‘Dormir à la belle étoile’ de Aitana Monzón

Aitana Monzón - Dormir à la belle étoile

Es la pura manifestación de un joven e intrincado intelecto que apuesto será conocido en un futuro no muy lejano por todo amante de la poesía y la literatura.

Miscelánea puede que sea la palabra más apropiada para describir la obra poética de Aitana MonzónDormir à la belle étoile’, y sin embargo no le hace justicia, puesto que sus composiciones son de una originalidad, profundidad y belleza tan exquisita, que la única forma de entender con certeza lo que su poesía esconde tras los pliegues de sus brillantes complejidades, es leyéndola. Saboreando cada verso, cada rima, reflexionando sobre lo atrapado hace tan solo un instante y permitiendo que el placer de su genio te envuelva.

Aitana Monzón es una poeta tan diferente, refrescante y “suya” que no creo posible que su estilo pueda ser replicado, y este es uno de los aspectos más fascinantes de su trabajo, pues cada línea, mensaje y promesa plasmada salen directamente del alma. No existen filtros y a pesar de eso su poesía no deja de ser depurada y elegante. Escribe sobre lo que florece en su interior y nos convierte en testigos de sus pensamientos pero también en cómplices. Nos arrastra como un vendaval con ella. Nos hace entrega de dichos versos sin guardarse nada invitándonos a acompañarla. No hay temor, aflicción o disculpas, debido a que es la pura manifestación de un joven e intrincado intelecto que apuesto será conocido en un futuro no muy lejano por todo amante de la poesía y la literatura.

Algunos de los motivos que observamos cristalizados en sus poemas son los orígenes que la han transformado en la poeta que es en la actualidad, ya que bebe de las metáforas y lecciones humanas de clásicos como el poema homérico ‘Ilíada’ en su ‘Algoritmos clásicos’, o de la tradición de los eternos poetas del período del romanticismo con su ‘De Lord Byron’, los cuales le inculcaron la habilidad de pulir, escribir y ensalzar una técnica propia e intransferible. Por otro lado, temas como la lucha, la guerra, el tiempo, la pérdida, el amor, el odio, el paisaje y todo lo que agoniza y late en medio. También la naturaleza, colosal pilar que otorga vida, color y simbolismo a la obra en su entereza y a una de mis composiciones favoritas ‘Ofelia o como sentir’. Puede que esto se deba a que la propia autora nació en primavera. Y mi aptitud predilecta, la sensibilidad que desprende su talento. Como he dicho con anterioridad y permitiréis que me repita, no respira en el mundo una pluma parecida a la suya. Lo que dice y cómo lo dice es sinónimo de una constante práctica e innata maestría.

Por todas las expuestas razones, os recomiendo este libro de poemas y os animo a que lo descubráis sin prisas, a que os dejéis mecer por el título que más os llame la atención o cautive. A que regreséis si lo creéis oportuno, que concedáis que la curiosidad sea vuestro guía, pues hay verdaderas joyas esperando a ser por vuestros ojos reveladas y en ocasiones os aseguro querréis recitarlas en voz alta. Necesitaréis pronunciarlas, clamarlas y contarlas.

A modo de conclusión, me encantaría dejaros con la miel en los labios y como en poesía la clemencia no tiene cabida, estos versos pertenecen al poema ‘Silva, Silvae’;

Si te digo que silves, lo harás con v.

Porque cuando silvas, tus labios se doblan en dos

dejando pasar el aire para canturrear mi canción.

Y me gusta besarte después de hacerlo

porque saben a viento tus versos.

Viento con v y besos con b.

Los versos los dejamos para después,

como ha de ser.

Laura Martínez Gimeno

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