Redes

Jordan McQueen

Besarse en el mejor encuadre en vez de buscar los mejores labios, porque el corazón reacciona más con los likes que con el contacto.

Tomé estas notas que voy a intentar juntar para que quede lo más conexo posible hace ya varios meses, hoy me he encontrado con ellas y sigo de acuerdo. Tras un confinamiento más pegados si cabe a las pantallas y tras un verano aunque inusual, virtualmente perfecto, creo que es un buen momento. Si buscas un análisis profundo de la situación deberías dejar de leer, si quieres algunas pinceladas de realidad retocada, me gustaría que fueras tú quién reflexiones y me hagas llegar tus conclusiones.

No me considero realmente afectada por el mundo redes. Ya sabes, puedo dejarlo cuando quiera. Soy feliz, estoy contenta con mi vida y bueno, como la mayoría, a veces subo fotos que parecen reflejarlo. Comparto una parte, de un trozo, de un momento de mi vida. Lo cierto es que sobre todo, lo hago desde que muestro lo que escribo, es una buena herramienta, lo tengo que reconocer. Sin esto, tú no me estarías leyendo. Puede que yo no estuviera escribiendo.

Pero es cierto que aún con todos los aspectos positivos que tienen las redes, hay ocasiones en las que te paras un poco a observar y salen a la luz aquellos aspectos que hacen que a uno le salten algunas alarmas. ¡Uf! Lo primero, ese vago recuerdo de qué hacía con todo este tiempo antes de las redes.

Tienen su parte buena y a mí me gustan. Las consumo y las disfruto. Muestro cosas que me gustan, lugares, algún bar, alguna crítica y alguna foto que, bajo mi criterio, es mona. Y al revés, sigo cuentas que me gustan, me dejo recomendar y descubro cosas, ya sean lugares, libros o restaurantes. Me acerca a gente que de no ser por aquí, habría perdido la pista y me saca una sonrisa ver que fulanita se ha casado, que esta otra se ha mudado a tal país o que alguien ha adoptado un perrito; mi primo ha ganado el rally, mi prima ha maquillado a una novia…
Alguna reacción como excusa para saber de alguien.

Todo esto está bien, igual que WhatsApp, Skype, Facebook, Instagram y demás redes que ya se me escapan.

Pero como te vienes oliendo, este artículo va a girar en torno al pero. Y es que a pesar de todo lo expuesto y más virtudes que he dejado en el tintero, tienen -como todo- su parte mala. No es que se mienta o que sea malo compartir lo bueno. Cuando uno está mal no suele sacarse una foto. El problema – aquí viene el pero – es cómo se integra esa realidad virtual ajena con la real de nuestra propia vida.

Numerosos estudios apuntan a distorsión de la autoimagen por tanto selfie y filtro, hay quienes aseguran que se realizan retoques y cirugías con el único fin de salir mejor en las fotos. En las fotos no, en las fotos que se van a compartir.

Repito y considero que no me miento, cuando digo que creo que soy consciente de este peligro y soy capaz de decir, eh, cuidado.
Pero también lo es que le he puesto un filtro a un gato precioso, me he escuchado decirle a mi novia, a la que cada día la veo más guapa, que los stories mejor si le mete un filtro. Me he visto en una cena con amigas o en pareja respondiendo whats a otra persona y cuando estoy con esa otra persona responder a mi pareja. Un absurdo. He sentido en algún momento que todo el mundo tiene una súper vida. Me recuerdo cuando pasa esto, que cada uno vamos a nuestro tiempo y no todos queremos lo mismo. Y eso está bien.

He debatido esto con una amiga, que aparte de guapa está cañón, y me dice que tuvo épocas en las que se veía fea. Todos tenemos días en las que nos queremos más y otros que nos ponemos mala cara, es normal y no pasa nada. Pero deja de serlo si tras un pequeño análisis llegas a la conclusión de que era por eso. Unos días de dieta digital, fortaleza mental para darse cuenta y valentía de compartirlo y hablarlo conmigo, y el guapo volvió a su sitio. Una especie de mimo del siglo XXI para llegado el momento de que a una de las dos nos vuelva a pasar algo similar, acordarse de apagar, ya sea el teléfono o la paja mental.

He visto a gente darse cuenta de que ese viaje que ha hecho estuvo genial al ver fotos divinas, cuando fuera del objetivo estuvo de morros. O por el contrario, si no se encuentra la foto suficientemente buena que refleje el día tan increíble que se ha vivido, se vuelve regular.

Besarse en el mejor encuadre en vez de buscar los mejores labios, porque el corazón reacciona más con los likes que con el contacto.

Esto es un peligro. Esto es una enfermedad.

Metida en materia, vi un documental “Follow me” que destapaba el engaño de todo el negocio que hay montado entorno a esto. Me sobrecogió y preocupó lo que arrastra consigo, un ejemplo: niños de doce años gastando dinero en páginas que les ofrecen comentarios falsos y seguidores ficticios. Pelos de gallina tras ver el capítulo «Caída en picado» (originalmente «Nosedive») de la serie “Black mirror”. Luego mi cabeza recordó a película “In time” y ya mi mente cortocircuitó pensando futuros.

Vedlo, en ese orden o en otro y dadme vuestra opinión, por favor. Creo que una reflexión es necesaria. Al menos con uno mismo.

Y ya sabéis, estaré pendiente de los likes, de las veces que compartáis el artículo, de los comentarios públicos, de nuevas visitas y puede que de algún seguidor más.

Ups. ¿Eso lo he dicho en voz alta?

Sara Carballal

Un pensamiento en “Redes

  1. Muy interesante Sara…muy cierto todo lo que pensás y escribis sobre estos tiempos y nuestra manera de relacionarnos con las redes…brava por dejarnos descubrir tus pensamientos. Abrazos.

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