Carlota Josefina Bérard
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‘Greta Legris’ de Carlota Josefina Bérard, una romántica novela que sabe a melancolía, rosas blancas y esperanza

Greta Legris es una muchacha de “sonrisas saturninas”, tal y como nos la describe su autora con dicho detalle somnoliento a la vez que soñador y cuyo nombre significa “perla de forma irregular”, pues así es ella, una “felicidad doliente” que vive “resguardada de la intemperie más jamás de su mente”.

Carlota Josefina Bérard sitúa el comienzo de la acción de su novela en una Venecia de tonos grisáceos, por cuyos canales fluye el sentimiento de melancolía que es dueña y protagonista de la trama que está por ser narrada a partir de la tierna, dolorosa y hermosa infancia del personaje de Greta Legris. Una muchacha de “sonrisas saturninas”, tal y como nos la describe su autora con dicho detalle somnoliento a la vez que soñador y cuyo nombre significa “perla de forma irregular”, pues así es ella, una “felicidad doliente” que vive “resguardada de la intemperie más jamás de su mente”.

Como la nueva y apasionada lectora en la que me he convertido tras contemplar las ilustres palabras y trascendental historia, querría empezar esta crítica y reseña desde la perspectiva de Greta, personaje principal a la que acompañamos desde su juventud y hasta su madurez como mujer independiente en la ciudad de París. Y es que una de las razones por las que me ha cautivado su personalidad se debe a que en todas las decisiones tomadas, opiniones, impresiones, miedos y alegrías, existe un tono melancólico y existencial que muestra su gran complejidad como una humanidad que todavía se está formando a sí misma, al tiempo que nos sirve de testigo para comprender que los niños y niñas pueden resultar ser los mejores y más idóneos protagonistas con los que narrar tramas verdaderamente crudas, profundas y actuales. Podemos palpar el cariño y la dureza con las que Carlota Josefina define a Greta Legris, las amistades que forja, las desilusiones que la atenazan y supera, así como los conflictos interiores que únicamente entiende el alma y que refleja a la perfección en la siguiente reflexión de la muchacha a partir de una brillante pluma; “Yo simplemente era alguien que habitaba en un pequeño mundo, el mío propio”, un mundo umbrío, gris y ardiente que discernimos a través de “una alegría triste en mis ojos”.

“Parece que se nos dificulta la falta de ruido”, me dije, “es como si este nos recordara el morir; tendemos a asociar la muerte con el silencio, la obscuridad y el fin. ¿Pero, qué sabemos de la muerte, si apenas sabemos algo de la vida? Yo creo que la muerte será la fiesta, la luz y la continuación; pues la vida para mí era, siempre había sido, el silencio, la obscuridad y el fin”. Vivía retraída en un mundo sombrío, el que a su vez, me embelesaba con toda su belleza; era un mundo maravilloso y yo le pertenecía. No, durante mi niñez nunca pensé ser una princesa, como otras niñas creían o deseaban serlo. No, yo simplemente era… “¡Greta!” me llamaba el profesor

En segundo lugar, exponer algunos de los temas, motivos y formas que palpitan entre las páginas de esta excelente novela corta que oscila entre la inocencia de los cielos de Venecia y una más juiciosa con la que nos topamos por calles parisinas. En la narración hay un claro interés en explorar la esfera luminosa y recortarla contra aquella más oscura para ser devorada por las sombras. Siendo esta última el perpetuo estado de ánimo del que goza Greta Legris. No obstante, el hecho de que su espíritu se vea eclipsado por la “energía y sustancia gris” como pueden ser la tenebrosidad, la constante sensación de frío o lo nebuloso, no significa que hagan de ella una persona lejana, tímida y extraña, sino que todos estos colores azulados y aparentemente frágiles son explorados desde la belleza, la fortaleza y la sensibilidad más artística. De hecho, en ocasiones se recurre a otras artes como la música y la pintura para ilustrar y dibujar un cuadro de sensaciones desde Caravaggio y los ángeles negros y las eternas rosas blancas de las que nunca prescinde la madre de nuestra protagonista.

A continuación, considero oportuno añadir la inmensa importancia que atribuye Carlota Josefina y todos sus personajes a la cultura. La destreza necesaria para con el conocimiento de las lenguas, el consumo diario y terapéutico de la literatura son un pilar sobre el que se sostiene el carácter de la obra en su totalidad. Asoma entre sus líneas una reflexión cristalina sobre lo indispensable que es la cultura para crecer como individuos de una misma sociedad, y lo vital que también es para integrarnos en cotidianidades ajenas a la nuestra. La ciencia, la alquimia y la filosofía natural como las cartas del tarot y la teoría de los humores de Galeno son algunos de los motivos más abstractos que moldean el pensamiento de Greta, llevándola hacia un despertar espiritual que la obsequiará con el consuelo y la paz que requiere para superar las adversidades que le lanza el más despiadado de los azares.

