La Divina Comedia. Primeras ilustraciones

Por Erick Guerra

La Divina Comedia fue escrita por el poeta florentino Dante Alighieri, entre el 1307 aproximadamente (año en que fue desterrado de Florencia por problemas políticos) y terminada años antes de morir en 1321.

Su nombre original fue “La Commedia”. Dante explica en una carta dirigida a “Cangrande della Scala” por qué eligió esta palabra. Y fue porque “(…) la obra tiene un comienzo turbio y agitado (Infierno) y un final sereno y apacible (Paraíso), y porque además la lengua empleada fue el “vulgar”, no el latín, más adecuado para una tragedia según las reglas clásicas”.

Fue Boccaccio quien la calificó como “divina” por considerarla una obra de excelencia. Y de este modo, el adjetivo pasa a formar parte en la edición que lleva a cabo Ludovico Dolce en 1555.

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En ella se relata el viaje imaginario de Dante, en la Pascua del año 1300, quien inicialmente se halla perdido en una selva oscura, que es la alegoría de la vida humana, con todas sus problemáticas y tentaciones. En ese lugar aparecen una pantera simbolizando la lujuria; una loba que personifica la avaricia y un león que representa a la ambición y la soberbia. Es aquí donde aparece el poeta Virgilio, enviado por Beatriz, una dama virtuosa, quien lo guía atravesando el Infierno y el Purgatorio. Allí se queda, dejando a Dante en manos de la virginal Beatriz, quien conduce al poeta por el Paraíso. Aquí se llega al final del viaje contemplando las almas bienaventuradas que están cerca de Dios, de acuerdo a su grado de santidad. Hasta que por último, se encuentra el Empíreo, en donde Dante puede contemplar a Dios.

Este poema narrativo ejerció una profunda seducción en sus lectores a lo largo de los siglos desde Miguel Ángel, Rodin en esculturas, o en la música de Schumann y Rossini.

La Divina Comedia ilustrada

Pero quien se destaca en el área plástica es Sandro Botticelli (1445-1510), quien realizó 102 dibujos ilustrando los tres cantos, sobre vellum (un pergamino flexible de piel de ternera), utilizando la punta de metal y tinta marrón con plumilla y pincel.

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El texto ilustrado por este pintor renacentista continúa con la tradición de los códices miniados medievales, ya que acompañan al texto de la obra en la cara posterior del vellum, en este caso.

Tanto se compenetra este artista que Giorgio Vasari (1511-1574) dice que Botticelli “dedicó tanto tiempo a esta obra que de ello se siguieron infinitos desórdenes en su vida, pues por ellos dejó abandonado su trabajo”.

Estos dibujos acompañan el recorrido del poeta en cada uno de las tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso, que tienen 33 cantos cada una, a los que se agrega un canto introductorio, sumando un total de cien cantos.

De este modo el Poema escrito por Dante se estructura en:

  • El Infierno que se divide en 9 círculos.
  • El Purgatorio que se distribuye en 7 gradas o terrazas.
  • El Paraíso, en 9 esferas.

Estos números no son casuales, ya que el simbolismo del tres, está presente en toda esta obra. Ya que tres son los personajes principales, tres las estrofas y son tres partes con 33 cantos cada una. Estas a su vez introducen al número 9, que es un múltiplo de 3, y que a su vez tiene su propio significado.

Botticelli ha seguido el recorrido respetando absolutamente lo que el poeta florentino ha escrito. Así realiza un dibujo de: “El demonio Barbarrizada” en el Infierno XXII siguiendo exactamente la descripción de Dante.

O a Lucifer en el Invierno XXXIV. Es aquí donde Dante ha puesto los peores suplicios para quienes han sido traidores de quienes los han favorecido. La imagen muestra a Lucifer masticando la cabeza de Judas, mientras muerde los pies de Casio y Bruto, condenados por haber dado muerte a César.

Otros ejemplos de sus magníficos dibujos del poema son: el Paraíso VI, donde Dante describe a quienes que (a su juicio) por su afán de gloria y debido a sus obras y hazañas, merecen estar en el primer nivel del cielo. Y en el Paraíso XXI, la escalera de Jacob donde ya en el séptimo cielo Beatriz sube en la luz de los bienaventurados.

Erick Guerra. Escritor y creador de Biografías.wiki

Miquel Barceló. El Arca de Noé

Miquel Barceló. El Arca de Noé es una gran exposición que forma parte de la Conmemoración del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca. Presenta unas ochenta obras del artista mallorquín realizadas en distintas técnicas: pintura, escultura, cerámica, obra sobre papel y performance, producidas en su mayoría en los últimos seis años. La exposición demuestra la mutabilidad constante de Barceló, cuya vasta obra se caracteriza por una sorprendente riqueza formal e iconográfica.

