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José Antonio Hernández de la Moya Opinión

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: EL ESPEJO DEL ALMA Y LA VOZ DE LA RAZÓN

Defender la libertad de expresión es comprender que nada ni nadie puede arrebatarnos uno de los preciosos dones que a los hombres dieron los cielos.


A través del humanismo de Juan Luis Vives y la figura de don Quijote, se argumenta que la libertad de expresión es el espejo que permite al ser humano explorar su alma, gestionar sus emociones —base de la inteligencia emocional de Daniel Goleman— y construir su propia esencia desde la responsabilidad existencialista. En un mundo amenazado por la censura algorítmica y el ruido digital, defender la libertad de expresión es, en última instancia, proteger nuestra capacidad de vivir con autenticidad y sabiduría, honrando el «precioso don quijotesco» que nos define como seres humanos.


El precioso don quijotesco

Cuando don Quijote sentencia que «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres», debemos deducir que, además de referirse a las  cadenas físicas, está reivindicando la facultad del ser humano para gobernarse sin restricciones  desde la verdad de su propia alma.

A knight in armor stands on a hilltop, holding a spear and gazing upward. A swirling galaxy of stars, symbols of hearts, gears, and more emanate from his mouth, leading toward a profile of a man. The landscape includes a windmill, valleys, and distant castles under a dramatic sky.

Hoy, en España, la libertad de expresión —recogida con celo en el Artículo 20 de nuestra Constitución, — es la herramienta jurídica que protege ese don celestial.

El derecho constitucional de la libertad de expresión

Generalmente, concebimos la libertad de expresión como el derecho a decir lo que pensamos sin censura.

Nuestra Constitución, en el artículo citado, la define como «el derecho a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones, así como a la creación literaria, artística y a la información veraz».

Un derecho fundamental que tiene el límite previsto en el Título I, «De los derechos y deberes fundamentales», en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Evidentemente, este derecho fundamental de la libertad de expresión plasmado en el artículo 20 de nuestra Carta Magna no es el resultado de una simple aplicación de técnica legal moderna, sino la cristalización jurídica de un pensamiento secular de hondo calado humanista.

Al reconocer el derecho a expresar libremente pensamientos e ideas, el legislador no solo protege una libertad individual, sino que da forma jurídica a ese «sendero hacia la sabiduría» que Juan Luis Vives— seguramente el pensador español más importante desde la Edad Moderna— describió como el examen de las facultades y emociones del alma.

A scenic illustration of a staircase leading toward a luminous figure at the top, surrounded by glowing celestial elements. A man in a red robe stands at the bottom holding a feather, gazing up at the figures above.

La libertad como herramienta de autoconocimiento

El humanista Juan Luis Vives (1492-1540) defendía que el primer paso hacia la sabiduría consiste en conocerse a uno mismo. No el cuerpo, sino el alma: sus emociones, sus facultades, sus contradicciones.

Desde esta perspectiva, la libertad de expresión no es solo un derecho a opinar, sino una herramienta de autoconocimiento. Al expresar lo que pensamos y sentimos, sacamos a la luz aquello que, de otro modo, permanecería oculto en los «escondrijos y sinuosidades» del alma.

Por lo tanto, sin esa posibilidad de expresión, el proceso de conocerse a uno mismo quedaría incompleto.

Vives, especialmente en su obra De anima et vita —un verdadero tratado de psicología humanista—establece las bases conceptuales que hoy vinculamos a la libertad de expresión y la inteligencia emocional.

En esta obra, defiende que el conocimiento debe nacer del examen de la «naturaleza del alma, sus emociones y extensos escondrijos y sinuosidades». También, establece que la capacidad de expresar lo que sentimos y pensamos es fundamental para consumar el precepto socrático del «Conócete a ti mismo», ya que solo volcando nuestra verdad interior podemos comprenderla y someterla a la razón.

«Por esta razón, el antiguo oráculo, famosísimo en toda la tierra, ordenaba que, para el progreso en la sabiduría, se diera un primer paso: conocerse cada uno así mismo; no precisamente los huesos, la carne, los nervios y la sangre, sino que ordenaba examinar la naturaleza del alma, cualidades, índole, facultades y emociones, y explorar en la medida de lo posible, sus muy variados y extensos escondrijos y sinuosidades».

JUAN LUIS VIVES

Así pues, la relación entre el precepto socrático «Conócete a ti mismo» (Nosce te ipsum) y la libertad de expresión es profunda y constituye la base del pensamiento humanista que influyó en obras como el Quijote.

Inteligencia emocional y verdad interior

Cumplir con el «Nosce te ipsum» exige mirar hacia el interior y reconocer nuestros pensamientos y emociones. Para Juan Luis Vives, esa tarea solo es posible mediante la libertad de expresión, que permite manifestar la naturaleza del alma; sin ella, la exploración de sus «escondrijos y sinuosidades» quedaría truncada.

