo siempre en conquista, primero individual o de reducido grupo, y luego en empresa colectiva de los países de donde eran oriundos los descubridores, arrasando una y otra vez a la población aborigen. De esta forma, el dominio militar es y ha sido el modo de conseguir la paz y el progreso en todas partes, haciendo indispensables además la obediencia, la disciplina, la fe religiosa y el trabajo continuo para perpetuar tal progreso.

Leyendo relatos de aventuras, los escritores aprenden cómo avivar su imaginación y cómo mantener constante la atención del lector página a página, incrementando la tensión conforme avanza la trama;  los lectores   descubren que la heroicidad de los personajes se combina con la vida privada de éstos, plagada de altibajos, de dudas, de nulas recompensas, de fracasos sin número, también de penas de amor y lutos familiares.

Las novelas de aventuras y exploraciones a lo largo y ancho del mundo han potenciado, de alguna manera, el ansia por viajar a todos sitios, incluyendo zonas protegidas, pues cualquier lugar es susceptible de ser recorrido en moto, a pie o buceando, como cuevas insondables, picos nevados de miles de metros de altura o aldeas en los desiertos más inhóspitos. Tal vez la conciencia sobre el cambio climático nos haga reflexionar sobre este punto.

Finalmente, un gran género literario,  se ha abierto paso como consecuencia de la novela de aventuras  del siglo XIX, de los diarios de viajes del XX y de la cinematografía y conquista del universo de los últimos cien años, el de las novelas y relatos de ciencia ficción, que trasladan a astros del universo conocido o desconocido los asuntos amorosos, la jerarquía naval y aérea, la lucha por el poder o los conflictos morales de nuestro mundo, pues por mucho que hemos explorado este planeta y quisiéramos conquistar el cosmos, parece que nunca seremos capaces de dominar nuestras pasiones, labor a la que dedicamos toda la vida con mayor  o peor fortuna.

Cuídate mucho

Teresa Álvarez Olías

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