Miquel Barceló - SalamancaLa exposición salmantina ha sido concebida pensando en los diferentes espacios que iba a ocupar dentro de la Universidad y de la propia ciudad. Un buen número de obras son inéditas. El comisario de la exposición es Enrique Juncosa, escritor experto en su obra, y está acompañada por un catálogo ilustrado con todas las obras de la exposición, un texto del comisario y otro del poeta y crítico norteamericano John Yau.

Una de las grandezas que posee la obra de Miquel Barceló es que gran parte de ella solamente puede ser contemplada in situ para poder percibir toda su extensión emotiva. Enfrentados en vivo a la obra de arte podemos empaparnos de todos los tesoros iconográficos y sensibles que contiene, adaptar nuestro punto de vista a la volumetría y al fenómeno expansivo que transmite. No valen fotografías ni siquiera el reportaje videográfico para liberar la obra de arte de su envoltorio material. Acaso la realidad virtual pueda ofrecernos la obra en plenitud, pero nada para llenarnos de Miquel Barceló como estar delante de sus creaciones. Un nuevo pretexto para hacer un hueco en nuestras agendas y visitar Salamanca. Esta macroexposición durará cinco meses. Inaugurada el pasado día 28 de abril, se clausurará el próximo 1 de octubre.

La exposición ocupa seis espacios repartidos por la ciudad, lo que supone, además de la visita a la exposición, dar un agradable paseo por la Salamanca histórica y monumental y poder disfrutar del arte que envuelve a las obras expuestas. Se reparte en: La Sala de exposiciones de la Hospedería Fonseca, la Capilla del Colegio Arzobispo Fonseca, la Sala de exposiciones del Patio de Escuelas, el Patio de Escuelas Menores, El Palacio de Anaya y la Plaza Mayor.

En la Sala de exposiciones del Patio de Escuelas, se presentan las obras más antiguas de la muestra, 26 acuarelas pertenecientes al conjunto realizado por Barceló para ilustrar la Divina Comedia de Dante Alighieri entre 2001 y 2003. Además, en la misma sala se expone un peculiar autorretrato con características orientalizantes de 2013, Autoportrait multiple à Padoum.

En la Sala de exposiciones de la Hospedería Fonseca se presenta un importante grupo de pinturas y obras sobre papel de gran formato, realizadas entre 2009 y 2016. Naturalezas muertas, pinturas blancas, de fondos marinos con formas luminosas que sugieren criaturas abisales y pinturas en relieve de animales y cabezas de animales. Las grandes naturalezas muertas muestran frutas, verduras y flores, a veces en forma de guirnaldas, flotando sobre superficies matéricas monocromáticas. El pintor, más que maravillarse ante lo diminuto y lo cotidiano, trata su tema con gigantismo de forma épica. Las telas y papeles en relieve, algunas de ellas pintadas en 2014 y 2015, nos trasladan a las cuevas pictóricas primitivas.

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En la Capilla del Colegio Arzobispo Fonseca se exponen un grupo de 18 cerámicas tan altas como personas, realizadas entre 2012 y 2016. Y de la pared del crucero cuelga la gran obra que da nombre a la exposición: El Arca de Noé (2014), una monumental pintura de 4 x 6 metros y que se presenta al público por primera vez. En la pintura de Barceló vemos parejas de verduras y frutas, y también, dibujadas con grafito, parejas de cabezas de aves y de animales; como ha señalado el comisario de la exposición: “el título puede parecer irónico, lo mismo que la escala gigantesca para un bodegón, pero se trata realmente de una metáfora de la permanencia más allá de la muerte mientras se subraya, al mismo tiempo, la transitoriedad de todo”.

En el Patio del Palacio de Anaya podemos contemplar su gran obra Le grand écouteur (2015) acabada en un taller de Bélgica. La obra, una gran oreja hecha con macetas gigantes, nos remite de alguna forma a los célebres relojes blandos de Dalí.

En la Plaza Mayor de Salamanca encontramos al Gran Elefantdret (2008), versión monumental de otro anterior más pequeño y con pátina oscura. En esta versión la obra expele un humo blanco de forma programada por el ano del animal. “Esta forma ironiza sobre el concepto de escultura pública, introduciendo el sentido del humor.” Se trata del gran atractivo de la exposición, el elemento de disfrute del gran público.

En el Patio de Escuelas Menores se exponen 14 Allumettes (2015), realizadas en bronce de distintos tamaños, una suerte de bosque de cerillas usadas. Obra de gran impacto visual, alguna de ellas supera los tres metros de altura.

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El día de la inauguración de la exposición se llevó a cabo la performance, La imagen fantasma (2016), presentada por primera vez en el Museo Picasso de París, y adaptada ahora para el Patio del Colegio Arzobispo Fonseca. En esta obra ha colaborado el músico francés Pascal Comelade e interviene Iván Telefunken en la interpretación. Barceló realizó ante autoridades y visitantes una gran pintura con tintas que se desvanecieron a los pocos minutos.

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Fotografías y multimedia, cortesía Universidad de Salamanca. Guía en formato .PDF.