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La decisión de Julia: la felicidad es solo para valientes

“Carpe diem quam minimum credula postero memento mori” (Aprovecha el día, no confíes en mañana, recuerda que morirás)

Pensar que alcanzada una meta se llegará a ser feliz es tanto como esperar que un río nunca cambie su curso o que sus orillas no sean vulnerables a la fuerza de sus aguas. El cambio es lo único constante, mientras antes aceptemos esta verdad categórica menos sufrimiento en vano tendremos que soportar.

La vida es cíclica, un eterno engranaje con principio y fin que no cesa, pero a diferencia de la inútil actividad que como castigo Zeus le impuso a Sísifo, el ser humano tiene la capacidad de aprender y evolucionar para su mayor beneficio… otra cosa es que aprenda o no de sus propios errores y a que ritmo.

Y es que todo cuenta hasta los más pequeños detalles, porque si en verdad fuéramos conscientes de la importancia real que tiene nuestra toma de decisiones, quizás nos pararíamos a pensar con calma antes de dar el paso. Quizás, solo quizás, las decisiones más peligrosas son aquellas que vienen camufladas de trivialidad. Muchas veces los actos más nimios (o eso nos parecen) vienen a ser piezas claves que provocan desenlaces inesperados y cambios que nos hacen desistir de nuestros planes.

La asunción de ciertos conceptos o creencias no hacen más que delimitarnos de manera que cuando venimos a darnos cuenta somos presos de nuestra rutina, de las personas que a diario nos acompañan y hasta del entorno en el que solemos movernos. Es algo así como un juego de movimiento en el que existen unos parámetros invisibles (pero muy bien establecidos) que impiden que nos saltemos las reglas.

No vale cambiar de opinión, no es válido querer romper la estructura social, no está bien visto querer imponer nuestra voluntad sobre la del colectivo. La vida a veces se asemeja al resistente hilo de una telaraña, se va formando poco a poco, casi de manera imperceptible. Lo peor de todo es que la presa somos nosotros mismos, la construimos sin darnos cuenta y la convertimos en nuestra propia prisión.

Por todo ello, muchas personas son infelices y se debaten entre sus deseos y lo que deben hacer para no ser criticados ni juzgados despiadadamente, porque no hay nada más fácil que juzgar, ni nada más gratificante para algunas personas (sálvese el que pueda).

En La decisión de Julia, de Diana Talarewitz, la protagonista atraviesa un mar de dudas que la hace zozobrar. La rutina se convierte en terreno fangoso que le impide avanzar, nada más cercano a la muerte que dejar de sentir emociones, ni nada más apático y enfermizo que vivir las mismas situaciones un día tras otro sin motivación ni nuevas ilusiones.

La edad a veces es la excusa perfecta para ocultar la pereza que da años de mantener la misma relación sentimental. Pero, ¿qué ocurre cuando surge un imprevisto y nacen emociones que nos hacen vibrar de nuevo?, ¿qué ocurre cuando ciertos acontecimientos nos hacen recordar sensaciones ya olvidadas?

En la decisión de Julia se pone en tela de juicio todo el armatoste social que nos dirige, todo ese constructo opresor que se afana en controlar las emociones en base a unas estúpidas normas conductuales que van en contra directamente de nuestra felicidad.

¿Qué podemos hacer cuando la incertidumbre nos atrapa?

¿Qué hacemos cuando nuestra vida es tan insatisfactoria que deja de merecer la pena vivirla?

¿Por qué nos cuesta tanto salir de nuestra zona de confort, pese a que ya sea más un calvario que un apacible espacio en el que refugiarnos?

La figura de la mujer destaca como objeto clave en toda esta entramada maravillosa que Diana Talarewitz teje para el disfrute del lector. Como tapones de corcho irreverentes las verdades salen a flote poco a poco. Anhelos, sentimientos, dudas, miedos, frustraciones, quejas…

El conformismo se enfrenta a la rebeldía de atreverse a dar ese paso que crea incertidumbre, dolor y críticas, pero… y si te sientes morir, ¿no es lícito luchar por salir de ese estado de letargo para intentar vivir nuevamente?

Y ¿cómo diferenciar si estamos haciendo lo correcto o estamos dando un paso en falso?

¿Es siempre certero seguir las intuiciones o dictados del corazón o por el contrario debemos guiarnos por nuestro calculador raciocinio?

¿Y si al decidir cambiar de vida agravamos el problema?

¿Y si nos equivocamos? ¿Y si no…?

La decisión de Julia es una apasionante novela que refleja las mil caras ocultas de una mujer atrapada en su vida sedentaria y holgada. Una mujer como tantas otras a la que la edad la limita, la sociedad la encasilla y su propia mente la manipula. Un magnífico relato de nuestra escritora Diana Talarewitz en el que se establece un punto de inflexión importante y revelador y que tiene como objeto a ese tanto por ciento de la población femenina la cual comienza a invisibilizarse pasado unos años.

Isamar Cabeza

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2 comments on “La decisión de Julia: la felicidad es solo para valientes

  1. Felipe Chaneta

    Muchos, estimada Isamar, intuyo por su estupenda reseña literaria que usted se incluye entre ellos, nos sentimos plenamente identificados con esa necesidad de no resignarnos al suicidio cotidiano de la «mala» rutina. De aferrarnos a la idea de que hay algo especial esperándonos para dar sentido a nuestra vida. De salir de la cola de la «falsa» normalidad de la mayoría. De tener -y mantener- un punto razonable de rebeldía. De no ser la mera representación del papel que la sociedad tiene escrito para nosotros.

    Muchos, queremos ser y no dejar de ser, sencillamente, nosotros mismos. Aunque ello implique correr riesgos, incomprensiones y serios peligros y llevar el peso muerto de nuestros defectos. Seguir direcciones obligatorias y caminos preestablecidos no vale para todo. Nos desdibuja como personas que buscan descubrir -evolucionar e ir formando día a día- su propia identidad y encontrar su particular destino. Y nos impide que dejemos nuestra huella o, lo que es lo mismo, que vivamos nuestra auténtica -propia y exclusiva- vida.

    Un sí o un no puede cambiar nuestra existencia. Pero, incluso, si la decisión que tomamos es la correcta puede ser incorrecta si la tomamos demasiado tarde. La vida es, a veces, cruzar puentes y, otras, quemarlos. De lo que se trata es de «hacer» que la decisión tomada sea la correcta.

    P.D. Siempre resulta un placer el reencuentro con su lectura.

    • Estimado Felipe, siempre es un honor contar con su presencia. Sus comentarios emanan pura sabiduría y sensatez, además de un estilo narrativo excelente. Mil gracias por ser y estar.

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