Santiago Ramón y Cajal - Acalanda - Felipe Chaneta - Editorial Amarante

Hace millones de años un hombre primitivo descubrió cómo hacer fuego. Probablemente por tal razón, fuera quemado por los de su especie. Pero, a pesar de ello, les dejó un regalo impagable: ¡hacer desaparecer la oscuridad de la Tierra! Gracias a ese fuego otros hombres (artistas, creadores, científicos, filósofos, etc.) dieron los primeros pasos por nuevos caminos (que solamente ellos fueron capaces de vislumbrar). Lucharon y sufrieron. Pero, a la postre, ¡vencieron! Permitiendo evolucionar y avanzar a la Humanidad y mejorar y civilizar las vidas “colectivas” de demás (El Manantial, 1949). Han pasado con letras de oro a la categoría de nombres “propios” de la Historia. Y su memoria y legado forma parte del Patrimonio Universal (material e inmaterial).

Santiago Ramón y Cajal fue uno de ellos. Artista transformado en científico; científico convertido en descubridor; descubridor mutado en inventor; literato trocado en filosofador; dibujante diversificado en fotógrafo; tirador de honda derivado en culturista (y ajedrecista);… etc. Todo ello dentro de un mismo ser (insólito, fascinante, contradictorio y admirable). Gobernado por la curiosidad, la creatividad, la tenacidad, la laboriosidad, la brillantez, la honestidad y los principios. Y presidido por dos grandes amores. Uno, Silveria Fañanás García, su esposa y ayudante: que creía en él, alentaba sus ambiciones científicas, le daba armonía, tranquilidad, buen orden (en la administración del hogar y crianza de la familia) y felicidad. Otra, la ciencia: que lo tenía hechizado y le transformaba
en un ser “ausente, fino y realista; siempre enredado en el laberinto bello de los sutiles encajes de vida de su microscopio” (según Juan Ramón Jiménez). Sin ambas, Cajal no habría sido posible. Porque la mitad de Cajal era… Silveria y la otra mitad… era la ciencia.

Que por qué es necesario un museo Cajal. Las razones son tantas y obvias, que, si esto fuera España y no Españistán, la pregunta habría que formularla “en negativo”.

Porque la luz, verdad, sabiduría, referencia y compromiso de Cajal deben difundirse.

Porque somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Y sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizás no merezcamos vivir –Saramago-.

Porque ayudará a demostrar que en la ciencia no todo es matemáticas, ni simple lógica, sino también belleza, imaginación y poesía (en palabras de Cajal, las neuronas son “como misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental”).

Porque así lo exige el interés colectivo pues al carro de la cultura española le sigue faltando la rueda de la ciencia. Y para garantizar su subsistencia y el enaltecimiento patrio, se hace obligado cultivar los yermos de nuestra tierra y cerebro, salvando todos los talentos que se pierden en la ignorancia. Este museo de información intemporal sobre el maestro, su escuela y su obra es una buena forma de hacerlo.

Porque la pluralidad, diversidad y riqueza del conocimiento de Cajal excede con mucho de lo científico.

Porque de lo contrario demostraríamos ser una sociedad sin neuronas que acabaría quemando –a través del desprecio y el olvido- a aquél que le sacó de la oscuridad y volviendo a ella.

Sencillamente, para ser menos mediocres, limitados y algo mejores.

Felipe Francisco Chaneta Garau
Abogado y Escritor

Recuerda, Necesitamos a Cajal más que nunca” puedes añadir tus reflexiones en el apartado de comentarios, nos gustaría elaborar una Web específica. Te esperamos.

1 comment on “¿Por qué es necesario un Museo Cajal? (XIV), por Felipe Chaneta

  1. Óscar Solano

    Más Museo Cajal y menos Ministerio de Igualdad.

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