Cuaderno de bitácora – Página 2

Fue el caso de Matías, un gaucho que vive con sus caballos y sus perros en una cabaña en la orilla de Estancia Túnel. Viaja con su botella de vino pegada a la silla de montar, y es casi un arte ver cómo la abre y la inclina para beber mientras su caballo comienza a caminar… Supongo que tomarse así la vida es lo que muchos querríamos… sin prisa ni ruidos, con animales que te acompañe y un paisaje que compartir con café y manta de cuadros; o como Juan, un pizzero de Jerez que un día decidió dejar su trabajo y dedicarse a viajar. Ahora estaba preparando con otros compañeros su viaje a la Antártida. Tras viajar desde Algeciras y cruzarse todo el Atlántico… de repente se ve frente a lo que le espera, un desierto de hielo, y me confiesa que no ha pasado un sólo día de miedo y la balanza entro lo que vive y a quienes tiene lejos le compensa con creces…

Frente a esos miedos creo que a veces da más vértigo pensarlo e imaginarte en un futuro haciendo algo a la que no acostumbras… porque una vez que comienzas a viajar, y a moverte, tu mente cambia por completo, como si cambiar de hemisferio fuese como cambiar de miedos, y todo cobra otra perspectiva.

Al tercer día empecé a viajar hacia Río Gallegos, salí hasta el final de la ciudad y comencé a hacer autostop…

Fue un viaje largo pero que disfruté muchísimo porque no tenía el tiempo pegado sobre mi espalda, tenía una mochila llena de ganas y un paisaje casi virgen para quien todo es bienvenida. Primero un camionero me acercó varios kilómetros, después me tocó esperar como dos horas caminando cerca de 10 kilómetros hasta que me recogiese otra persona… y después otra ruta de caminata y espera. En los tramos de caminata el paisaje me daba algo de nostalgia, verme solo en aquella carretera interminable con toda esa tierra alrededor y no ver ni un solo alma… con un viento que te arrastraba y te echaba para atrás… y yo con toda mi mochila frenándome… así que me lo tomé como un reto, y seguí caminando…

Me encontré subido en la furgoneta de un gaucho que trabajaba esquilando ovejas, me dijo que tenía como las 20.000… y según me dijo ¡son pocas!
Ya casi en la primera frontera entre Argentina y Chile me apeé y seguí caminando hasta que me recogió una pickup, en la que pude estar casi cuatro horas en la parte trasera, viajando por carreteras de polvo, viendo barcos que cruzan el estrecho de Magallanes y disfrutando de un paisaje que me pareció sublime… Kilómetros y kilómetros de territorio sin final, largas carreteras, guanacos y caballos corriendo por las orillas de la carretera… Fue increíble ver todo aquel paisaje mientras en mi iPhone sonaba el ‘Electrical Storm’ de U2 y el sol, casi cegador, me quemaba la cara, que terminó haciéndolo… ¡siempre me olvido de la protección solar!. Chicos… ¡usad protección solar!

David Flecha

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