Siglos después, la psicología moderna ha llegado a una conclusión similar. La inteligencia emocional parte de una idea sencilla pero decisiva: reconocer los propios sentimientos en el momento en que surgen.

Ahora bien, esa toma de conciencia necesita un vehículo. Y ese vehículo es la palabra que ha de pronunciarse libremente.

Al expresar libremente nuestras ideas y emociones —y contrastarlas con los demás— no solo comunicamos: también nos comprendemos mejor, corregimos nuestros errores y afinamos nuestro juicio.

An illustrative depiction of a man with a beard and mustache, deep in thought while reading a book. He holds a pencil and is surrounded by abstract shapes, including a light bulb and a circle, symbolizing knowledge and creativity.

En este mismo sentido, el prestigioso psicólogo, periodista y escritor, Daniel Goleman, autor del bestseller mundial  Emocional Intelligence (La Inteligencia Emocional), vincula directamente el socrático «Conócete a ti mismo» con la inteligencia emocional.

Entiende que «darse cuenta de los propios sentimientos en el mismo momento en que estos tienen lugar» constituye la base de la inteligencia emocional.

Por lo tanto, la libertad de expresión es el vehículo necesario para que esa toma de conciencia se materialice y se valide socialmente ya que, a través del diálogo y el contraste de ideas con los demás, nos permite identificar nuestros sesgos y errores, cumpliendo así con el objetivo ético del precepto.

La libertad de expresión: más que un derecho, una condición humana

Desde una perspectiva humanista, la libertad de expresión puede entenderse como algo más profundo que un derecho civil. Es una condición necesaria para el desarrollo pleno de la persona.

Si el ser humano está llamado a conocerse, gobernarse y construir su propia vida, necesita poder expresar su mundo interior. Sin esa posibilidad, no solo se limita su voz: se limita su propia evolución.

Para Vives el «Conócete a ti mismo» poseía una trascendencia, una fuerza y una importancia de tal magnitud, que necesariamente tenía que haber sido inspirado por la divinidad. Por ello, desde este prisma la libertad de expresión deja de ser un mero derecho civil otorgado por el Estado para transformarse en una condición ontológica esencial: cauce necesario para alcanzar la sabiduría o la plenitud humana.

Si, como sostenía Vives, el primer paso hacia el conocimiento es explorar la naturaleza del alma, sus facultades y sus emociones, la libertad de expresión es el instrumento que permite sacar a la luz esos «variados y extensos escondrijos y sinuosidades» del espíritu.

No se trata solo de un derecho a opinar, sino del deber de manifestar la verdad interior para lograr la «composición de las costumbres de los hombres» y alcanzar la «perfecta sabiduría».

En este sentido, conculcar la libertad de expresión no es solo un acto de censura política, sino un ataque a la propia naturaleza humana, pues impide que el individuo cumpla con el mandato divino de conocerse, gobernarse y, en última instancia, reconocer sus propias limitaciones para vivir en una ética de respeto y orden.

«En segundo, has de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que pueda imaginarse».

El QUIJOTE (II, 42)

El espejo de la censura: Del Siglo XVI a la era digital

A lo largo de la historia, la restricción de la palabra ha adoptado formas distintas, pero con un mismo fondo: controlar el pensamiento.

En efecto, la conculcación de la libertad de expresión ha sido una constante, manifestándose como un intento de silenciar ese progreso hacia la sabiduría del que hablaba Juan Luis Vives. Cuando se prohíbe la palabra, no solo se calla una opinión, también se impide el proceso del «Conócete a ti mismo», base de la inteligencia emocional; pero, sobre todo, se mutila la propia esencia del ser humano, impidiendo que el individuo alcance la plenitud de su dignidad al arrebatarle el instrumento sagrado para gobernar su propia alma.

En el siglo XVI— época en la que vivió Vives—, la conculcación del derecho divino a la libertad de expresión se llevaba a efecto mediante el acceso al conocimiento de los   Índices de libros prohibidos, que impedían el acceso a ideas en contra del dogma establecido y la «persecutionem propter opiniones» (persecución del pensamiento disidente), castigando severamente a quien pensaba distinto, con el fin de  forzarlo a vivir en la ignorancia de sí mismo.

Hoy las formas son más sutiles:

✅Algoritmos que filtran contenidos sin comprender el contexto

✅Dinámicas de cancelación social

✅Burbujas informativas que limitan el contraste de ideas

Hoy, efectivamente, la derecho de la libertad de expresión se lleva a cabo con otros métodos más sutiles, pero con un resultado similar: una reducción del espacio en el que el individuo puede explorar, expresar y contrastar su pensamiento.

