¿Y si te asegurasen que ya has vivido tu vida infinitas veces? ¿Qué relación guarda este hecho con los libros?

Cada vida que surge y que muere, cada estrella que nace, cada hoja que cae de un árbol, las Pirámides de Egipto, la Crucifixión, el cometa Halley, yo escribiendo estas palabras… todo, absolutamente todo, ha ocurrido ya una infinitud de veces. ¿Te atreves a enfrentarte a este hecho increíble o tus prejuicios están haciéndote pensar ya, de antemano, que es totalmente imposible?

En efecto: ¿Qué ocurriría si te dijesen que ya has vivido tu vida infinitas veces; que, hagas lo que hagas, todas tus acciones están atrapadas en un círculo que se repite una y otra vez hasta la eternidad? A pesar de que algunas de las tendencias científicas más vanguardistas insinúen esta posibilidad y de que existan distintas corrientes místicas y filosóficas que también sugieran esta idea, voy a demostrarte cómo sé que esto es completamente real. ¿Te atreves a enfrentarte a este hecho increíble o tus prejuicios están haciéndote pensar ya, de antemano, que es totalmente imposible?

Lo cierto es que nadie (absolutamente nadie) posee la verdad definitiva respecto a la cuestión primordial sobre qué es la realidad. Existen centenares de teorías e hipótesis que intentan ofrecer respuestas a este misterio de la vida y de la existencia. El planteamiento que desarrollaré a continuación, a pesar de parecer extremadamente extraño, es, en mi opinión, el escenario más factible sobre esta cuestión trascendental. Podría explayarme de lo lindo, pero obviamente no voy a hacerlo si quiero tener una mínima posibilidad de que llegues hasta el final de esta lectura.

Resulta imposible realizar ahora en unas pocas líneas un repaso a las distintas corrientes científicas, místicas y filosóficas, tanto occidentales como orientales, que históricamente han planteado la posibilidad de que la vida es algo que se repite una y otra vez eternamente (tendríamos que mencionar ideas de Nietzsche, Schopenhauer, Parménides, el Advaita Vedanta, la filosofía estoica… entre otros muchos). Sin embargo, independientemente de que uno pueda estar de acuerdo o no con esta hipótesis, pienso que las bases que voy a proponer a continuación para sustentarla son prácticamente indestructibles. Una cosa es que esta teoría sea tremendamente extraña e inconcebible; y otra cosa es que no pueda ser real. De hecho, no deberíamos olvidar las palabras que pronunció Werner Heisenberg (1902-1976), ganador del Nobel de Física:

El universo no es más extraño de lo que imaginamos, sino que es más extraño de lo que podemos imaginar.

Werner Heisenberg (1902-1976)

Existen varias posturas y direcciones a través de las cuales acercarse a la conclusión que estoy intentando exponer; pero hay una de ellas que, desde mi punto de vista, es más determinante que las demás: me refiero a los conceptos de SER y NADA.

Hablar de la NADA es algo ridículo. La NADA es fundamentalmente una quimera. Es absurdo querer definirla, porque la NADA simplemente NO ES. No es que sea algo que está vacío (el vacío, de hecho, sí ES), sino que más bien ni siquiera existe. Decir que es algo impensable, inefable, indecible o impronunciable es caer en el error de manera indirecta. Nada puede decirse acerca de la NADA, porque no es un ente, no tiene cualidad alguna con la que ser definida (tampoco en sentido negativo: indescriptible, por ejemplo). El simple hecho de que tú y yo, lector/a, estemos ahora mismo intentando entender o hablar sobre la NADA es un absurdo. La NADA, como ya he dicho, NO ES, y por tanto está más allá de cualquier concepto (en realidad ni siquiera está más allá de nada). ¿Entiendes, en definitiva, la aparente paradoja a la que me refiero?
Partiendo de esta brevísima exposición sobre la NADA, es posible sobreentender que la realidad en la que vivimos ES. El universo ES. El mundo ES. Con estas meras afirmaciones simplemente estamos aludiendo a la cualidad de SER. Más allá de que nos preguntemos qué es esencialmente el universo o el mundo, lo cierto es que ES.

En este punto, podemos dar un paso más allá y llegar a razonar con una lógica aplastante que si la realidad ES, no puede llegar a NO SER. Es decir: algo que ES, jamás puede transformarse de ninguna manera en la NADA. «¿Y por qué no?», he oído que acabas de preguntarte. Y mi respuesta es simple: el mundo, la realidad, el universo (llámalo X) ES, y el simple hecho de SER le impide NO SER, porque ya hemos dicho que la NADA en sí misma es una quimera, un absurdo, un simple truco de la mente, una idea falsaria.
Si el mundo, por tanto, ES y solo puede seguir siendo, lo cierto es que es algo eterno, es un ente que siempre “va a ser”. La realidad, en definitiva, es infinita en el tiempo (más bien deberíamos decir que es atemporal, pero no es momento de montar un guirigay para complicar las cosas todavía más). Y si la realidad es eterna (“infinita en el tiempo”) todos y cada uno de los eventos que acontecen en ella también se repetirán eternamente: cada vida que surge y que muere, cada estrella que nace, cada hoja que cae de un árbol, las Pirámides de Egipto, la Crucifixión, el cometa Halley, yo escribiendo estas palabras… todo, absolutamente todo, ha ocurrido ya una infinitud de veces.

Pero no solamente eso: el mundo no es una estructura, no es una máquina cuyos engranajes tienen un comportamiento determinado, es decir, el universo no funciona como el mecanismo de un reloj (existen decenas de libros científicos que avalan esta idea). Nuestras vidas, por tanto, no es que se repitan una y otra vez durante toda la eternidad, sino que las consecuencias son incluso más extrañas todavía: todo lo que pueda ocurrir, ocurrirá. Cada uno de nosotros ha existido y existirá infinitas veces, pero no solo lo hará en la vida que estamos experimentado en estos momentos, sino que ha existido y existirá en infinitas vidas distintas y alternativas.

El hecho de que estas conclusiones parezcan absurdas e imposibles (porque nuestras mentes no sean capaces de aceptarlas) no implica que tengamos derecho a restarles ni una pizca de credibilidad. Personalmente pienso que la realidad debe ser radicalmente distinta a cualquier concepción humana, debe ser inconcebiblemente extravagante e impensable, y creo que no existe ninguna otra teoría que se adecúe con más perfección a estos calificativos que la que hemos tratado en estos párrafos.

Por cierto: a la segunda pregunta del título de este artículo («¿Qué relación guarda este hecho con los libros?») responderé en otra ocasión posterior. Cómo no, inevitablemente tendré que hacerlo ayudado por la obra de Jorge Luis Borges.

Björn Blanca van Goch
@poetadeboquilla
www.poetadeboquilla.com

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