¿Leer? ¡Leer es como conseguir superpoderes! A través de un libro puedes viajar en el tiempo, viajar por el mundo, viajar debajo del agua y al centro de la tierra, viajar por el universo. Puedes hablar con animales, meterte en la cabeza de otras personas y vivir otras vidas.

Quisiera empezar diciendo que el programa de Acalanda TV en el cual iba a participar el 14 de septiembre (al final no pude participar por una reacción alérgica a pesar de la ilusión que le tenía), se titulaba “Cómo inculcar la lectura”. Encuentro la palabra “inculcar” (según definición RAE: “infundir en una persona una idea, un concepto, un sentimiento, etc., con ahínco”) quizá no la más oportuna, ya que creo yo que la lectura nunca debería ser una imposición, sino una elección propia de la cual uno disfruta. Lo único que se consigue obligando es el rechazo y la aversión. Pero lo que sí deberíamos facilitar al hijo, al amigo o al padre es la posibilidad de conocer y explorar este maravilloso camino.

Yo tuve la inmensa suerte —así lo califico yo porque he visto que no todo el mundo tiene esta misma oportunidad por motivos económicos, sociales, religiosos— de nacer en una familia amante de la literatura. Por el lado materno, todos han sido profesores de lenguas germánicas o romances. Mi abuelo materno, de origen muy humilde, no tuvo la oportunidad de ser profesor: tuvo que trabajar en la fábrica como todos de su época. Sin embargo dedicó todo su tiempo libre a leer, escribir, componer poemas, pintar y aprender idiomas.

Así que nací en un ambiente donde el libro tenía un espacio central. Mi abuelo y mi tío nos leían cuentos a mi hermana y a mí desde nuestra más tierna infancia. Muy pronto empecé a sacar libros desde sus bibliotecas personales. Honestamente, no me acuerdo de cuál era el primer libro que leí, pero antes de los diez años me había zampado grandes clásicos como “Viaje al centro de la tierra”, “El retrato de Dorian Grey”, “Cumbres borrascosas”, “La peste” y “El amante de Lady Chatterley”, algunos incluso en su idioma original.

Además, la biblioteca de nuestra escuela del pueblo estaba bien dotada con libros quizá “más adecuados” para mi edad. Terminé la biblioteca infantil de la primaria, así que tuve que ir a la biblioteca municipal. Ahí también terminé de leer todos los libros al cabo de un año, así que mis padres tuvieron que llevarme cada sábado y algunas veces entre semana a la biblioteca de la ciudad más cercana. Supongo que ellos se pusieron muy felices cuando entré en la secundaria, porque ahí había otra biblioteca nueva a devorar.

Y bueno, así he seguido siempre: leyendo libros de todo tipo, tanto novelas como obras científicas y académicas. Obviamente ha habido momento en mi vida donde he pausado la lectura, a veces por falta de medios económicos o falta de bibliotecas a mano, y otras veces por algún bloqueo de lector del cual padezco de vez en cuando.

Y así lo he hecho con mi hijo también: desde pequeñito ha sido un ávido lector que tenía yo que llevar una o dos veces por semana a la biblioteca (yo obviamente aprovechando para sacar libros también). Tengo que admitir que su interés por la lectura le duró hasta la pubertad, cuando fue sustituido por su interés en el otro sexo. Pero sé, estoy segura de que le he dado una firme base de amplio conocimiento y hábito literario: ya retomará la lectura cuando sea el momento.

ETAPAS DE LA LECTURA

En mi opinión existen varias “etapas” en el fomento de la lectura:

Etapa 1: Dar el buen ejemplo.

La mejor forma de promover un hábito es sencillamente dar el buen ejemplo. Si tu entorno te ve leer, es lógico que por lo menos experimentará curiosidad para probarlo. Intentar desarrollar un hábito que tú mismo no practicas, suele registrarse como inconsecuencia. Muchos padres leen cuentos a sus hijos desde recién nacidos hasta que acuden a la educación infantil, pero luego retoman su propia vida social, sus deportes, etc. eliminando este espacio de tiempo exclusivo dedicado a la lectura en conjunto a sus hijos.

Pues eso no es lo ideal si tu idea es fomentar la lectura. Al contrario, es muy importante seguir con la lectura en casa también y no dejarlo todo en manos de los educadores.

