Exigencias del guión

(…) No sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

No acomodarse demasiado a ninguna situación, debería ser un concepto que tendríamos que tener presente cada día. Cuando el cambio es a mejor, nos resulta muy fácil aceptarlo, pero cuando es al revés, nuestra mente parece que colapsa y entramos en pánico.

Nada hay más constante que el cambio, nada nos perturba y desequilibra más que uno de esos giros radicales en los que nos vemos desbordados de sentimientos y emociones que no sabemos manejar.

¿Quién se preocupa de hablarnos de la muerte como algo normal? ¿Quién nos advierte que el único momento que tenemos es el presente y que debemos vivirlo saboreando cada segundo? ¿Quién nos enseña a que debemos pensar y decidir por nosotros mismos, a perseguir nuestros sueños y a amar, en lugar de competir entre nosotros?

Muchos han sido los filósofos los que han dedicado su vida y sus estudios a la búsqueda del sentido de la vida, de la verdad… Cuando yo era estudiante de filosofía en bachillerato, mi profesor nos dijo que lo primero a tener en cuenta a la hora de estudiar la asignatura era que debíamos considerar las teorías de cada uno, pero no aceptar todo lo que proponían. Lo entendí en su momento y lo agradezco cada vez más, porque aquella simple advertencia nos daba la libertad de buscar en nuestro ser nuestra propia verdad y por ende, nuestra verdadera identidad.

En esta sociedad nuestra se valora mucho la inteligencia medida por los cursos académicos superados con notas excelentes, pero poco a aquellos que sin herramientas básicas se ganan la vida con su agudeza e ingenio. Amoldarse a los cambios bruscos, a los vaivenes que nos someten a fuertes crisis personales, es señal de inteligencia y debería existir una asignatura que educara a los niños y niñas a vivir situaciones extremas, una especie de clase de supervivencia o Scout Boys que nos preparara para lo que nos espera.

Aprovecha el día

No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz,
sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el
derecho de expresarte, que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario…
No dejes de creer que las palabras y la poesía, sí pueden cambiar al
mundo; porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.

Somos seres humanos llenos de pasión, la vida es desierto y es oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra
propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa.
Y tú puedes aportar una estrofa…

No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños puede ser libre el
hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un
silencio espantoso. No te resignes, huye…

“Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo”, dice el poeta;
valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las
pequeñas cosas.

No traiciones tus creencias, todos merecemos ser aceptados.
No podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transforma la
vida en un infierno.

Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridades.

Piensa que en ti está el futuro, y asume la tarea con orgullo y sin
miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte. Las experiencias de quienes se
alimentaron de nuestros “Poetas Muertos”, te ayudarán a caminar por
la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros, los “Poetas Vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti, sin que tú la vivas…

Walt Whitman

Estos tiempos exigen nuevos esquemas, nuevas normas, todo lo anterior no nos sirve, se quedó desfasado, pero parece que aún no nos hemos dado cuenta. La pandemia del Covid 19 nos unió, pero también marcó distancias a nivel de hogar, a nivel atómico, en sentido metafórico. Un punto y aparte que necesita un renglón nuevo para comenzar otra vez. Una parada a tanto estrés, a tanto despropósito, tanta ambición y tanta devastación que nos lleva directo a nuestra propia destrucción.

Dentro de todo lo terrible y devastador de la situación, una luz resiste, la luz de la cultura, de la literatura, del pensamiento libre, de la poesía… Si de algo me siento feliz es de comprobar cuántas son las mentes que se dedican a hacer florecer sus pensamientos por escrito. Me da la sensación de que este parón ha servido de algo, que muchos y muchas hemos sido los que hemos lanzado nuestra mirada al interior para luego volcar sin miramientos nuestras reflexiones al exterior.

De la brevedad engañosa de la vida

Menos solicitó veloz saeta

Destinada señal, que mordió aguda;

Agonal carro en la arena muda

No coronó con más silencio meta,

Que presurosa corre, que secreta,

A su fin nuestra edad. A quien lo duda

(Fiera que sea de razón desnuda)

Cada sol repetido es un cometa.

Confiésalo Cartago, ¿y tú lo ignoras?

Peligro corres, Licio, si porfías

En seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas,

Las horas que limando están los días,

Los días que royendo están los años.

Luis de Góngora

Es tan sumamente importante esa mirada interna, es tan sumamente vital, que de no hacerlo la sociedad no tendría evolución y eso marcaría un estancamiento que acabaría por destruirnos mental y físicamente.

Que seamos marionetas del destino o no, que el azar rija nuestros pasos o que todo lo que nos pasa sea fruto de nuestras decisiones pasadas, no debería de importarnos. De lo que sí deberíamos ser muy conscientes es que la incertidumbre no debe ser para nosotros un estado de miedo ni de derrota, sino una oportunidad para buscar nuevos caminos para seguir.

Que el mundo cambia y cambia y parece ser que cada vez más deprisa, debería ser la señal definitiva para que entendamos que nuestra prioridad es amoldarnos al nuevo estado y seguir luchando, siempre en pos de la cultura, de la libertad y de la paz mundial.

Se necesita un cambio de «guión» que requiere un nuevo nivel de conciencia que edifique, no que destruya. Una nueva visión, un nuevo «modus operandi», aportar luz al tremendo caos en el que nos hallamos metidos.

Isamar Cabeza

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