La narrativa española de postguerra

La década de los años 40 del siglo XX en España fue una época de hambre y represión, pues hay algo tan duro como la guerra: la postguerra.

Tras una cruel contienda civil de tres años, finalizada en 1.939, el país quedó destruido, las cosechas arruinadas y la población diezmada. Los españoles supervivientes, pocos y paupérrimos, ya fueran vencedores o vencidos, se mostraban desolados. Las españolas apenas se atrevían a salir de casa o a levantar la cabeza, olvidadas por un gobierno militar al que solo le importaba el triunfo masculino, la vida castrense y el cumplimiento estricto de la norma católica.

En este contexto se crea en 1944 el premio Nadal, promocionado por la Editorial Destino, uno de los más prestigiosos certámenes literarios en castellano, que gana una nueva novelista, Carmen Laforet, con “Nada”, una obra fresca, triste, escrita en primera persona, que refleja la opinión y el mundo de las españolas de la época, el cual constituía un universo aislado al que se le daba escaso valor económico y social.

La novela nos muestra ese universo con las siguientes connotaciones:

A) Las viviendas populares carecen de comida sustanciosa, de limpieza, de familiares activos con empleo, con ilusión, con proyección de futuro.

B) La sociedad está dividida en dos clases sociales absolutamente estancas, la dirigente y la obrera, alimentadas en este momento de paz por la ideología de derechas como vencedora y por la de izquierdas como vencida.

C) El maltrato a la mujer y la dominación del hombre en todos los órdenes de la vida es moneda corriente en las familias. El varón traslada la frustración política y económica por el desempleo y penuria que padece a las mujeres de su entorno: su esposa, su amante, su hermana, empleando la violencia si es preciso, con total impunidad.

D) La saga familiar es el eje principal del argumento, pues la novela presenta una familia destrozada, en una casa asolada por el polvo y el rencor entre sus habitantes.

E) La existencia es anodina y egoísta. Cada individuo lucha por su propia suerte, sin apoyos colectivos, como los familiares en la vivienda que es el eje central de la trama.

F) La protagonista principal es una mujer joven, que despierta a la existencia, a la sexualidad, a la universidad y también al esperpéntico mundo de los adultos.

G) Esta protagonista pretende, sueña una cierta estabilidad económica, un empleo, una independencia de las arcaicas normas familiares.

H) Los recuerdos de la guerra irrumpen fugazmente en distintos capítulos, como estrellas fugaces, que nos recuerdan la proximidad temporal del horror, de la lucha fratricida, que de una manera subrepticia, está detrás de la desidia manifestada por los distintos personajes.

I) Estos personajes son hombres excéntricos, pero también y muy especialmente son mujeres corrientes y muy variadas entre sí, que la autora ha querido reflejar con todos sus matices en una aventura poco usual. Son, por ejemplo, la esposa abnegada, la soltera seductora, la intelectual pobre y la matriarca anciana y conservadora.

 J) La juventud autobiográfica de Carmen Laforet se refleja en esta novela, donde la protagonista arriba a Barcelona procedente de otra región para estudiar una carrera.

Carmen Laforet triunfó con esta novela: ”Nada”, de significativo título, que denota la pobreza de espíritu y de riqueza imperante en la época. La obra rezuma belleza, así como novedad en su estrambótico y a la vez trágico argumento.

Tan joven como la protagonista, la escritora se catapultó a la fama de las letras con esta obra, la primera de una larga lista de cuentos, artículos y novelas, como ”La isla y los demonios”, publicada en 1950, “La mujer nueva”, en 1955 o “La insolación”, editada en 1963. Al mismo tiempo, el premio Nadal, a lo largo de los años, ha ido creciendo en prestigio e importe, catapultando a muchos y grandes autores.

“Nada” es el ejemplo perfecto de cómo el régimen político imperante puede contagiar e impregnar el estilo de escritura y el género literario, que en este caso son reprimidos e insulsos, pero la autora presenta descripciones de gran belleza en una tónica esencialmente narrativa y descriptiva, más que en una sucesión de diálogos, tal vez para huir de la fealdad del ambiente y la rutina impuesta.

La novela no es lineal ni con final previsible. Hablando de complejos tipos familiares, medio locos en apariencia, en realidad está dejándonos ver unos personajes que no son inocentes, y que tras su rareza esconden las más comunes pasiones humanas: celos, venganza, amor y desamor.

Nada retoma la novela realista clásica española, de gran tradición, y nos sumerge, como muchas obras de narrativa escritas por mujeres, en el universo privado de la casa familiar, poblada de cachivaches y de zonas oscuras o poco ventiladas, en el tedioso ambiente de una Barcelona que ya no es tan burguesa, tan luminosa, ni tan emprendedora como solía.

Por último, habría que destacar que debió sorprender en el momento en que la novela se publica, la ingenuidad y al mismo tiempo el ansia de libertad e independencia de la protagonista, para la que la soledad y la falta de pareja no supone ningún problema. Esto constituye un ejemplo y una primicia, pues hasta la fecha de la publicación las mujeres rebeldes podían resistirse a elegir un novio por otro, pero no a vivir sin él.

Otros géneros de novela aparecerán con los años posteriores: la romántica, la de aventuras, la policíaca, la de ciencia ficción, reflejando las veleidades en la moda y en la industria que arrastran a las masas, pero este del realismo triste, nihilista, abandonado, se ajusta como un guante a una década de sometimiento, de luto en España y de guerra mundial encarnizada entre las principales potencias políticas.

Teresa Álvarez Olías

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