Etapa 2: Bibliotecas

La lectura no es un pasatiempo barato. Los libros pueden ser caros además de una mala inversión si no son del gusto del lector. Las circunstancias económicas actuales no están para tirar dinero en un montón de libros cuyo estilo o temática puede no gustarle al nuevo lector.

Por esto existe esta gran alternativa: la biblioteca. Soy consciente que la situación no es igual en todo el mundo, pero hoy en día España cuenta con una amplia red de bibliotecas municipales, con sistemas de intercambio y con espacios agradables y adaptados que fomentan la lectura desde temprana edad.

¿Qué mejor que organizar una excursión hacia la biblioteca? Es gratis, tu hijo podrá elegir el libro que a él le apetece, puede pasar un rato en el rincón especialmente habilitado para niños. Y si resulta que el libro que se ha llevado a casa no le gusta tanto, se cambia y ya está. E imagínate: al niño le pica el bichito de la lectura y se interesa en —por ejemplo— cuentos de dinosaurios. Pues, lo que no tiene tu biblioteca local, el bibliotecario lo puede pedir a la biblioteca más cercana que sí lo tiene. Para despertar el interés en la lectura, es importante incluir visitas regulares en las actividades familiares mostrándolo como si fuera un premio por el buen comportamiento del niño.

Además, muchas bibliotecas ofrecen actividades adicionales como cuentacuentos, etc., incluso en estos tiempos sanitarios se organizan estos eventos por Internet.

Etapa 3: Librerías

Cuando el niño haya mostrado interés en los libros es una excelente idea llevarlo a librerías. Quiero destacar aquí la figura del librero/de la librera. Encontrar una librería que tiene una buena oferta en libros al gusto de pronto nuevo poseedor de libros y que cuenta con librero/librera entusiasta, es una tarea previa a la primera visita. Sería aconsejable explicar al niño que es un momento muy importante en su vida, la primera vez que él podrá elegir un libro. Y sí, es muy importante que lo elija él (aunque quizá bajo la guía del librero, para no exceder el presupuesto etc.). Que se lo envuelvan como regalo, que se le tome una foto con el libro, que se note que es un momento a atesorar. Y posteriormente, ya con conocimiento del gusto del libro, se le puede regalar libros en ocasiones especiales. 

Hablando de regalos: no es tarea más fácil que regalar libros a los no tan jóvenes. La elección requiere un esfuerzo muy meticuloso de empatía. En muchos grupos de Facebook se solicitan recomendaciones de libros para regalar a jóvenes en pubertad, a novios o incluso a padres, generalmente con poco hábito de lectura. A veces leo algunas sugerencias que me ponen los pelos de punta. De acuerdo, hay libros que son universales y atemporales, pero “Guerra y paz” para un niño de nueve años al que no le gusta leer, le caerá peor que el típico regalo de calcetines nuevos.

Hay una solución casi infalible para regalar a adultos, y eso es el “libro de la mesita de café”, libros muy vistosos con mucho material fotográfico y pocas letras que suelen ponerse a la vista para que las visitas queden impresionadas. Muy buena la idea, aunque poco fomenta la lectura en sí.

Puedes llevar al joven o no tan joven “engañado” a la librería, diciendo que tú quieres tal libro y ver qué sección de libros le llama la atención. O tomar en cuenta sus gustos personales: si le gusta el Heavy Metal, ¡hala! un libro de Heavy Metal. ¿Dinosaurios? Pues, dinosaurios. ¿Fútbol? Pues, fútbol.

Para terminar, quisiera señalar en este proceso la importancia del colegio, o más bien de los profesores. El fomento de la lectura se inicia en casa, pero después debería de ser continuado por el colegio. Muchos colegios siguen trabajando con listas de lectura obligatoria en las clases de idiomas. Muy lamentablemente, algunos siguen las mismas listas de hace 50 años, mientras que hoy en día hay tantos nuevos libros y formatos disponibles.

Sin embargo, tanto yo como mi hijo hemos tenido la suerte de tener profesores de idiomas con gran vocación, permitiendo aportar propuestas propias de libros y salirse de la lista obligatoria de los 10 libros por año, a pesar de que esto implicaba una carga de trabajo mayor para el profe.

Quiero dar un especial agradecimiento a estos profes por sus esfuerzos adicionales: MUCHAS GRACIAS.

Palma Govaert

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