A veces, menos es más… pero mucho más.

Tras su sencilla y discreta portada de un color indeciso y sutil, Juan Alcudia encierra sus sentimientos y emociones en los versos que componen este magnifico poemario, Hambre y cuchillos, todo un hallazgo, toda una delicia.

¿El porqué del título? Quizás sería malvada si lo revelase y además no sería justo, porque sus versos merecen ser degustados como un manjar de dioses, con tiempo para digerirlos y disfrutarlos con plenitud.

Es tan rico el universo del poeta, tan intrincado y diverso, que no nos dejará de sorprender durante toda su lectura. Sus versos son emisarios de las tormentas que lo acechan, de las pasadas y de las futuras, de sus recuerdos, de sus vivencias, de sus anhelos… Sus poemas son camaleónicos, difíciles de catalogar, se reinventan y vuelven a construir, sin cesar, con originalidad y maestría.

Su pluma se impregna por momentos de la insolencia de los versos de Quevedo, o la elegancia y exclusividad de Góngora, para en otros rescatar el tono místico y reflexivo que diferenciaba a San Juan de la Cruz.

Hambre y cuchillo nos hará viajar y soñar, nos hará recorrer pasadizos secretos abrigados por bosques frondosos de maleza inventada, de ficticias criaturas, de leyendas inéditas sepultadas tras un sueño, que vienen a simbolizar la pieza clave que hace que todo cobre sentido.

Sus versos nos enredaran a su gusto, tanto que algunas veces creeremos que estamos despiertos a la realidad, a esa que conocíamos antes de hundirnos en su lectura, y otras veces pensaremos que hemos caído en un profundo sueño que nos fascina y nos hace dudar de todo. Portal del tiempo que nos hará compartir un lugar con los caballeros de la Mesa Redonda, descubrir al fundador del Imperio aqueménida o navegar por el río del inframundo hadesiano hasta alcanzar los prados Asfódelos.

La alegoría domina y se extiende por toda la obra. Se complace el poeta, alude y se recrea rememorando la divinidad clásica, la de los dioses que nos iluminan el camino o nos vuelven ciego ante el destino. Es tan amplia su visión, la del poeta, tan amplio el abrazo poético que nos extiende, que no nos dejará acomodarnos en una única visión, pues su mundo no tiene límites, ni su creatividad tampoco.

Versos teñidos de actualidad, crudeza, melodía, añoranza, fantasía, ensoñación, misterio e incertidumbre, todo acompasado con un atisbo de pensamiento nietzschiano que parece unificar toda su poesía.

Isamar Cabeza

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