Se acaban de cumplir cuarenta años desde el estreno de la primera película, que corresponde hoy a la cuarta entrega de esta serie que ha emocionado a tres generaciones.

Se ha estrenado recientemente la novena película de la serie Guerra de las Galaxias o Star Wars: Los últimos jedi, del director Rian Johnson, y cuyos intérpretes son Daisy Tiddeley, John Boyega, Oscar Isaac, y Marc Hamill. Tiene una duración de ciento cincuenta minutos y se está viendo actualmente en las pantallas de todo el mundo, con su correspondiente campaña publicitaria inundando marquesinas, medios de comunicación y todo tipo de merchandising y juguetería infantil.

Se acaban de cumplir cuarenta años desde el estreno de la primera película, que corresponde hoy a la cuarta entrega de esta serie que ha emocionado a tres generaciones. La saga se diseñó sin reparar en medios, basándose en la ciencia ficción, y a través de sus imágenes y diálogos ha cocinado para el público de todo el planeta un sabroso plato, plagado de decenas de leyendas mitológicas, (Luke Skywalker es Telémaco, el hijo que busca a su padre), de creencias cristianas (La Fuerza nos acompaña) y de asertos políticos (la república de los insurgentes se rebela contera el imperio del mal).

Por supuesto que podemos criticar de las nueve películas el derroche de recursos, la acción sin descanso, la temática circular, el culto a la guerra, el exceso de efectos especiales, etcétera, pero es indudable que Star Wars ha calado en el público mundial, ha relanzado la industria de Hollywood y ha hecho florecer la fantasía implícita de los humanos actuales, que, como generaciones precedentes, nos hemos quedado siempre embobados contemplando el firmamento e imaginando batallas y escenas familiares en el mismo, por lo que consideramos verosímil una contienda a escala universal.

El creador de la idea y director de la primera entrega, George Lucas, se vio influido tremendamente en su infancia por los protagonistas de comics de los años cincuenta, también por los héroes grecolatinos y medievales. Bebe, con toda seguridad, de la literatura renovadora que se inicia en Estados Unidos en los años setenta como respuesta al hartazgo de la Guerra de Vietnam y de la corrupción política, de la mano de Campbell y su obra Viaje del héroe. En una palabra, siembra las bases de esta historia espacial y terrenal. Tiene la idea primitiva, la genialidad de imaginar una confederación de planetas mordida por la guerra, la ambición de gobernantes malvados y el coraje de atrevidos rebeldes al sistema político establecido.

Inventa Lucas la espada láser (que corresponde a la clásica Excalibur del rey Arturo), reproduce La Ilíada en una sucesión esplendorosa de batallas, crea a los Jedi o caballeros-monjes guerreros (como los templarios) y finalmente fabrica una historia donde robots, humanos, animales antropomorfos y mentores con especiales poderes luchan, sufren y se divierten, pues encontramos en la serie las más extrañas y concurridas cantinas.

Lucas, como Goethe a Fausto, crea a Dart Vader, el Lucifer que antes de rebelarse contra “La Fuerza”, fue un ángel. Presenta un mundo en guerra con planos inspirados en desfiles militares presididos por Hitler. Diseña una resistencia de valientes rebeldes, que son también aguerridos pilotos. Perfila soldados de ventura, robots absolutamente fieles a sus amos, así como terribles malvados.

Tras él, que fue artífice de las películas que hoy se clasifican como cuarta, quinta y sexta, otros directores han abordado el resto de las cintas, siguiendo su impronta.

Parecen logros importantes de esta saga:

1) La combinación de la tecnología aeroespacial futurista con un paisaje rural muy parecido al de la Edad Media (calles de arena, mercados en tenderetes, esclavos, etcétera).

2) El uso de una vestimenta clásica en sus personajes (capas, capuchas, túnicas, trenzas en el pelo…) a pesar de manejar una moderna tecnología.

3) La escasez de personajes femeninos, faltando una visión general de la vida de las mujeres, sin duda más intimista y pacífica.

4) La transmisión de valores democráticos y de compromiso ciudadano como el valor para afrontar cualquier riesgo o trabajo en equipo en favor de la comunidad.

5) La plasticidad de las imágenes, siempre llenas de efectos especiales en acelerada superación, que han trasmitido a niños y a mayores en los dos hemisferios una enseñanza fulgurante de mitos filosóficos y religiosos occidentales.

6) La creencia de que el bien y el mal existen como polos opuestos y separados (lo que no es fácil de compartir).

7) La banda sonora, creada por John Williams, y la presentación escrita en pirámide, captan la atención del espectador desde el primer momento, y para siempre.

Los títulos de las nueve películas, ordenadas y bautizadas de nuevo son: La amenaza fantasma, El ataque de los clones, La venganza de los Sith, Rogue one (que no sigue el argumento general y su creación obedece a una trama menor, distinta), Una nueva esperanza, El imperio contraataca, El retorno del jedi, El despertar de la fuerza y Los últimos jedi. Las cuatro primeras y las dos últimas se rodaron veinte años después de la quinta, sexta y séptima, por lo que el ritmo es esencialmente distinto entre unas y otras, pero resulta mágico comprobar cómo se ha reescrito una historia, sin duda con mucho esfuerzo y dedicación, para que el argumento sea verosímil dentro de su desbordante fantasía.

En concreto, la última entrega, Los últimos jedi es una obra que nos presenta a Luke Skywalker y a su hermana la princesa, ahora general, Laia, ya maduros, cuarenta años después de su estrellato juvenil. Nos muestra también a una nueva aspirante a jedi, a una mujer, la primera, ya era hora, que también apareció en la anterior película, y que es la mayor innovación.

Las escenas se suceden en un argumento repetitivo, de presión y guerra total al enemigo, que en este caso es el “Señor del Mal”, opuesto a “La Fuerza”, secundado por el general Solo, hijo del mítico Hans Solo, amante de Leia en otro tiempo.

Es interesante comprobar que los protagonistas de Star Wars a veces mueren en alguna película, lo que apenas sucede en el mundo del celuloide. En una industria tan fugaz y competitiva como la del cine es increíble que Los últimos jedi pueda exhibirse en tantas salas de los cinco continentes, con todas las butacas llenas en cada pase, lo que, desde luego, proporciona al equipo de producción y dirección, tremendos beneficios, y también nos da idea de los enormes recursos invertidos en su publicidad.

La saga de la Guerra de las galaxias es un ejemplo ilustrativo de cómo nuestra sociedad se mueve a escala planetaria por motores norteamericanos, de cómo el cine llega al centro del corazón y del cerebro de los espectadores relatando temas clásicos de nuestro imaginario universal, compaginando temas bélicos con pasiones eternas como la venganza, el odio, el ansia de poder o la valentía.

Teresa Álvarez Olías

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