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La importante lección que la autora Marta Sanz me enseñó en mi primer día de universidad

¿Cuál es el origen de nuestras pasiones? De las pasiones de las mujeres. Marta Sanz resuelve este interrogante de la mano de los cuadros de Rembrandt y sus zonas de luz y sombra, pues ¿no es eso lo que somos?, ¿no somos en nuestra rasgada perfección un entramado de delirios dionisíacos e ilusiones apolíneas?

Puede que una de las mayores ilusiones de todo estudiante de literatura sea que una reconocida autora acuda al paraninfo de su universidad para hablar sobre su profesión y lo que representa. Marta Sanz fue esa escritora y yo la estudiante de inconmensurable fortuna. Durante la conferencia titulada ‘El sistema nervioso personal’, hubo algunas ideas expresadas que creí de vital importancia, ideas e imágenes que pueden parecernos básicas en relación a la identidad de las mujeres, reflexiones respecto a la feminidad y los deseos que palpitan anhelantes de luz, libertad, comprensión… Anhelantes de un reconocimiento que debería pertenecernos de manera absoluta por el simple hecho de estar presentes aquí y ahora.

Por lo que me gustaría centrarme por completo en la cuestión de la génesis de los deseos. ¿Cuál es el origen de nuestras pasiones? De las pasiones de las mujeres. Marta Sanz resuelve este interrogante de la mano de los cuadros de Rembrandt y sus zonas de luz y sombra, pues ¿no es eso lo que somos?, ¿no somos en nuestra rasgada perfección un entramado de delirios dionisíacos e ilusiones apolíneas?, ¿acaso es otra cosa la belleza que ser comprendidas como particulares capaces e individuales, cada una con sus respectivos miedos y sueños como incuestionable universal lleno de gracia y majestuosidad?

Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (1632) de Rembrandt

Mantengamos, entonces, al servicio de la imaginación la pintura ‘Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp’, puesto que ‘Me siento barroca’. Tres palabras sabiamente escogidas por la escritora que quedaron grabadas en mi mente nada más ser pronunciadas. La mencionada obra de arte no es una clase de anatomía, y sin embargo al contemplarla, nos hace sentir incómodos y extraños. Y es que en la supuesta normalidad habita lo siniestro, el crimen, lo oscuro, lo mórbido y macabro. Si observamos con atención el cuadro también descubriremos lo que conlleva pintar un cuerpo: dibujarnos, sombrearnos, pensarnos, revelarnos, es decir, definirnos. Esta última acción es la ejecutada por Marta Sanz en su creación literaria, ya que se mira, se entiende, se fija, se busca y se redescubre. No como la había pensado la sociedad, ni la época ni cualquiera de sus circunstancias, sino que ella misma SE PINTA, de forma sincera tal y como se siente, decide y quiere. Superando así el dañino y tóxico espacio de lo idealizado y falsificado. Dejando atrás los bocetos hechos por otros, las versiones ajenas y desligándose de lo que nos vuelve infelices. Construyendo por consiguiente un objeto de arte único y verdadero en el que palpita una identidad propia y auténtica. La suya, la nuestra. La autora de ‘Pequeñas mujeres rojas’ nos llama a convertirnos en las musas de nuestro arte. Recalca que no existe nada más hermoso que conocernos apartando por el camino todos los complejos que han sido fabricados para nosotras. Deberíamos desechar el estereotipado deseo de complacer a un imaginario erróneo y manipulado y centrarnos en averiguar qué es lo que deseamos como mujeres.

Las dos horas de ponencia fueron un canto a la libertad tanto física como espiritual. Su mensaje bramaba que nos mirásemos y creásemos a partir de todo tipo de arte la identidad genuina con la que nos identificamos. En ‘Daniela Astor y la caja negra’, manifiesta que le encanta lo mala y hermosa que se siente esa joven de la portada, declara no renunciar por nada del mundo a la Marta de su infancia, pues ella es su cuerpo, su pluma, su estómago, su creatividad, sus callosidades y su alma. Marta desvela el desnudo femenino aclarando ser ‘tan única como vulgar’, llevando a cabo la controversial pero vital tarea de retratar a las mujeres de su generación al no permitir que seamos reducidas a una mera vasija en la historia de la literatura y el arte. Un molde manoseado por el que han sido reemplazados nuestras figuras, filosofía y pensamientos, pero ¿y si nos quitásemos la máscara? Dicho falso imaginario debe ser deconstruido.

En conclusión, escribámonos, pintémonos, compongámonos, esculpámonos, inventémonos… para poder mirarnos, ahora sí, orgullosas, plenas y satisfechas.

Como autoras, como lectoras, escribamos y protagonicemos nuestras propias historias.

Laura Martínez Gimeno

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