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El ocaso de una sociedad

Nunca antes habíamos tenido a nuestra disposición el manejo de tanta información. Un hecho que nos afecta a todos, pero en particular a los más jóvenes cambiando el paradigma del trato de la información y obligándonos a adaptarnos antes de que sea demasiado tarde. Alejandro Muñoz López

En estos tiempos que corren en los que somos bombardeados con cantidades abrumadoras de información parece casi cuestión de supervivencia cultivar y desarrollar el pensamiento crítico y la capacidad de discernir con tal de abrirse paso firme ante semejante “tsunami’’ informativo.

Nos encontramos en una era en la que todo son facilidades, en unos pocos “clicks” tenemos a nuestra disposición datos que en el pasado hubieran requerido días de ardua búsqueda y fruto de esta comodidad el árbol tapa el bosque y no valoramos lo que tenemos. Esta inmediatez en la emisión de información hace que sea prácticamente imposible filtrar adecuadamente todo lo que se publica y como consecuencia se complica la tarea de encontrar fuentes fiables y se facilita la manipulación de la gran masa a través de diversas campañas propagandísticas.

Sin embargo, todo hace indicar que la sociedad occidental de la que formamos parte parece haberse plegado ante el mensaje fácil, adulador y superficial que domina la opinión pública.

En el momento en que finalmente seamos conscientes del gran poder que tenemos a través de nuestras pantallas y consigamos sacarle provecho quizás gocemos algo más de ese concepto tan complejo que es la libertad y revirtamos esa espiral de bulos tan nociva que de alguna forma nos afecta a todos.

Con el objetivo de hablar en clave nacional, en los últimos meses surgió una nueva polémica con el nuevo Real Decreto 217/2022 aprobado por el Consejo de Ministros, que suponía el enésimo cambio educativo en España y que entre otras asignaturas alteraba la implementación de la Historia y la Filosofía en la Educación Secundaria Obligatoria otorgándoles una generalización y enfoque que abrió de nuevo el dilema sobre si se les daba la importancia necesaria y si se debería unificar la enseñanza a nivel nacional o no. Sería tema de debate para otra ocasión los constantes cambios del sistema educativo que en función del Ejecutivo gobernante cambia diametralmente respecto al anterior. Es razonable que las leyes evolucionen, pero sus razones deberían ser meramente constructivas y no de índole partidista. En este sentido ya que hablamos de asignaturas como Historia de España convendría mirar atrás y recuperar ese espíritu perdido de los grandes pactos de Estado que hubo en la Transición Española.

Si algo nos ha enseñado la historia es que aquel pueblo que ignora su pasado está condenado a cometer los mismos errores. Por ello es fundamental el conocimiento de nuestra historia, que nos permita conocer los errores del pasado y cimentar el futuro sobre ellos, y el estudio de la filosofía como vía segura a formular cuestiones que lleven a conclusiones más certeras.

Resulta imprescindible citar a Cicerón:

“Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”

(Marco Tulio Cicerón, 106 – 43 a.C.)

Somos responsables de nuestro presente que sienta precedente del futuro de nuestros hijos y de ninguna manera deberíamos permitir que tengan una herencia peor que la que nos otorgaron nuestros padres. Hay que hacer sociedad a partir del individuo y para ello toca encumbrar la responsabilidad individual y la libertad de pensamiento.

Por ello, hay que defender la implantación de la Filosofía en los años previos al Bachillerato ya que nos aporta herramientas para abrir nuestras mentes, distintas corrientes de pensamiento que no tienen por objetivo ser seguidas como dogma sino ser interpretadas por cada cual consiguiendo mantener siempre alerta a aquel que se adentra en sus complicados pero fructíferos caminos.

Como mencionaba el filósofo Antonio Escohotado:

“Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo. Un país es rico porque tiene educación.”

Antonio Escohotado

Alejandro Muñoz López

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