El argumento de combatir los «excesos» en redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA) es el nuevo traje de un dilema antiguo: cómo equilibrar la seguridad con el derecho divino a que el ser humano se manifieste para conocerse a sí mismo y a su entorno.

A transparent human head sculpture with a glowing piece of paper inside, surrounded by floating padlocks and binary code.

Libertad y responsabilidad en el mundo actual

Evidentemente, la libertad de expresión no debe ser ajena a toda responsabilidad. La propia tradición jurídica establece límites relacionados con el respeto a los demás. Pero el desafío contemporáneo consiste en encontrar un equilibrio que no anule su función esencial: permitir que el ser humano piense, dude, se equivoque y evolucione.

📌En el siglo XVI se impedía el acceso a obras que pudieran «corromper» el alma o desafiar la autoridad. En el siglo XXI, los algoritmos que eliminan contenido preventivamente basándose en patrones de palabras, a menudo sin entender la ironía o el contexto emocional.

📌En aquel siglo se argumentaba que el pueblo no estaba preparado para ciertas verdades y debía ser guiado hacia la «perfecta sabiduría» por la autoridad. En este, el argumento de proteger la democracia sirve para etiquetar o silenciar voces disidentes antes de que el ciudadano pueda ejercer su propio juicio.

📌Antes, el individuo evitaba explorar los «escondrijos de su alma» por temor a las consecuencias legales o sociales. Ahora, el miedo a la «cancelación» o a las sanciones legales en redes sociales hace que el usuario no se atreva a darse cuenta de sus propios sentimientos en público.

📌Vives escribió en el siglo XVI que el gobernante debía conocer las emociones para dirigir a los ciudadanos hacia el bien común. El siglo XXI, desoyendo este sabio consejo, hace uso de la IA para monitorizar el sentimiento social, derivando a menudo en una manipulación de las emociones (temor, odio, envidia) en lugar de promover un gobierno ético.

📌Entonces, al no poder contrastar ideas, el hombre no lograba conocerse a sí mismo y manifestar su esencia divina. Ahora, al vivir en una burbuja digital, no permitimos que, de acuerdo con la filosofía existencialista, la persona se pueda construir a sí misma, como el único arquitecto de su destino, convirtiendo la libertad de palabra y acción en el cimiento mismo de su dignidad humana.

La libertad como construcción de uno mismo

Jean-Paul Sartre, padre de la filosofía existencialista subraya que el ser humano no nace hecho, sino que se construye a través de sus decisiones.

En ese proceso, la libertad de expresión desempeña un papel fundamental: es el medio por el cual esa construcción se hace visible, consciente y compartida.

No somos únicamente lo que pensamos, sino también lo que nos atrevemos a decir.

No nacemos con un propósito predeterminado, sino que nos construimos a través de nuestras elecciones, donde la libertad de expresión constituye un pilar fundamental.   

A person gazes into a mirror-like portal depicting a cosmic scene filled with stars, galaxies, and clouds, with words like 'truth', 'dream', 'soul', and 'freedom' emanating from their mouth.

Defender la libertad de expresión hoy

Defender la libertad de expresión hoy no es solo una cuestión política o jurídica. Es, ante todo, una cuestión profundamente humana.

Porque, cuando la palabra se limita, no solo se restringe un derecho: se empobrece el camino hacia el conocimiento de uno mismo. Y sin ese camino, el ser humano corre el riesgo de perder no solo su voz, sino también su propia identidad.

En fin, defender la libertad de expresión hoy, frente a los riesgos de la censura gubernamental, algorítmica o el ruido digital, es comprender que nada ni nadie puede arrebatarnos uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos.

«Non bene pro toto libertas venditur auro».
—La libertad no se vende bien por todo el oro—

EL QUIJOTE (Prólogo)

Book cover of 'El Espíritu de la Transición' by José Antonio Hernández de la Moya and José Francisco Asderias Vistué, featuring a black and white illustration of two people embracing.
EL ESPÍRITU DE LA TRANSICIÓN: Conversaciones para nuestro tiempo

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La ciudad de Salamanca volverá a convertirse en punto de encuentro del talento joven los días 15, 16 y 17 de abril de 2026 con la celebración de la II edición de COMHIS 2026, bajo el lema “Liderar sin permiso”. El congreso, dirigido a jóvenes líderes, creadores y emprendedores de todas las disciplinas, ya ha abierto su periodo de inscripciones. COMHIS seleccionará a 30 participantes procedentes de distintos ámbitos profesionales que tendrán la oportunidad de presentar sus proyectos, intercambiar ideas y diseñar colaboraciones estratégicas en un entorno de alto nivel académico y tecnológico.


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