Un poemario, De amor y temblores, un deleite continuo

Vuelve
Lléname de ti la vida.
Quiero reírme otra vez.
No dejes de llamarme,
ven, vuelve, háblame…
Si lo deseas, te marchas después.

De la mano de Javier Martín Lázaro nos llega De amor y temblores, un poemario que queda oculto celosamente tras una alegórica acuarela en tonos azulados y ocres que nos va a adelantar de la gran dicotomía de sus versos.

Tras su hermosa tapa, su sutil portada de aguadas pinceladas azules y verdes en claro dominio, se refugia un universo sensitivo que nos desvela un alma sabia, grande, enorme, en calma…

Navegar por su mar de versos es toda una aventura, un viaje en el tiempo que nos sabe a genialidad, que nos trae a la memoria irremediablemente a los poetas del Siglo de Oro, a esos que hacían batallas de versos demostrando que en cada uno de ellos eran capaces de superarse al anterior.

Los versos de Javier Martín brillan con esa misma virtud, se superan entre ellos mismos, sin pretenderlo, sin ansias, brillan por sí solos con la luz de la sabiduría, de la serenidad y la paz del alma y del espíritu. Javier Martín moldea el soneto a su antojo, fluye en sus endecasílabos y sus rimas como pez en el agua, con maestría, con sencillez, con arte, aunque no es la única estrofa que usa, su maestría le permite saltar de un tipo a otro sin ninguna dificultad.

Sus recuerdos se imponen, sus vivencias le asaltan rememorando en él su infancia, mostrando sentimientos que nos hablan de sus padres, de momentos imperecederos y cargados de añoranza. Adentrarnos en De amor y temblores es iniciar un viaje sereno, apacible, placentero, en el que podremos ver muchas facetas de su bagaje interior, de su andadura por este espacio efímero y lleno de contrastes llamado vida.

El amor carnal, ese deseo vehemente, pero sin vulgaridades, elegante y digno, ese que nace de lo más profundo del alma y hace adorar a la persona amada. Amores que se pierden y dejan cicatrices y amores que no llegan y dejan vacíos insalvables. La poesía romántica cobra valor e identidad propia en sus versos, el romanticismo bien entendido, no el que transmite dependencia y establece relaciones tóxicas que solo llevan a la destrucción de la pareja, no, su romanticismo es puro, es el de añorar a la amada y soportar la ausencia con resignación deseándole siempre lo mejor. Versos cantados a veces por un poeta amante enamorado y pasional y otras veces por un hombre de fe, creyente, fervoroso y entregado.

El amor siempre presente, amor a la naturaleza, en tanto que esta se vincula a la primavera de la vida, a la fuerza y a la juventud. El mar, el agua como elemento común, la tierra de sus antepasados como anclaje a un tiempo mejor. Soledad como única compañía, una soledad que acompaña, pues su alma acompasada y sabia la recibe y acepta, aunque no le deje de doler. Todo acontece despacio, con parsimonia casi como si todo formara parte de un ritual minucioso y sosegado.

Los versos de Javier Martín alcanzan cotas celestiales en cuanto que canta también al Altísimo, a Cristo, a ese Dios al que reza con fervor, al que se confiesa en sus debilidades y en el que confía como tabla de salvación. Ecos de San Juan de la Cruz se dejan sentir en sus sonetos más místicos, como si el espíritu del fraile quisiera formar parte de los versos del poeta salmantino. Morir en vida, vivir anhelando la muerte, la vida sin ilusiones ni metas deja de tener sentido.

En De amor y temblores es un poemario que se goza desde el primer verso hasta el último, una auténtica joya de nuestra poesía digna de ser leída.

Isamar Cabeza

2 comentarios en “Un poemario, De amor y temblores, un deleite continuo

  1. Respondo con mi lectura a escasos señuelos. Uno de ellos es el comentario o crítica de ciertos escogidos. Isamar Cabezas es uno de los más recientes. ¿Razones? Muchas: cuenta y cuenta muy bien; siente como pocos y hace sentir como casi nadie; es capaz de regalos sorpresa literarios; y siempre, siempre, aporta algo suyo, algo personal, algo diferente… que me sorprende, emociona o conmueve.

    Su comentario de hoy me ha ganado para la causa del libro comentado. Su escritura se muestra tan cómoda, implicada y cómplice con la obra y su autor. Rebosa tanta ternura, lírica y pureza. Y deja tal calidez y buen perfume en el ambiente. Que me convence plenamente de no puede estar equivocada.

    1. Su comentario me ha conmovido profundamente, me ha emocionado muchísimo, me ha hecho sentir especial… Estoy segura de que el poemario reseñado no le va a defraudar, yo solo he descrito lo que despertó en mí. Le agradezco su comentario, ha sido el mejor regalo que han podido hacerme. Un abrazo.

Gracias por comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Menu