Juan Meléndez Valdés. 200 aniversario

Hace 200 años moría exiliado en Francia, como su amigo Francisco de Goya y otros tantos intelectuales y artistas españoles a los que los azares de esta España siempre a cuestas con la trifulca y el sinsentido acostumbra a lapidar a los suyos, y en especial siempre a los más ilustres, que en vez de aprender de ellos y ponerles en pedestal los arroja unas veces a las fieras y otras al olvido. Esperemos que ahora no ocurra en Cataluña con Serrat, Eduardo Mendoza, y tantos otros que intentan poner cordura y lucidez en una sociedad que repite y repite y comete siempre los mismos errores.

Poeta, por encima de todo, que anticipó en sus últimas obras el romanticismo que llegaba con fuerza desde afuera, Meléndez Valdés es ese escritor para muchos pre-romántico, en un país donde nunca existieron de esos, como Schiller, Alfieri o el mismo Goethe.

Ilustrado y afrancesado, grandes pecados nacionales después de la Guerra de la Independencia. Ahora, cuando hace 200 años que falleció este ilustre extremeño, ligado profundamente a Salamanca y su universidad, pocos actos, reconocimientos y reseñas alumbran ni siquiera el mundo de las letras. Solo un par de palabra resumen lo referido: patetismo patrio. Pero, por otro lado y desde esta cabecera, que anhela estar siempre del lado de la cultura y especialmente de las letras: Homenaje y recuerdo al maestro.

Biografía

(fuente: Real Academia Española de la Lengua)
Ribera del Fresno (Badajoz), 1754-Montpellier (Francia), 1817
Juan Meléndez Valdés

Elegido académico de la R.A.E. honorario en 1810 y de número en 1812.

Juan Meléndez Valdés fue «el poeta más destacado dentro de las corrientes líricas del siglo XVIII», en palabras de Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española (1999, 2015).

Catedrático, fiscal y magistrado, inició la carrera de Derecho en 1772 en la Universidad de Salamanca. En esa ciudad, participó en las academias poéticas, en las que se recitaban y comentaban los autores clásicos y renacentistas, al tiempo que los tertulianos leían sus propias creaciones líricas —Meléndez Valdés adoptó el apelativo poético de Batilo. Como indica Emilio Palacios Fernández —editor de varias obras de Meléndez Valdés— en el Diccionario biográfico español(2011), José Cadalso, «que vivía entonces momentos de esplendor creativo», acudió a la capital del Tormes, siendo su presencia determinante para marcar el rumbo que tomaría la obra de los jóvenes poetas de la llamada escuela poética salmantina.

CONCURSO POÉTICO 

En 1780 la Real Academia Española convocó su tercer concurso poético. Como recuerda Víctor García de la Concha en su obra La Real Academia Española. Vida e historia (2014), contendieron, entre muchos otros, un poeta de renombre, Tomás de Iriarte, y el joven Meléndez Valdés. Debían componer una égloga en «alabanza de la vida del campo» y Valdés escogió una vía neoclásica: «Recordó a Garcilaso e hizo que, en estancias llenas de armonía, dos aldeanos celebraran su tranquila existencia con sus pastoras y ganados, cantando y tocando el caramillo». Ganó Meléndez Valdés con Batilo —así se llamaba su égloga—.

Un año después, en 1781, obtuvo la Cátedra de Humanidades en Salamanca. En esta misma fecha visitó en Madrid a Gaspar Melchor de Jovellanos, quien, como señala Palacios Fernández, acabó siendo su mejor amigo y maestro, especialmente tras la muerte de Cadalso, en 1782. «Este encuentro orientó por nuevos derroteros las inquietudes poéticas de Meléndez Valdés hacia una lírica de tono clásico y después hacia la poesía ilustrada, preocupada por razonar sobre temas sociales, filosóficos y morales». Ese mismo año obtuvo el grado de doctor, como culminación a diez años de estudio.

Su carrera literaria recibió una nueva confirmación en 1784. El Ayuntamiento de Madrid convocó un premio que se otorgaría a dos dramas originales «ajustados a las reglas del arte». Como señala García de la Concha, el jurado, presidido por Jovellanos, eligió Los menestrales, de Cándido M.ª Trigueros, y Las bodas de Camacho el rico, compuesto por Meléndez Valdés.

UN ILUSTRADO

En 1785 publicó Poesías, que dedicó a Jovellanos. La segunda edición, en tres volúmenes, apareció en 1797. El libro, dedicado a Manuel Godoy, «estaba formado —apunta Palacios Fernández— por algunos de los viejos poemas y otros nuevos que reflejaban su compromiso con la sociedad y con sus ideas ilustradas […]. Por entonces, Francisco de Goya le inmortalizó en un retrato, en el que aparece serio y pensativo».

El nombramiento de fiscal de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte en Madrid, en 1797, supuso para Meléndez Valdés un período de intensa actividad. Aunque solo ejerció el cargo durante siete meses, sus dictámenes, discursos y contestaciones son la base de sus Discursos forenses, que se publicaron en 1821. En 1811 aparecieron sus Poesías escogidas.

