Porque ha de saber, señora, que el mundo se va a acabar. No se lo digo para que se asuste, sino para que se organice, que bien sé que no usted no se asusta por algo así porque es de aldea, pero sepa que el fin del mundo va a llegar. Esta vez será por el cambio climático, no como las otras veces, ni siquiera por el mileniarismo, y parece que ahora va en serio, o eso creo, que si usted hubiera visto el enfado que tenían cuando lo dijeron también creería que lo de ahora es verdad, que esta vez es la buena. Y claro, a la gente le ha sentado fatal, como era de esperar, y es lógico que estén enfadados porque muchos tienen contrato de permanencia, y planes, y es que hay cosas a las que no hay derecho. No le extrañe si le digo que las manifestaciones son ahora contra el fin del mundo, para que quede claro el enfado, y contra el cambio climático, para que hagamos algo, pero tampoco se asombre si le cuento que hay gente que no, que hay personas que dicen que para estar en un planeta en el que no se pueden hacer algunas cosas porque entonces se acaba el planeta, pues mejor que se acabe, aunque yo creo que estos son los menos porque no se manifiestan. El resto de la gente, como imaginará, sí que está muy molesta, incluso los que pensaban que el mundo en realidad se acabó hace tiempo pero que como estaba tan mal ni se notó, pero a mí esto me parece una exageración.

No sé qué pensará usted, pero yo hubiera preferido que el mundo se acabase por un arrebato de ira divina, sería tan épico y tan terrible que lo recordaríamos toda vida, y no por ser unos guarros, que es algo que le quita mucho encanto, para qué negarlo. Lo bueno al parecer es que el fin del mundo no va a ser todavía, no sé si porque el gobierno está en funciones y no se puede, o porque todavía tiene arreglo, no como cuando lo de la profecía maya o cuando lo que se formó lo del año dos mil, que aquello sí que parecía serio. Así que mientras llega la gente se ha puesto enseguida a hacer cosas de mucha concienciación, como es habitual en estos casos, y no hay semana que no nos digan lo que los demás tenemos que hacer a ver si entre todos logramos algo, y si algo conseguimos ya le iré contando. Y eso que no será el mundo el que se acabe, según dicen también, sino la especie humana, es decir, la nuestra, o sea, la suya y la mía, que es que también habiendo tantas especies de cosas en el mundo no me diga que no es para estar fastidiados.

A mí antes no me hubiera importado extinguirme, para qué negarlo, porque cuando uno es joven se apunta a todo, y al fin y al cabo el fin del mundo pasa solo una vez en la vida, espero. Ahora, en cambio, no creo que lo haga, a lo de extinguirme me refiero, pero usted puede hacer lo que quiera. Prefiero ver en los periódicos cómo fue la cosa y, si hace bueno, salir a ver cómo quedó todo. No es fácil pensar qué podríamos hacer, pero tenga por seguro que apagaré el móvil porque no faltará quien lo grabe y se dedique a enviar selfies con el fin del mundo detrás. Lo más probable es que después vaya al cine, ya por la tarde, porque supongo que no habrá colas, o a bailar sobre la barra de un bar si no queda mucha gente, que es algo que nunca se olvida, o a tirar piedras como cuando era un crío, ya ve usted de qué cosas se acuerda uno. O no.

Iván Robledo

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