En estos días próximos a las vacaciones de Navidad es fácil viajar a Madrid para patear la ciudad y encontrar nuevos tesoros. Descubrir los Belenes expuestos en numerosos edificios públicos (www.espaciomadrid.es) puede ser un buen inicio de la jornada. Aquí la artesanía se mezcla con la tradición religiosa para llenar de ilusión la mirada de los niños,  y volver a nuestra infancia rescatando las figuritas guardadas el año anterior entre el serrín. Podemos tomar un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor y reponer fuerzas tras pasear por el mercado navideño allí instalado, que ofrece todos los componentes del Belén casero, árboles y adornos navideños, juguetes y artículos de broma para el 28 de diciembre, festividad de Los Inocentes, o cualquier otra jornada de este mes donde se suceden las fiestas familiares y laborales.

Tras una mañana de mucho andar, justo es tomar un contundente cocido  en Casa Carola,  Malacatín, en Taberna La Bola, Viva Madrid, etc (www.espaciomadrid.es) con una larga sobremesa de reposo e iniciar, a las 17 horas por ejemplo, un tour gratuito por El Barrio de las Letras, que debe su nombre a los grandes escritores españoles del Siglo de Oro y posteriores. Es preciso contactar antes con Free Tour a través de info@histoaventura.com

El Barrio de las Letras se halla entre el paseo del Prado y la plaza de Santa Ana. Es una gran experiencia caminar por las mismas calles peatonales por las que Cervantes, Quevedo o Lope de Vega transitaron en su día. Desde la Plaza de Santa Ana, famosa por sus terrazas y bares de tapas, discurren en pendiente hasta el Paseo del Prado calles como la de Huertas, cuyos adoquines llevan grabadas citas de grandes escritores en castellano. No lejos de allí encontramos la casa-museo del gran dramaturgo Lope de Vega -curiosamente en la calle Cervantes-, que también está enterrado en el barrio, en la iglesia de San Sebastián (calle Atocha).

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Jardines El Capricho

La zona queda delimitada, hacia el oeste, por la calle de la Cruz y la plaza de Jacinto Benavente; al este, por el paseo del Prado; al norte, por la carrera de san Jerónimo; y, al sur, por la calle de Atocha. Algunas de sus vías más emblemáticas son la plaza de santa Ana, la calle de las Huertas, la plaza del Ángel, la calle del Prado y la calle de Echegaray, entre otras. Aunque la mayor parte de los inmuebles que se conservan fueron construidos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, de la época del Siglo de Oro han sobrevivido la Casa-Museo de Lope de Vega, donde vivió el escritor entre 1610 y 1635 (monumento histórico-artístico desde 1935 y abierta al público como casa-museo), el convento de san Ildefonso de las Trinitarias Descalzas, y la iglesia de san Sebastián. En el número 87 de la calle de Atocha, una de las vías que limitan el barrio, se encontraba la imprenta de Juan de la Cuesta, donde se hizo la edición de la primera parte de Don Quijote de La Mancha (1604), la obra cumbre de la literatura en español. Al siglo XVIII corresponden el Palacio del Conde de Tepa, la Real Academia de la Historia y la Cámara de Comercio e Industria de Madrid. Otras construcciones de interés arquitectónico son el Teatro Español, el Edificio Simeón y el Ateneo de Madrid, sede histórica de presentaciones de libros y tertulias políticas y literarias.

En este barrio se ambientaron también algunas piezas esenciales de la dramaturgia española del siglo XX, como por ejemplo el esperpento Luces de bohemia de Ramón del Valle Inclán. El invierno y la noche larga dan un brillo humano a la capital de España, donde nadie es considerado forastero. La iluminación de monumentos y calles es un reclamo y una explosión de ingenio y luz, que nos envolverá mientras nos dirigimos al teatro donde podemos ver, entre otras muchas obras que actualmente se representan, las piezas clásicas: Los miserables, El Avaro o La Casa de Bernarda Alba, y también espectáculos musicales como El Rey León, La familia Adamas o Billy Elliot.

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Lago de los jardines El Capricho

Tras una noche de sueño intenso  podemos iniciar nuestro segundo día visitando alguno de los grandes parques de la ciudad, distintos del emblemático Retiro. Destacamos entre ellos el parque del Capricho, que abre del 1 de octubre al 31 de marzo, sábados, domingos y festivos de 9 a 18:30 horas, donde se ambienta la novela del mismo nombre de la escritora Almudena Arteaga. Narrada en primera persona, cuenta la mitad de la vida de la marquesa de Osuna, María Josefa Pimentel, y su relación  con las otras dos aristócratas célebres coetáneas: la duquesa de Chinchón y la de Alba, que coincidieron en la corte de Carlos IV. También nos muestra la imposible relación de las mismas con la reina, María Luisa de Parma. El lujo de la nobleza y la casa real, opuesto a la miseria de la gente común, es una constante en la novela, la cual nos describe escenas épicas de la España del Antiguo Régimen, que pasa por la guerra de Independencia contra los franceses, para entrar en un peculiar nuevo Régimen.

La autora se centra en contarnos la construcción de su mansión y aledaños, donde quiso instalar juegos, fuentes ornamentales, árboles y edificios propios del jardín dieciochesco francés para deleite de sus numerosos hijos e invitados. Intelectual y amante del arte y la cultura, la duquesa absorbió todo el potencial del neoclasicismo imperante en su época y lo plasmó en sus colecciones de arte, expuestas en su fabulosa vivienda, otra joya artística. Los hombres célebres de su época fueron ministros, escritores o militares. Ella no pudo ser ninguna de las tres cosas, porque las mujeres no accedían a estos cargos públicos, pero fue madre, esposa y consejera de generales, así como mecenas de artistas, con una visión de estado muy superior a la media de sus congéneres. Amante de los toros y del arte, se sintió deslumbrada por los cuadros de Goya, emblema de la pintura española, contemporáneo suyo también, finalmente admitido como pintor de la familia real y adulado en palacio, tras una larga y exitosa vida profesional.

El Capricho es hoy un jardín municipal de Madrid, que abraza una mansión vacía. Los descendientes de María Josefa Pimentel, tras la guerra de la Independencia, que arrasó los jardines, e incluso tras la guerra civil española de 1936, donde se construyó un bunker, se vieron abocados a vender la finca en los años 80 del pasado siglo. Tras años de desidia y otros de lenta restauración, el parque del Capricho puede visitarse actualmente. Si nos queda tiempo, podemos elegir la visita a un museo de los muchos que existen en la ciudad, entre los que destacan el de Los orígenes de san Isidro, el  museo Cerralbo o el de Sorolla, dando por hecho que ya conocemos El Prado, Reina Sofía, Thyssen y Lázaro Galdiano.  Feliz estancia.

  Teresa Álvarez Olías   

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