En la época de la invasión napoleónica, en un primer momento el poeta animó al pueblo español a combatir al ejército francés. Sin embargo, según señala Palacios Fernández, su actitud cambió. «Permaneció en Madrid y juró lealtad al rey José Bonaparte. Llegó a ser miembro del Consejo de Estado. Se convirtió en un personaje importante del régimen, al que se dieron recompensas y condecoraciones. Fue nombrado caballero de la Real Orden de España, miembro del Instituto Nacional y recibido en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, sobre todo, en la Real Academia Española. […] La retirada de los franceses, en agosto de 1812, llevó consigo a una gran cantidad de tropas y personas comprometidas con su gobierno (afrancesados)».

DESTITUCIÓN DE LOS AFRANCESADOS

Su afrancesamiento le acarreó, como a otros compañeros de corporación, consecuencias en la Real Academia Española. Como anota Alonso Zamora Vicente, a mediados de octubre de 1814, «una orden personal de Fernando VII destituía a Ramón Cabrera de la dirección y le eliminaba de la lista académica, sin dar razones. Así, entre sobresaltos, se llegó al mes de noviembre. En junta del día 8 se leyó (siempre por oficio enviado por el ministro de Estado, duque de San Carlos) otro deseo de Fernando VII: la eliminación de la lista académica —y de otras corporaciones e instituciones— […] de los afrancesados y liberales […]. La Real Academia Española tuvo que prescindir de Vicente González Arnao, Juan Meléndez Valdés y José Antonio Conde. Igual suerte corrieron los supernumerarios Gómez Hermosilla y Juan Antonio Llorente».

Según cuenta Víctor García de la Concha, los académicos afrancesados —Iriarte, González Arnao, Meléndez Valdés, Conde y Llorente— «siguieron los difíciles avatares de la retirada de las tropas napoleónicas: Valencia, de nuevo Madrid, […] y evacuación definitiva, y muy penosa, a Francia». Allí, en Montpellier, «abatido y en la soledad del destierro», falleció Meléndez Valdés el 24 de mayo de 1817. Sus restos retornaron definitivamente a Madrid en 1866, por iniciativa de la Real Academia Española, para reposar en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de San Isidro, junto con sus amigos Goya y Moratín.

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Romanticismo 3.0

Estamos viviendo un tiempo de lo más interesante, a nivel social e intelectual, un momento clave en la historia de la humanidad. Tiempo de transición, de muda, puerta a otra manera de vida, incluso a otra forma y visión de la urbe, del arte, del comportamiento, una nueva estética irruptiva en nuestro pensamiento. Nueva manera de vivir adaptada a la tecnología implantada y a la que está por implantarse, atisbada ya en el horizonte inmediato. Y siempre la duda de si acabaremos en una semi-destrucción necesaria o encontraremos el camino a un equilibrio planetario en todos los aspectos.

Este tiempo, parecido a otros pero nunca igual, y como cada “tiempo”, se envuelve en su textura ideológica y marca nuevas tendencias en el arte, que comenzaron hace más de treinta años y ahora desembocan en algo nuevo con la fuerza que permite hablar de la generalidad y de sus características que la definen.

La idea romántica nace por la necesidad de sacar la inquietud intelectual y artística de los corsés modales que venían prefijados en occidente, desde el Renacimiento, y sobre todo la inquietud por el amor no convencional y el abrirse a estéticas de otras civilizaciones que desempañarán un neoclasicismo floreado de finales del dieciocho.

Pero lo que subyace en el fondo, la espoleta que prende la cuestión, es el cambio de manera de vivir, es la Revolución Industrial como dinamizadora de la “mutación” a partir de principios del diecinueve.

Veremos una segunda idea romántica posterior y en distintas etapas según países europeos y disciplinas artísticas. Se nos antoja la música rusa de finales del diecinueve y principios del veinte. En España, y con respecto a la literatura lo encontramos en el último cuarto del ochocientos, en plena Restauración Borbónica. Los escritores cultivan

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Museo del Romanticismo. Madrid

esencialmente el melodrama, el folletín; costumbrismo contemporáneo en el teatro principalmente, y con el rasgo específico de poseer un fin que de ejemplo a través de una exposición de lo negativo, tal y como defendió Eugenio Sellés en el prólogo a la segunda versión de una de sus obras clave Las vengadoras en 1891.

Este Neorromanticismo (romanticismo 2.0) trató de actualizar los postulados románticos adaptándolos a la sociedad burguesa y combinando dos elementos incompatibles: el Romanticismo exagerado y el Positivismo y Realismo latentes en su tiempo, con lo que dio a luz una literatura de costumbres contemporáneas moralizante que usaba procedimientos románticos y abusaba de las situaciones trágicas y patéticas; cada una de las obras plantea un caso de conciencia, un problema ideológico o un conflicto entre deberes. Detrás de todo esto volvemos a encontrar una sociedad mudando, un gran despegue económico y tecnológico (el automóvil, la radio, el desarrollo masivo del ferrocarril, etcétera), movimiento, que con sus altibajos y distintas fechas según países, duró aproximadamente hasta la Primera Guerra Mundial, raíz de todo lo que nos ha tocado vivir y pensar hasta la llegada de Internet.