París, noviembre dieciocho, a las tres de la tarde, el calendario muestra hoy una luna creciente; sola en Melancolía, sentada en la única mesa de la cocina, mi lápiz y una hoja papel. Vivía desde hace tiempo en Melancolía, desde que me casé, no, de hecho desde niña, desde siempre. Ahora, viuda, sin hijos y sin papá o mamá que me acompañaran en mis treinta y tres años, sentía que los días me pertenecían a mí… para dormir, llorar, comer y morir.

Entre tanto, el olor a quemado de las hojas de papel se despide, recuerdo a las mujeres grises, las que visitaron a Fausto para decirle que pronto moriría, una de ellas, Preocupación, lo dejó ciego de sus ojos mas no de su alma ya que esta estaba iluminada, como Goethe diría, con las espirituales virtudes del Eterno Femenino; aquellas mujeres surgieron del fuego y de su humo.

Por otro lado, deseo redactar una interpretación que ha resultado ser determinante para sellar mi opinión respecto a la destreza magistral de la autora, y lo haré sin desentrañar los misterios de la novela ni quebrar su magia. La lectura nos sitúa en una habitación del hotel Melancolía, donde Greta Legris vive con su marido Bitten en pleno centro de la Ciudad de la Luz. Allí la protagonista recrea una escena clave en la historia de la literatura universal, puesto que se encuentra con una llave dorada, una buhardilla inexplorada y una metamorfosis total. A medida que avanzaba como espectadora sentía que estaba por llegar ese instante que debía de cambiar el rumbo del personaje femenino, y al descubrir la llave, Greta parecía querer decirme lo poco que faltaba para que presenciase esa cumbre literaria tan anhelada, temida y catártica. Nos sumergimos entonces en ese lugar prohibido, desconocido, inaccesible, lejano, empolvado y oscuro para enfrentarnos con nuestro verdadero yo. Para vernos reflejados, perseguidos y en peligro a manos de nuestra versión más lóbrega, violenta, recóndita y casi malvada. Regresando después victoriosos, en paz y anímicamente limpios. Tal y como nos enseñó el inmortal Dante Alighieri en su obra ‘La Divina Comedia’, es imprescindible el descenso a los infiernos para confrontar los aspectos más odiosos de la naturaleza humana, aplacarlos y aprender de ellos para volver a la superficie y tocar los cielos con gloria y plenitud. Un camino que recorre en solitud la más joven de la familia Legris.

También me recordó dicha entrada a una especie de puerta al “jardín secreto” hecho de madera y bisagras que introduce la tan increíble y sensacional figura de la mujer del desván. Escondite y vientre sublime en el que muchachas y mujeres suben en busca de inspiración, silencio y espacio en el que escribir, pintar, componer, estudiar y hablar con total libertad entre ellas. Originando gracias a sus desnudas paredes exentas de prejuicios y cadenas sociales, comunidades de amigas, hermandades femeninas que localizamos en libros como ‘Ana la de Tejas Verdes’ por L. M. Montgomery, ‘Mujercitas’ por Louisa May Alcott y ‘Orgullo y Prejuicio’ por Jane Austen. Tal habitáculo también alude a la teoría literaria y feminista de la habitación propia de Virginia Woolf, en la que se menciona lo urgente que es que las mujeres tengan un escritorio en el que trabajar y un lugar privado en el que poderse expresar.

Por todas estas razones y otras muchas que me reservo para el programa del VII Club de Lectura del jueves 24 de septiembre a las 19.00 horas en Acalanda TV, os recomiendo a la novelista y poeta Carlota Josefina Bérard. Su imaginación, creatividad y elegancia parecen no tener límite, la sensatez de su pluma es capaz de adentrarse en los temas más delicados y sensibles sin perder la experiencia literaria que la ensalza. La belleza y la autenticidad con la que se manifiesta es una delicia para todo intelecto y amante de la literatura que se precie. Y merece ser admirada y valorada por todos aquellos lectores que todavía no hayan tenido el placer de hacerlo, por lo que si tú eres uno de ellos, te animo a hacerlo. 

Enhorabuena, Carlota, has escrito una obra ejemplar.

Laura Martínez Gimeno

Si te ha gustado, por favor, compra la obra: Greta Legris

Muchas gracias por apoyar la Cultura

4 comments on “‘Greta Legris’ de Carlota Josefina Bérard, una romántica novela que sabe a melancolía, rosas blancas y esperanza

  1. Carlota

    Interminables mil Gracias Laura! No merezco tan Bellas palabras!
    Nadir había descrito a Greta Legris de tan Bella manera… Me dejas sin habla y soñando !

  2. Carlos

    Bellísimo libro y bellísima la autora con un gran talento y un corazón enorme !

    Ansío por leer su nueva publicación!

    • Carlota

      Gracias ! Muchísimas! Por tan lindas palabras! Dios te bendiga y a todos los que amas eternamente !!!!

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