Pero ha sido la señorita Stone, sí, Emma Stone, la jovencísima protagonista de la exitosa película “La Ciudad de las Estrellas – La La Land” quien me ha espoleado a escribir estas líneas, dice la Stone en su enésima entrevista, esta vez en El Mundo, respondiendo a la pregunta:

Pero ¿hay lugar para el romanticismo en esta sociedad de Trump, de guerras y de gente que se odia? ¿Queda espacio para ello?

Espero que sí. Y de hecho lo hay porque cuanto más intentas matarlo, mayor se hace. Es muy importante que avivemos el romanticismo, la esperanza y los sueños. Me gusta fomentar la idea de que aunque las cosas parezcan desalentadoras a un nivel muy micro cósmico, no a nivel político, sino personal; aunque una persona creativa piense que no hay esperanza, así que mejor lo dejo; a la vuelta de la esquina puede haber algo que no había percibido… Y si sale de sí mismo un poco más puede pasarle algo increíble. Sería bueno que todos a título individual lo experimentáramos.

Esta es la forma de vulgarizar el término, de equivocar y señalar lo que no es. La señorita Stone ha oído campanas pero no sabe dónde. La película, en concreto, está velada por una estética posmoderna y hipster de lo más rosa, acaso rosa palo, pero rosa al fin y al cabo. Y no nos equivoquemos, lo hipster que busca lo alternativo, lo vintage, la cultura independiente, etcétera, no deja de ser un romanticismo de cartón piedra, es un “culturetismo” cursi y demodé que intelectualmente no lleva a ningún sitio.

El romanticismo es revolucionario, sin revolución no hay romanticismo. Creer que solo el dandismo de los románticos ingleses o alemanes era suficiente es un error, el “postureo” y la imagen tienen que acompañar al discurso intelectual. Ahora se está apuntando una revolución y ahí es donde radica el nuevo resurgir del romanticismo, el 3.0 que se abre a la literatura, al arte y tímidamente a la música, aunque ahí costará más tiempo. Y tenemos que darle las gracias a artistas que han tenido que romper la barrera generacional, desencantados de los años 80 y 90 sobre todo, y dar un paso adelante y mirar al frente, observar el entorno, poner los pies en la tierra primero y luego crear.

El Romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo, de ahí las antiguas corrientes que se dispersaron por occidente como el parnasianismo, el simbolismo, el decadentismo, el prerrafaelismo, o el modernismo posromántico entre otras. Entonces, tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, la pintura y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo xx, el surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos de la exaltación del yo. Y hoy, tenemos que fijarnos en esas masas de gente que protesta, por las calles de muchas ciudades de Estados Unidos, contra Trump, acaso la mayoría haya leído y escuchado a Dylan, un dandi revolucionario prerromántico e influyente. Como lo fueron Richard Hurd en Inglaterra, Chateaubriand en Francia, Goethe en Alemania, y Menéndez Valdés o Goya en España.

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Foto: Alex Lang. Transhumanism, bionics, conspiracies, mega corps, ciberpunk.

El romanticismo 3.0 mira a las nuevas tecnologías, las usa y las desea, pero es crítico. Este neorromanticismo no quiere involución, ni un paso atrás en los derechos civiles conseguidos con tanto esfuerzo, sudor y sangre a lo largo de las dos etapas inter-románticas, a lo largo de los últimos doscientos años. Confiere prioridad a los sentimientos, pero no a la sensiblería y a lo rosa insustancial. Rompe con la desolación y el desencanto del posmodernismo de finales del veinte y se aferra al futuro para tener voz y voto en el desarrollo ultra-tecnológico que se nos avecina, para que el individuo sea pieza necesaria. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso su rasgo revolucionario es incuestionable.

Tenemos que hablar de distintos movimientos tanto en arte como en literatura, y encontrar en esta onda al minimalismo sobre todo cuando es otra cosa además de conceptualista, el anti dualismo como expresión que se sale de los paradigmas expresivos (no blanco o negro), el ciberpunk como definidor de un futuro no deseado; y otros de muy reciente surgimiento a los que no les faltarán etiquetas, a veces necesarias para poder caracterizarlos. Siempre con la pátina de sentimiento profundo, meditado y compartido (amor humano a raudales sin estereotipos y en lucha por des-erotizar una sociedad que ha convertido el sexo en meta, como tantas otras cosas materiales que lo único que producen es frustración). Ahora, ponemos la vista en oriente, en Corea de Sur, Japón, algunas metrópolis chinas, desde donde nos llega literatura, música y arte en general con una estética romántica y nada apocalíptica que está influyendo de manera importante en la juventud europea.

Carlos de Tomás

Foto portada: Copyright Nacho Tomás. “Tokio, bajo puentes”